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Salida de Emergencia - Cap 3

La tensión era tal, que se podría haber cortado con un cuchillo… y con una cuchara, con una servilleta…

Eridan había invitado a Feferi, eso era lo único que sabía Tavros (y Ampora). El problema es que a la susodicha se le antojó el presentar de una vez a su novio y a su amigo de la infancia. Con lo que no contaba es que Sollux, sabedor de todos los problemas que Karkat estaba teniendo con Gamzee, había planeado noche de juegos con este… aunque claro, cuando Fef le llamó invitándole a una fiesta no pudo negarse. Y así terminaron los tres, Feferi, Sollux y un Karkat un tanto cuanto obligado, comprando unos tallarines a la carbonara en el italiano de la esquina.

Vantas no entendía muy bien del todo como cojones había terminado yendo con aquellos dos tortolitos a una fiesta donde no conocía a nadie. Bueno, realmente lo de no conocer a nadie no importaba mucho, simplemente el hecho de salir de casa y estar con más de una persona le agobiaba ligeramente.

Pero si ya de por sí ver a un tío super raro con una especie de bufanda horterísima al cuello bajando a recibirles le dejó un poco mosca, el que cuando subiera se encontrara con “ese”… y encima diciendo “eso” a Gamzee…

- Paso de esta mierda, me piro a mi casa.- anunció antes de que nadie pudiera decir nada mientras se giraba.

- ¡Eh! ¡Venga, no zeaz azí!- exclamó, cogiéndole del brazo y reteniéndole en la puerta.- Zolo paza de él. Cenamoz y noz ponemoz con la play y que lez zurcen a todoz, ¿vale?

Karkat le miró aún con el ceño fruncido, decidido a negarse y poder irse de allí. Pero tras unos segundos de guerra de miradas acabó resoplando:

- Joder, vale. Pero como pase algo raro yo me marcho.

- Ehm… bueno… entonces parece que todos os conocíais, ¿no?- comentó Feferi, que se había quedado un poco pillada por aquella escena, sin saber muy bien cómo reaccionar.

Tavros suspiró inaudiblemente y parpadeó varias veces para serenarse. Venga, no pasaba nada. Realmente nunca había tenido ningún problema con Karkat, así que no era nada malo que él también hubiese venido. Además, no iba a estar centrado en nadie ya que en cuanto cenasen se pondría con el trabajo. Levantó la mirada y sonrió cortésmente, acercándose a la muchacha:

- Hola, Feferi. Es un placer conocerte, Eridan no deja de hablar de ti.- dijo tendiéndole la mano.- Yo soy Tavros, y creo que soy el encargado esta noche de proteger la casa.

Esta sonrió, un poco más tranquila con ese recibimiento, e iba a contestarle… cuando Karkat gruñó por lo bajó y pasó arrastrando los pies hacia el salón:

- Sí, bueno, que bien. Ale, ya os conocéis, así que dejad de estar como gilipollas en el vestíbulo.

Sollux puso los ojos en blanco, y tras dar un ligero beso en la comisura de los labios a su novia, caminó tras su amigo.

La verdad es que la tensión era tal, que se podría haber cortado con un cuchillo… y con una cuchara, con una servilleta…

Eridan decidió calmar un poco el asunto llevándose a Feferi a la cocina con la excusa de enseñarle esta y ayudarla con la cena (bueno, y porque el hecho de poder pasar tiempo a solas con ella era irresistible)

Así que Nitram se quedó sin saber qué hacer en medio del vestíbulo, como un gilipollas como había dicho Karkat.

Intuía que en la cocina sobraría un poco… pero el hecho de ir al salón, junto a ellos dos, le daba bastante respeto. Ni siquiera conocía a uno de ellos, pero había algo de él que le decía que si era amigo de Karkat, tampoco le tendría en muy alta estima.

En fin, no podía quedarse toda la noche ahí, huyendo de algo de lo que ni siquiera sabía a ciencia cierta qué era. Así que respiró hondo y se fue al salón, encontrándose a ambos arrodillados, toqueteando algo con el televisor:

- Ahm… ¿chicos, qué estáis haciendo?

La verdad, es que qué ambos se girasen a la vez y le mirasen así, no fue un buen augurio:

- Conectando la play.- contestó secamente el de las gafas bicolor.

Oh, eso era bueno. Si después se ponían a jugar él podría estar con el trabajo tranquilamente. Era una buena noticia:

- Y… ¿necesitáis ayuda?

- Tú no puedes ayudarnos.

La contestación de Karkat fue más que suficiente para que entendiese que no era bienvenido en el salón y que mejor ir a la cocina, aunque sobrase un poco. Seguro que le recibían mejor que allí.

Giró con la silla y se fue en silencio por el pasillo hacia la puerta entreabierta. Si ponía la excusa de que quería ir poniendo la mesa seguro que el interrumpirles no quedaba tan mal…

- Fef, ¿te hice algo malo en la otra vida? ¿Yo llevaba algo así como un bigote cuadrado y tú escribías un diario en un altillo, escondida con otras personas? Porque de no ser así, no lo entiendo.

Tavros se quedó quieto milímetros antes de golpear la puerta y entrar en la cocina. Aquel comentario (totalmente drama queen, todo sea dicho) le dejó un poco descolocado:

- Eridan, ¿a qué te refieres?- escuchó contestar a Fef mientras cerraba la puerta del microondas.

- Nada, solamente que me parece perfecto y maravilloso que siendo yo el que te invite única y exclusivamente a ti a un sitio, te presentes con un gnomo cascarrabias y con... con Sol

Obviamente, conocía demasiado bien a Eridan, y él jamás de los jamases reconocería que Sollux era el novio de Feferi, y menos iba a nombrarle como tal:

- ¡Oh Dios! Si es que sabía que ibas a salir con el tema.- resopló y se oyó como cogía unos platos.- ¿Quieres dejarlo? Crabkat es muy buen chico, y Sollux, te cueste o no aceptarlo, es mi novio y también una bellísima persona.

- Uy, sí… hermosísimo, un adonis… nótese el sarcasmo.- Ampora, como siempre, arreglándolo todo con uno de sus comentarios de lo más acertados.- Pero Fef, simplemente no me parece bonito hacer eso sin avisar...

- ¿Y para qué me invitas entonces? Si ni si quiera es tu casa.

- Pero estoy como "a cargo", y se supone que íbamos a avanzar el trabajo que teníamos. Pero entre que Vris se va a la caza de la almeja, Tav que no tiene los pies en la tierra… en ambos sentidos… y ahora esos dos con la dichosa maquinita de las narices, osea, a rezar siquie-

De pronto se escuchó perfectamente cómo se dejaron caer unos platos en la encimera, sorprendiendo a Tavros (que aún seguía espiándoles en el pasillo). En otra situación se habría preocupado por si algo de la vajilla se había roto, pero en esos momentos la conversación eclipsaba todo lo demás:

- Eridan, haz el favor de dejar de recriminarme cosas para hacerme sentir culpable si no quieres que, aparte de irme por donde he venido, te clave un tenedor en el ojo. Y sabes que lo hago.

Un silencio se cernió sobre los dos (tres). Al parecer, la tensión que se había creado en el pasillo se había incrementado el doble o el triple:

- Esto es duro… muy duro, y nadie me entiende.

- Sí, Eridan, lo que tú digas… saca los tallarines del microondas y sirve la cena de una vez.

Nitram suspiró y se separó un poco de la puerta. Menuda noche les esperaba a todos.

(Mil gracias a Erina, por escribirme la conversación del final <3)

Salida de Emergencia - Cap 2

Tavros se asomó lo máximo que pudo al fondo de la nevera, pero nada.

Levantó tappers, apartó tomates y hortalizas varias, pero no. Allí no estaba la susodicha pizza.

Suspiró y se echó hacia atrás con la silla para poder cerrar el frigorífico y volver al salón, que se encontraba totalmente vacío gracias a que Eridan y la ventana se habían convertido en un mismo ser.

La verdad es que no se sorprendía mucho, ¿cuánto faltaba para que terminase el curso? ¿Un mes máximo? Había aguantado a Vriska y a Eridan al mismo tiempo durante todo un año, llegaba un momento en que cualquier comportamiento de ambos era de lo más normal.

Se acomodó al lado de la mesa y buscó con la mirada el mando de la televisión. Debía ponerse con uno de los trabajos, pero no iba a sacar todas las telas que tenía que utilizar para él (es lo que tenía Técnicas y Medios Artísticos, otra cosa no, pero trabajos extraños todos los que quisieras), ya que en cuanto Feferi llegase le tocaría recogerlas, preparar algo de cenar…

- Eridan.- le llamó mientras desistía también en la ardua misión de encontrar el mando de la televisión y cogía una revista que había sobre la mesa.

- Dime, Tav.

- ¿A Feferi que clase de comida le gusta? En la nevera solo hay tomates pasados, tappers con contenido en proceso de mutación, y algunas cremas de esas para la cara. Deberíamos llamar al Taco Bell y pedir algo, ¿no?

- Bah, ella traerá algo.

- Eridan, ¿le has pedido que traiga la cena o qué?

- Ni falta que me hace, siempre que la llamo para quedar trae algo de comer. Ya sabes, por si acaso.

Tavros negó con la cabeza, aunque con una leve sonrisa en el rostro, y regresó su mirada al interesantísimo artículo sobre la reproducción de los peces y las serpientes que había en aquella revista tan rara.

Y los minutos pasaban, y poco a poco el silencio desapareció para ser remplazado por los típicos ruidos que siempre pueblan las casas y que nadie presta atención. La madera de los muebles rechinando, el agua pasar por las tuberías, las pisadas de la gente de otros pisos…

- ¡Fef! ¡Ya está llegando Fef! Pero… espera…- Eridan se colocó bien las gafas y se quedó con la boca abierta durante unos segundos antes de coger los extremos de su bufanda y comenzar a estrujarlos.- ¡¿Pero qué mierdas hacen esos aquí?!

- ¿Esos?- dejó la revista sobre sus piernas y giró el rostro para mirarle.- ¿Viene con más gente?

Mierda, Vris no había dicho nada de que no pudieran traer a mucha gente pero… pero se supone que él había ido allí a trabajar.

Eridan se levantó corriendo y cruzó el salón a zancadas hacia el vestíbulo mientras se arreglaba el fular casi con nerviosismo:

- ¿Pero ahora a dónde vas?

- ¡A impedir una desgracia!- exclamó antes de coger las llaves y salir de casa dando un portazo.

Oh, genial. Perfecto. Suspiró y se masajeó ligeramente el puente de la nariz. Solo pedía que, fueran quienes fueran los que venían con Feferi, no armasen mucho escándalo y le dejasen trabajar más o menos en paz. Bastante tenía cuando a Gamzee le daba por ensayar canciones nuevas justo en el momento en el que tenía que estudiar…

…Gamzee…

Cerró los ojos y dejó que la cabeza se inclinase hacia delante ligeramente, llevada por su propio peso.

Hacía casi una semana que no le veía, y si alguna noche había logrado hablar con él durante al menos unos minutos había sido un gran milagro. Era época de entregas y el poder tener tiempo para las clases estaba bien pero…

Parpadeó varias veces y rodeo la mesa para poder alcanzar el móvil y marcó su número, se lo sabía de memoria.

Un tono.

Dos tonos:

- Vamos… cógelo…

Tres tonos.

Cuatro tonos:

- Por favor, Gamzee… contéstame…

Cinco tonos:

- El teléfono al que ha llamado se encuentra apagado o fuera de cobertura. Por favor, inténtelo de nuevo más tarde. O si lo prefiere, deje un mensaje después de oír la señal. Gracias.

Se quedó callado durante unos segundos, planteándose seriamente si el hecho de tirar el móvil al otro lado del cuarto y que este se estrellase contra el suelo realmente le merecería la pena:

- Ehm… hola, Gamzee. Soy Tavros… otra vez. Bueno… es sábado por la noche y Vriska nos ha dejado a Eridan y a mí la casa… Él ha invitado a Feferi y… no sé, he pensado que me encantaría que estuvieses aquí… conmigo… y eso… El martes no tengo clases, así que si tienes libre… bueno… ya sabes… llámame y nos vemos un poco… si te apetece… ¿vale? Te extraño mucho… y… te quiero, Gamzee.

Despegó el teléfono de la oreja y pulsó el botón para colgar, quedándose mirando al móvil unos instantes. Nuevamente, no había contestado a su llamada:

- ¿Pero qué cojones hace ese aquí?

Tavros levantó la vista y se encontró de golpe con los ojos de Karkat desde la puerta de entrada, dónde le observaba con los brazos cruzados, deseando poder matarle, o por lo menos hacerle desaparecer, solo con la mirada.

Salida de Emergencia - Cap 1

- No. Me da igual las excusas que pongas. En mi cuarto solo puede dormir Tavros.

- Pero es que el otro cuarto no me gusta. Ya sabes, es como… como que no me gusta. El tuyo mola más.

- Eridan, si Vriska dice que no, es no.

- Tú cállate, Tav. Anda, Vris… solo por una noche, no desordenaré nada ¡Lo prometo!

- ¡Qué no! Si quieres dormir o en el sofá o en el otro cuarto.

- Bueno, Vriska, a mi no me importa dormir con él.

- ¡Tú cierra el pico, Tavros! Y tú, Eridan Ampora, como me entere que has pisado mi cuarto, te arranco la polla, ¿entendido?

- ¡Joder, Vriska, que somos colegas! O bueno, eso se supone…

Un carraspeo a su espalda hizo que los tres dirigiesen sus miradas a la puerta principal, donde Kanaya se encontraba apoyada contra el marco de esta:

- Bueno, ¿nos vamos a ir o qué?

- Sí, dame cinco minutos.- dijo Vriska antes de volver a hablar a los dos chicos.- No me queméis la casa, si queréis comer hay una pizza al fondo de la nevera, pero no se coge nada más. Podéis llamar a gente si queréis, pero si alguien entra en mi cuarto o rompe alguna de las reglas anteriores, os arranco los pezones a mordiscos ¿Todo claro?

Ambos asintieron a la vez, provocando que Vriska les dedicase una sonrisa de oreja a oreja. Así que poco más tuvo que decir, unas cuantas despedidas banales y las chicas se marcharon tarareando una cancioncilla, dejando a Tavros y Eridan en el vestíbulo.

El joven con la silla de ruedas giró y se marchó al salón. La verdad es que agradecía el poder quedarse en casa de Vriska esa noche. En la residencia había fiesta, y no es que no le dejasen ir o cualquier otra cosa, simplemente quería adelantar parte de los trabajos que debían entregar la semana siguiente, y el tener que escuchar a un montón de universitarios borrachos correteando por los pasillos durante toda la noche no es que le sirviese para nada ni en su concentración y menos para inspirarse:

- ¡Fef, Fef, Fef, Fef, Fef!

Tavros se apoyó en los reposabrazos y volteó para poder mirarle. Mierda, Vriska debía haberle confiscado el móvil cuando tuvo oportunidad:

- ¡Fef, oye, escucha, que me ha dejado Vriska su casa, y no me apetece estar solo…!

- Eridan, yo estoy contigo.

- ¡… porque claro, una casa que no es mía, y encima solo… Bueno, lo que te decía, que como tengo casa por esta noche no sé si te apetecería venirte, ya sabes, a pasar el rato! ¡Porfa, porfa, porfa, porfa, porfa, prometo estar tranquilito durante toda la noche!

Ni si quiera tuvo que plantearse el hecho de imaginarse la respuesta, ya que la cara de Eridan lo dijo todo. Boca abierta, ojitos brillantes… Oh, perfecto:

- ¡Y también…! Ah, espera, ¿has dicho qué si? ¡Genial! ¡La casa es la que está justo enfrente de la plaza del centro comercial! ¡Cuando llegues llama al timbre, o dame un toque… o tú tranquila, estaré esperándote en la ventana! ¡Hasta luego, Fef!

- Eridan.- dijo antes de que le volviese a dar otro ataque.

- ¿Qué?

- ¿Tú estás mal o algo?

Escaleras

De pronto paramos y ambos nos quedamos viendo las escaleras que se extendían frente a nosotros.

No es que fueran muy altas, ni muy inclinadas… simplemente eran escaleras.

Resopló a mi espalda, y tras maldecir casi a voz en grito, pegó una patada al suelo y se separó un poco. La verdad es que se notaba que no estaba muy acostumbrado a salir conmigo.

Bueno, a salir en general.

Sonreí, intentando mantener la calma y gire el torso, buscándole con la mirada:

- No te preocupes, podemos ir por otra calle.

- No, joder, este es el puto camino más corto, paso de dar un rodeo.

- Ya… bueno… pero es que por aquí no podemos pasar.

- ¿Te crees que no me he dado cuenta?

Suspiré y volví a acomodarme. Escuché perfectamente como murmuró algo entre dientes y volvió a patear a la nada antes de caminar para colocarse a mi lado.

Le miré de reojo y sonreí muy ligeramente. Incluso así, completamente desesperado, era muy guapo. Me mordí el labio inferior y volví a dirigir mis ojos a las escaleras:

- ¿No te exaspera esto?

- Te acostumbras.

- Yo no podría.

- No he dicho que sea fácil.

- Joder, Tavros, no hables como si fueras un profesor, o peor aún, como una madre.

- No, Karkat, hablo como alguien más mayor que tú.

- No me toques los huevos, si te vas a poner así me marcho.

- Lo siento…

- ¡Pero ahora no me pidas perdón!

Cerré los ojos y me encogí sobre mí mismo cuando me grito. La verdad es que me costaba habituarme al hecho de que su tono de voz siempre fuera tan elevado y tan… ¿directo? Por llamarlo de una forma amable.

Que Vriska gritara era una cosa, pero Karkat era un caso aparte.

Aunque había una cosa que adoraba de que siempre acabase gritándome. Si notaba que me había asustado, dejaba “casualmente” que su mano rozase la mía. Y a veces, entrelazaba nuestros dedos en una pequeña disculpa.

Sonreí y me relaje mientras acariciaba la palma de su mano distraído:

- También podemos pedir a alguien que pase por aquí que te ayude a llevar la silla arriba.

- Pff, para eso te subo yo.

- ¿Piensas subir la silla tu solo?- le pregunté girándome incrédulo hacia él.

- Serás idiota… Primero te subo a ti, te dejo sentado en un banco, y luego ya subo la silla.

No pude evitar mirarle discretamente los brazos. Debajo de esa sudadera no es que fueran muy fuertes. Apreté los labios y me encogí de hombros, tenía que darle una oportunidad:

- Bueno, si te ves capaz de ello me parece una buena idea.

- Cierra la puta boca.

Caminó hasta ponerse frente a mí y se quedó pensativo unos segundos, arrancándome una sonrisa ladina, algo divertida. Aunque no me dio tiempo a decirle nada, ya que pasó sus manos bajo mis axilas e hizo el intento de levantarme.

Cosa que quedó solo en eso, en intento:

- Ehm… ¿Karkat?

- ¿Qué?

- ¿Y si pruebas a llevarme a caballito?

- ¿Qué dices?

- Que intentes llevarme a tu espalda, quizás te resulte más fácil.

No desistió enseguida, se tomó su tiempo en volver a dejarme sobre la silla y girarse. Hice rechinar los dientes, conteniendo una risita, y me abracé a su cuello, dejando mi peso sobre sus omóplatos, y permitiendo que volviera a intentar levantarme.

Bueno, esta vez consiguió sostenerme durante varios segundos.

Noté como mis mejillas se coloreaba un poco al notar la mirada de varios transeúntes sobre nosotros. La verdad es que estaba un poco mimado, ya que tanto Vriska, como Eridan y Gamzee, tenían la fuerza suficiente como para poder levantarme. Pero Karkat… no es que hiciera mucho ejercicio físico normalmente:

- ¡¿Qué mierda miráis?!

- Karkat…

- ¡¿Y tú qué quieres ahora?!

- Deja de gritarle a la gente y pone en la silla.

Resopló, y noté como se contuvo de gritar alguna cosa más, antes de volver a dejarme sentado. Tenía las mejillas encendidas y apretaba los dientes frustrado. Verle así me arrancó una sonrisa, así que me apoyé en los reposabrazos y me incliné hacia él, besando la comisura de sus labios con dulzura:

- Déjalo, no importa si no vamos por este camino.

- Ya te he dicho antes que paso dar un puto rodeo.

- No es un rodeo, es que si vamos por la calle paralela hay una heladería, y tengo antojo de un helado de fresa.

Se cruzó de brazos y me miró de arriba abajo. Sabía de sobra que solo era una excusa vana para no tener que enfrentarnos a las escaleras, pero aún así chasqueó la lengua y volvió a colocarse tras de mí:

- Vale, pero solo porque yo también tengo ganas de un helado.

- Perfecto.

- Pero invitas tú.

Reí bajito y asentí mientras volvíamos a ponernos en camino.

Un zumo y me iré a dormir

Bostezo y me estiro como si fuera un gato antes de inclinarme sobre el escritorio y apagar la pantalla.

Hace un buen rato que amaneció, y a pesar de que la persiana está bajada hasta más de la mitad, la luz baña el dormitorio al completo.

Me levanto revolviéndome el cabello y voy hacia la cocina. Me tomaré un zumo y me iré a dormir de una vez.

Sonrío con cierta ligereza al ver que la encimera está limpia.

Gamzee consiguió un trabajo en un bar a las afueras para tocar durante unas dos noches, así que hasta el martes no le vería el pelo.

La verdad es que se notaba su ausencia, la cocina está vacía de botellas a medio terminar de faygo.

Abro la nevera y saco el brick de zumo de naranja. Me apoyo contra la pared y le doy un buche, directamente a morro, y cierro los ojos. La verdad es que estoy cansado.

Bebo unos dos sorbitos más antes de volver a dejarlo en el frigo. La casa entera está en silencio, ni siquiera se oyen los pájaros fuera. Es algo agobiante.

Bostezo y regreso al cuarto, aunque del marco de la puerta no paso. Me apoyo contra esta y miro embobado hacia la cama.

Como la casa se había quedado vacía, y aprovechando el fin de semana, habíamos decidido pasar la noche juntos.  

“Me quedaré despierto haciéndote compañía” dijo cuando terminamos de cenar.

Cuando a las tres de la mañana le descubrí ya por el séptimo sueño, no pude evitar sonreír divertido.

Iba a ser una muy mala influencia para él.

Bah, menudas tonterías pienso a veces.

Camino hasta la cama y paso sobre él, intentando no despertarle, hasta tumbarme del lado de la pared:

- … hmm… ¿Karkat?

- Duérmete otra vez, Tavros.

Mi voz suena seca, quizás hasta algo borde, pero él se gira con los ojos aún cerrados, sonriendo adormilado:

- Lo siento, la próxima vez aguantaré despierto más rato.

Resoplo y tiro un poco de su mejilla antes de acomodarme a su lado:

- Mira que eres gilipollas. Duérmete de una vez.

Tavros asiente y se esfuerza en abrir un poco los ojos. Está tan cansado que solo lo consigue durante escasos segundos, pero son los suficientes como para localizar mi boca y darme un suave beso sobre los labios:

- Buenas noches, Karkat.

- Dirás buenos días.

Él solo sonríe antes de volver a quedarse profundamente dormido, agarrando, casi con timidez, la tela de mi camiseta.