Mostrando entradas con la etiqueta Last Wolf. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Last Wolf. Mostrar todas las entradas

Palabra : Mañanas

Lo primero que escucho en cuanto mi consciencia vuelve a la realidad es tu risa. Te noto echar algo sobre mí, es ligero, suave, y huele muy bien. Contienes el aliento durante unos segundos al darte cuenta de que ya estoy despierto, pero eso solo consigue que rías aún más y termines de verter sobre mí lo que sea con lo que estás cubriéndome.

De pronto te sientas al lado de mío y me zarandeas, moviendo entusiasta mi hombro derecho, intentando contener las miles de carcajadas que se esconden tras tus labios:

- ¡Capitán! ¡Capitán Peter Pan! ¡Despierta!

Curvo mi boca en una sonrisa divertida y abro los ojos, como sobresaltado, como si en verdad hubiera estado sumido en un profundo sueño y me hubiesen sacado a la superficie de golpe:

- ¡Wendy! ¿Qué ha sucedid…?

Pero mi pregunta muere al verme totalmente cubierto de miles de pétalos de numerosas flores. Hay pétalos largos y olorosos, algunos pequeñitos como gotas de lluvia, hay rosas, azules, violetas…

- Mira lo que nos han traído las hadas, Peter ¡Una lluvia de flores!

Me acabo de enderezar y me quedo mirando la cama embobado durante unos segundos, intentando que esa imagen que se extiende ante mí quede grabada en mi mente para siempre. Me giro y te veo, de rodillas a mi lado, sonriendo emocionada, como una niña antes de abrir sus regalos de cumpleaños.

Solamente me da tiempo a mover los labios, susurrando sin voz un “Je t’aime”, porque de repente te da un arranque de amor y te lanzas encima de mí, haciendo que ambos rodemos sobre la colcha llena de pétalos, riendo como dos niños mientras nos llenamos las caras de besos.

.-.-.-.-.

Giro en la cama y noto que el lado derecho de esta está frío. Abro los ojos despacio, acostumbrándome a la luz del amanecer que entra a raudales por la ventana y te busco con la mirada.

Aunque antes de que esto suceda, un beso contra mi oreja izquierda provoca que cierre los ojos de nuevo, disfrutando de la sensación que tus labios sobre mi piel producen.

Vuelvo a girar para poder mirar cómo te vistes despacio, como si fueras ralentizado por el mero hecho de que sabes que adoro verte. Eres una escultura en movimiento, hecha única y exclusivamente para mí.

Al terminar te sientas en el borde de la cama y acaricias mi rostro, obligándome a suspirar:

- ¿En serio que es necesario que vayas?- pregunto, por mucho que sepa la respuesta de antemano.

Solo asientes, sonriendo de lado, antes de volver a inclinarte sobre mí y regalarme el último beso, uno largo, hambriento, de esos que te dejan sin aliento.

Dejas escapar una risita entre dientes al ver la cara que se me ha quedado y te levantas, colocándote el sombrero que te identifica como agente secreto:

- Mañana en la noche viene Ferb a cenar y preparare sopa de marisco, con remolachas fritas. Podrías venir, si tienes tiempo. Ya sabes, nunca me importa el poner un plato más. Y si ves que se hace muy tarde, te quedas a dormir. No molestas, y eso…

Suspiras y contienes otra risita. Sé que hablo demasiado, pero es por compensación, tú no hablas casi nunca y yo lo hago por los dos.

Te acercas a la puerta, terminando de colocarte la gabardina y el sombrero, antes de girar tu rostro una vez más y guiñarme un ojo, para después desaparecer por el marco de esta.

- Maldito seas, Perry el Ornitorrinco…- digo en un susurro mientras vuelvo a cerrar los ojos.

 .-.-.-.-.

 - Vaaaaa, vengaaaa, porfaaaaa, quedateeee

Te oigo suspirar ante mis súplicas y eso hace que ría un poquito:

- No y no. Además, Alfred dijo que vendría a recogerme a las 7 para llevarme a clase.

- ¿Y? Joooo, podemos decir que te has puesto enfermo y te quedas en la cama conmigo.

- Claro, ¿y tú? Max va a subir de un momento a otro para decirte que te prepares para ir al colegio.

- ¡No podrá, porque yo también me habré puesto enfermo! ¡Y nos quedaremos juntos todo el día en la cama!

Esta vez eres tú el que ríe, haciendo que mi sonrisa se ensanche aún más:

- Venga, Bart, levántate y comienza a vestirte, que no tardas nada… literalmente.

- ¡No quiero!

- Pero, ¿por qué?

- Porque quiero quedarme contigo…- digo poniendo morritos.

Eso te desarma al completo… je… ya lo sabía.

Suspiras y dejas la mochila en el suelo antes de venir a la cama de nuevo y revolverme el cabello:

- Hagamos un trato, Imp.- comienzas mientras te sientas a mi lado.- Si vas a clase hoy y haces todos los deberes, mañana vengo otra vez a dormir contigo.

Vale, eso no me lo esperaba ¡Pero me encanta la idea!

Me levanto y en cinco segundos ya estoy arreglado y listo para salir, cosa que provoca que estalles en carcajadas:

- Supongo que eso es un “sí”, ¿verdad?

Como toda respuesta, corro a velocidad normal hasta ti, acomodándome entre tus piernas para poder besar divertido tus labios.

.-.-.-.-.
Te crees que tienes el poder sobre mí. Y la verdad es que me gusta que lo creas.

Llevamos toda la noche rodando por la cama, levantándonos y siguiendo nuestra lucha en el suelo, contra las paredes, sobre el tocador, apoyados en la puerta.

Nos hemos besado, acariciado, sí, pero también golpeado, arañado, mordido. Nuestras sangres mezcladas pintan todo el dormitorio, incluso alguna salpicadura ha llegado al techo seguro.

De pronto ríes y te tumbas encima de mí, lamiendo distraídamente un chorretón de sangre que cubre mi cuello:

- ¿Ya te has cansado, Jay?

- No… solo estoy esperando a que recuperes el aliento para girarte y meterla hasta el fondo.

Aquel comentario me hace reír. De donde yo provengo no es que las cosas se digan así, tan… ¿directas?

- Maleducado…- murmuro mientras te doy un sonoro cachete en el trasero, provocando que rías por lo bajo y vuelvas a morderme, arrancándome un gemido.

Arqueo la espalda gozoso y permito que te diviertas abriéndome más heridas por todo el cuello y clavícula.

Al final cumples tu amenaza. Al cabo de unos minutos me giras de pronto, y sin prepararme ni nada, comienzas a penetrarme, haciendo que nuestros jadeos inunden el dormitorio.

Si yo quisiera, me daría la vuelta de golpe. Agarraría tu pene con ambas manos y lo desollaría. Después cortaría tu cuerpo y vertería sangre en las heridas. Por último, sería yo quien te estaría dando por detrás.

Pero me gusta ver cómo te crees con poder sobre mí. Piensas que en verdad estoy totalmente a tu merced. Nada más lejos de la realidad.

.-.-.-.-.

 ¿Te imaginas que nos vemos?

No sé, muchas veces me suelo quedar embobado, con mis propios pensamientos, dándole vueltas a esa misma idea.

Sí, bueno, no es tan descabellado el poder vernos, pero aún así… es simplemente esa pregunta, y no cualquier otra, ninguna otra variación de la misma, la que ronda por mi cabeza en innumerables ocasiones.

Pero es que en mañanas como esta, no sé, el pensar en cosas así es como más propicio.

¿Te imaginas que nos vemos?

Uff… no sé tú, pero a mí se me ocurren mil cosas que poder hacer juntos.

La mayoría son tonterías, de esas que se pueden hacer normalmente con cualquiera. Pero la diferencia es que tú y yo no estamos juntos nunca. Y el poder realizar cualquier estupidez, sea como sea de nimia, juntos, hombro contra hombro… ay… no sé… es como emocionante.

Aunque… claro… luego hay otras cosas que se me ocurren… que ya no son tan banales…

¿Ves? A veces, cuando las pienso, incluso me entra la risa floja.

No quiero que pienses nada raro… demasiado raro… de mí. Pero solo piénsalo un momento.

¿Te imaginas que nos vemos…

… y lo primero que hago es lanzarme a tus brazos, haciendo que nuestros labios se encuentren?

Menuda tontería, ¿verdad?

Mayormente porque no solo haría eso. Te besaría nada más verte, eso sí… pero después te empujaría contra alguna pared y me apoyaría contra ti, jugueteando con los pequeños pelitos que cubren tu nuca. Tras eso, seguro que acariciarías mi cintura, girándome para que fuera yo quien acabara contra la pared. Entonces subiría mis manos y las enredaría entre tus cabellos, dejando que tu boca bajase a mi cuello y lo mordisqueara, haciendo que, inconscientemente, moviera las caderas para pegarlas a las tuyas. Jadearías contra mi humedecida piel, y yo gemiría entre dientes, cerrando los ojos, disfrutando de la sensación…

Dirk, ¿te imaginas que nos vemos?

.-.-.-.-.

 - Mierda… joder… ¡Yago! ¡Chucho, coño, despierta!

Típicas palabras de amor que me dices por las mañanas.

Gruño un poco entre dientes e intento poder seguir durmiendo, pero la hostia que me pegas con… con yo que sé… en la cabeza, es suficiente para que me gire y medio abra los ojos:

- Ay… ¿y ahora qué pas…?

- Nos hemos quedado dormidos, joder, y mi madre no sabía que esta noche me quedaba contigo.

Mierda. Ok, alerta roja, todos en pie.

Me levanto corriendo y comienzo a buscar mi ropa por el suelo mientras terminas de abrocharte el sujetador y te pones la camiseta.

En cuanto me calzo las botas, tú ya estás al lado de la moto esperándome con los brazos cruzados:

- ¡Venga, joder! ¡Eres más lento que el caballo del malo!

- ¡Voy! Espera… ¿y mis llaves?

- ¡Qué las tengo yo! ¡Yago, date prisa!

- ¡A sus órdenes!

Me recojo el pelo en una coleta y me subo en la moto, dejando que te acomodes tras de mí mientras arranco esta, saliendo a toda velocidad, llegando enseguida a la autopista.

Noto como te revuelves algo inquieta a mi espalda y tus manos agarran nerviosa la tela de mi camiseta. Suspiro y sonrío mientras acelero un poco:

- ¡Tranquila, no tardamos nada en llegar!

- ¿¡Qué!? ¡No te oigo!

Río. Joder, normal que no me escuches, si vamos a toda máquina por la carretera:

- ¡Qué te quiero!

Como toda respuesta noto como me pellizcas en el torso, arrancándome un quejidito… aunque después te acomodas, dejando tu rostro entre mis omoplatos.

Joder, ¿cómo puedes ser tan perfecta?

.-.-.-.-.

 Deben de ser pasadas las once cuando abro el ojo, aún medio adormilado. La luz entra a raudales a través de las cortinas. Vuelvo a cerrar los ojos y bostezo ruidosamente, maldiciendo al mismo tiempo el haber dormido tanto y el no poder seguir durmiendo un rato más.

Suspiro y comienzo a parpadear lentamente, intentando acostumbrarme a la luminosidad del día. La verdad es que no recuerdo ni lo que he soñado, pero he dormido tan jodidamente bien que no me importa mucho.

Me estiro un poco, provocando que algún huesecito por mi espalda cruja, haciendo que una sonrisita se dibuje en mi rostro antes de volver a acomodarme, por fin con los ojos bien abiertos.

Hace relativamente pronto que el buen tiempo hizo su llegada a estas tierras, pero ya es tan notable el cambio de temperaturas, que solo una ligera sábana cubre la cama.

Normalmente, cuando me acuesto, lo hago simplemente vestido con unos pantalones largos, blancos, de esos que se utilizan para ir a la playa. Pero claro, anoche fue una ocasión especial… y me encuentro totalmente desnudo.

Río pícaro, recordando los hechos de tan solo hace unas horas y me giro, quedándome embobado mirando tu espalda desnuda a mi lado.

Tu cabello cubre la almohada, y cae sobre el colchón y tus hombros a raudales. Algunos ricitos traviesos se enredan entre mis dedos y parece como si una enredadera color chocolate con leche naciese de tu cabeza:

- Tatyana… ¿estás despierta?- susurro, comprobando que aún duermes plácidamente.

Recorro tu cuerpo de arriba abajo, deleitándome con la imagen que tus caderas redondeadas, de tus nalgas firmes y tersas, tus piernas casi esculpidas por los propios dioses, me ofrecen.

Siempre fuiste la más bella de todos. Arjeta e Idriza son guapísimas, sí, e incluso la pequeña Milica… pero nada comparado contigo.

Debería levantarme, darme una ducha, y quizás ser algo caballeroso y prepararte el desayuno para llevártelo a la cama. Pero la idea de quedarme aquí, tumbado a tu lado, simplemente observándote dormir es demasiado tentadora.

Ni si quiera me hace falta verte el rostro, no me es necesario el que estés volteada hacia mí. Nunca me ha importado estar a tu espalda, escondido, solo mirándote en silencio.

Así que me acomodo de nuevo, dejando que mis dedos encuentren entretenimiento entre tus cabellos mientras mis ojos se fijan en tu desnudo cuerpo, recorriéndolo una y otra vez con una sonrisa bobalicona en los labios, esperando a que mi princesa despierte.

Héroes y culpables

- ¿Tienes un momento?

- No.

- ¿Y qué es lo importantísimo que estás haciendo como para no poder dedicarme un momento?

El silencio era una respuesta más que suficiente. O eso esperaba el pelinegro:

- Oye, que te estoy hablando.

- Leer. Eso es lo que hago tan importante.

- Pero puede esperar.

- Lo tuyo también.

- No.

- Sí.

- No.

- Déjame en paz.

Eso era algo que no entraba en los planes del pelirrojo. Sonrió de oreja a oreja y le quitó el libro de las manos, logrando esquivar un puñetazo en el estómago en el último momento:

- Devuélvemelo ahora mismo.

- Solo escúchame cinco minutos.

- Ya te he dicho que no. Dame el libro.

- ¿Y si no quiero?

El joven se quitó las gafas, levantándose del sillón en el que se encontraba, avanzando un paso hacia su hermano:

- Te rompo la nariz.

La respuesta le hizo gracia al otro, arrancándole una risita:

- Si te acercas más tiro el libro por la ventana.

- ¿Por qué no podías desaparecer durante, no sé, unos años?

- Te aburrirías muchísimo sin mí.

- He dicho que me des el libro.

- Venga, Eddy, solo son cinco minutos, en serio.

El pelinegro dejó escapar un suspiro de derrota. Sabía de sobra que Yago no le iba a dejar en paz, y la verdad, no tenía ninguna gana de empezar una pelea. Así que se volvió a sentar masajeándose el puente de la nariz:

- Cinco minutos.

- De sobra.

Yago corrió hacia el dormitorio que compartían y regresó con la guitarra, provocando en Edmond un nuevo suspiro. El pelirrojo puso los ojos en blanco mientras se sentaba en uno de los taburetes y se colocaba el instrumento:

- ¿Sabes? Para tener trece años, pareces un amargado de cuarenta.

- Tu tiempo corre.

- Voy, voy…

Tomó aire y rasgueó el primer acorde. Sonaba sucio, débil, pero el segundo mejoró. Sus labios temblaron levemente, y mientras sus dedos comenzaban un punteo mucho más decidido, su boca dejó escapar una frase, que murió en el nacimiento de otra, que se hiló con la siguiente.

El cuerpo le pedía que cerrara los ojos y se dejase llevar por la música, pero su mirada se mantenía fija en los ojos de su hermano, desafiándole a seguir escuchando.

La letra hablaba sobre cielos e infiernos, sobre sueños y milagros, héroes y culpables, búsquedas y respuestas. La letra hablaba sobre algo que ambos conocían, un tema que abarcaba mil preguntas y que no concretaba nada. La letra hablaba sobre algo que tenían entre manos y aún no llegaban a descifrar si lo querían o no. La letra hablaba sobre el mundo entero, sobre miles de personas que vivían día a día. La letra hablaba sobre ellos.

La voz de Yago subía y bajaba, arañaba los graves más profundos, y se aventuraba a elevarse por el cielo con los agudos. Su pecho subía y bajaba, y su caja torácica se hinchaba a cada nota que su garganta creaba.

Solo estaba su voz y la guitarra, pero era demasiado fácil permitir a los oídos el imaginarse un bajo apoyando el sonido de su instrumento, una batería marcando el ritmo, e incluso si te concentrabas, un coro de voces diversas acompañando cada palabra. Era demasiado fácil imaginarse a Yago sobre un escenario, cantando esa misma canción bajo la luz de los focos, cantando para miles de personas que gritaban su nombre.

Y Edmond solo le miraba, intentando contener las facciones de su rostro, impidiendo que demostraran la emoción que comenzaba a embargar su pecho conforme los segundos iban transcurriendo.

Porque la música era buena, la letra era buena, y su hermano era buenísimo.

Poco a poco la voz rasgada del pelirrojo fue muriendo, y las notas espaciándose las unas de las otras hasta que el silencio les envolvió sin que ninguno pareciese dispuesto a romperlo.

Sus ojos no habían dejado de perderse en los del otro en ningún instante, y sin que fueran conscientes de ello, sus respiraciones iban al unísono, convirtiéndoles en un reflejo idéntico de su hermano:

- ¿Y bien? ¿Te he hecho perder mucho el tiempo?

- Desde que naciste.

- No me seas cabrón.

- No has especificado.

Ambos sonrieron de lado, mostrándose los dientes en un gesto tan natural en ellos, que parecía estar ensayado hasta la saciedad.

- ¿Qué te parece la canción?

- ¿Qué opinas tú de ella?

- Que es la hostia.

- ¿Entonces para que cojones me preguntas a mí si ya sabes la respuesta?

La sonrisa de Yago se ensanchó, abarcándole el rostro entero, haciendo que sus ojos se iluminasen de súbito. Estaba radiante:

- Necesitaba tocarla para alguien, aunque supiera de sobra que no la apreciaría.

- Qué respuesta tan estúpida. Dame el libro.

- ¿Y si no quiero?

El joven se colocó las gafas, levantándose del sillón donde se encontraba, avanzando un paso hacia su hermano:

- Te rompo la nariz.

La respuesta le hizo gracia al otro, arrancándole una risita.

Vaqueros

Ladeé la cabeza antes de volver a girarme, pudiendo verme una vez más en el espejo:

- ¿Piensas tardar mucho más allí dentro?

- No... ya salgo.- murmuré no demasiado alto.

La verdad es que estaba cómodo, y no me veía tan mal. Pero nunca se me había dado muy bien esto y no sabía si estaba cometiendo un error o no.

Es decir, no es que fuera una ciencia, pero de esto siempre se había encargado mi hermana Hillary.

Era extraño estar sin ella en esos momentos:

- Vamos, ni que estuvieras haciendo física cuántica.

- Es que... no estoy seguro.

Edmond apartó la cortina del probador y metió la cabeza, mirándome de arriba a abajo:

- ¿Y tanto para esto?

No pude evitar sonrojarme y bajé la mirada:

- Ya sabía que no me quedaban tan bien...

Él resopló y entró, volviendo a colocar la cortina. El vestidor era pequeño, y con él allí dentro parecía que estábamos embutidos en una lata de sardinas.

Edmond bajó las manos hasta mi cadera, girándome para que ambos quedásemos de frente al espejo. Sus dedos se deslizaron por el borde del vaquero que llevaba puesto y se entrodujeron en los bolsillos:

- Eres peor que una chica.

- Me gustaría que alguna vez dejases de recordármelo, gracias.- musité poniendo morritos.

- Agradéceme mejor que ya no te comparo con una colegiala. Has evolucionado, ahora eres directamente una chica sin estudios.

- No sé si eso es evolucionar o no...

Una sonrisa ladina se dibujó en sus labios antes de agacharse hasta apoyar su barbilla en mi hombro:

- Digamos que tu estancia en España te ha sentado muy bien.

- Pues sigo sin pillarlo.

- A veces eres un poco cortito.

- Olvídame.

- Te quedan muy bien estos vaqueros, cómpratelos.- acabó diciendo mientras se volvía a estirar.

- ¿En serio?

- No, estás horrendo, quítatelos.

Suspiré derrotado, como si supiera desde el principio que esos pantalones no me quedaban bien, y me disponía a desabrochármelos... cuando entendí el doble significado.

Levanté la vista, encontrandome con su mirada divertida reflejada en el espejo:

- A veces tu sangre Dantes sale mucho a relucir.

- Es lo que tiene la genética.

- Yo no me parezco tanto a mi hermana.

- Cierto, solo os parecéis en que sois dos mujercitas cuando vais de compras.

- Te odio.

- Yo más.- dijo sonriente mientras me revolvía el pelo, dispuesto a salir del probador.

- ¿De verdad me quedan bien?- pregunté una última vez.

Edmond se giró, teniendo ya medio cuerpo fuera, y me repasó una vez más de arriba a abajo:

- ¿Hace falta que te arranque la ropa a mordiscos para que entiendas lo bien que te sientan esos vaqueros?

Noté como un incómodo sonrojo se instalaba en mis mejillas antes de sacárle la lengua:

- Está bien, lárgo.

Yo soy una chica...

Yo siempre me he considerado de un tipo de chica, y siempre he tenido muy claros mis gustos...

... hasta ahora.

Me encuentro reviciandome a Supernatural, y claro... yo siempre he sido fan hasta la médula de Sam (*¬*) pero tras verme el capítulo 20 de la segunda temporada... no he podido evitar querer un poquito más a Dean.

Y todo eso me hace pensar... mierda... Dean se parece a Yago... es decir... ME ESTOY VOLVIENDO UNA PRO YAGO??!!


ESO ES IMPOSIBLE!!! COMPLETAMENTE IMPOSIBLE!!!


Siempre he sido una chica 100% Edmond... Y SEGUIRÉ SIENDOLO!!

Es que no puedo evitarlo, es tener a Eddy cerca y... *love is in the air~~~*



En serio, no sé como no me ha pegado ninguna patada con todo lo que le beso, y le abrazo y le fangirleo... XDDD

Bueno, realmente soy una chica 90% Edmond, ya que el otro 10% se lo lleva.... Nathan!!! Mi nene mariquita *totally fall in love*

Pobrecico, aún sin ropa XDDD Ya robaremos, amor mío, ya robaremos XDDD

Bueno, pero realmente, si debo ser 100% de algo... creo que no sería ni de Eddy ni de Nathan sino de...
gybrvwvyrt
yntrsbuvyntbu
t
hrth
ntb
udvyt
h

NATHAN!! SOCORRO!! DEJAME HABLAR!!

Porque yo soy una chica 100% EdmondNathan *¬*

Aunque bueno... diré una cosa a favor de Yago... SOLO UNA!!

Bueno... dos...

1. Está bueno (normal, es gemelo de Edmond hum)

2. ... el jodido sabe como posar

Así que creo que puedo resumir todo esto esto en una sola frase...

Yo soy una chica... 100% Last Wolf ^^

Foto pillada


Porque no pude evitar ponerles así en cuanto tuve ocasión XDU

Y la cosa es que están tan monos... *fangirl* jajaja

Llevaban mucho tiempo separados, jo, así que tengo excusa para fangirlear... y ellos para hacer el moñas XDDD

Aunque bueno, Edmond no es mucho de ello... seguramente no están haciendo el moñas, solo... bueno, que coño, en el futuro se casan y tienen hijos, tienen derecho a hacer un poco el puke rainbows aunque no les pegue mucho, leñe!! jajaja

Además, la idea fué de Yago!! *le señala acusatoriamente*

Que es él el autor de la foto, jopetas, las culpas de la foto pillada a él (está sentado en la mesa, mirándoles con sonrisa pícara... y claro, una que tiene el portatil con la cam al lado, pues se deja malinflueciar por el pelirrojo y, las cosas acaban como acaban y...)

Aunque ahora que lo pienso, las culpas de que halla una foto de ellos así es de él pero... la culpa de que ellos estén así es mía... fuck...

Toda la idea es de Yago!! *vuelve a señalarle*

XDDDDDDDDDDDDDDDDDDD

Bueno, solo decir que... ok, soy una fangirl de estos dos, y demasiado, pero...

A que están para comerselos a los dos estando así? jajajaja

Esta bien, luego les pongo más ellos... pero luego... mañana si eso... XDDD

Chelo

No se está en silencio

Hay un sonido que reconozco demasiado bien

Alguien está tocando un instrumento

Son cuerdas frotadas

Un chelo

Suena muy bien

La música, porque eso es lo que está creando, se eleva y se difumina en el aire, muriendo justo antes de que una nueva melodía cobre vida

Las notas, cargadas de poderío, de pasión, de fuerza y encanto empañan mis oídos, provocándoles un placer extremo… y a la vez terror

Mi cuarto huele a hojas viejas, un olor que se impregna en cada molécula de mi cuerpo, y me acompaña a todas partes.

El ruido de la silla al arrastrarse, el ruido de mis pasos, el ruido de la puerta al abrirse, son infames insultos hacia la creación melódica de aquel instrumento de cuerdas que suena con fuerza en el salón

No hay casi luz, pero eso no es impedimento para el chelista, que sigue tocando a pesar de tener los ojos cerrados… ojos que se abren en cuanto se percatan de mi presencia en la habitación

La música cesa, y es remplazada por el sonido de nuestras respiraciones

Sonríe levemente y murmura unas palabras que conozco a la perfección

Un asentimiento por mi parte acaba por completar su sonrisa, provocando que deje con delicadeza el chelo y se levante a mi encuentro.

Sus manos, frías como el hielo, se posan en mi cuello y lo acarician con vehemencia antes de agarrarlo con fuerza y empujarme hacia otro de los cuartos.

Sus pasos son decisivos, al contario que los míos

Él aprovecha un tambaleo para arrojarme con furia contra la gran cama del cuarto, cortando momentáneamente mi respiración.

Antes de que me dé cuenta ya está sobre mí, destrozando mi ropa, arrancándomela con fuerza y tirándola al suelo, como si no fuese más que un estorbo para sus planes

Mira mi cuerpo desnudo complacido

Sus labios bajan hasta mi pálido cuello y lo muerden con rabia, deseando marcarme, una muestra más de que le pertenezco al completo

Una de sus manos ya ha bajado hasta mi vello más privado para tirar de él, en un intento de placer doloroso, que sé que él adora.

Sus dientes se vuelven a clavar en mi carne, esta vez en mi pecho, sobre donde se supone que debería de estar mi latente corazón, mordiendo con fuerza la carne, como esperando desprenderla de mi y poder ver ese supuesto órgano vital.

No para hasta que me hace sangrar

Ese líquido rojizo brillante capta su atención, y se separa de mí lo suficiente para poder verlo mejor.

Resbala por mi piel, dibujando un río carmesí hasta perderse entre las blancas sábanas que cubren el lecho

Tras haber disfrutado de ese escarlata espectáculo, vuelve a bajar hasta la herida sangrante para poder lamer, provocándome un temblor placentero en todo el cuerpo, aquella agua sagrada

Bebe con frenesí, mientras la mano enredada en mi vello púbico asciende hasta mi cuello, y clavándome las uñas dibuja cinco senderos paralelos de un color tan rojo como el río que ahora se desborda en su boca

Mis resecos labios se abren y cierran una y otra vez, dejando escapar incontables suspiros que son incapaces de retenerse en mi garganta

Siento como si mi cuerpo fuese atravesado por miles de agujas cuando él da el último sorbo antes de levantarse, dejando caer a propósito, un hilillo de sangre de la comisura de su boca

Se levanta con porte orgulloso, buscando con la mirada sus juguetes, esos que esconde de la vista humana hasta momentos exactos

Como este

La llama de la vela recién encendida hace que entrecierre mis ojos, protegiéndoles del fogonazo cegador

No los vuelvo a abrir hasta que no siento la cera caliente cayendo sobre mi piel, obligándome a tragar gritos de dolor entremezclados con suspiros cargados de placer

Aquel dolor ardiente vuelve a caer sobre la herida de mi pecho, para después caer en mi ombligo, más tarde en mi cuello, y por último, se abate sobre mi órgano despierto, arrancándome un grito

Sonríe complacido, los gritos le agradan

De un soplo, el fuego de la llama se desvanece como si de un suspiro se tratase, volviéndonos a sumir en la inmensa oscuridad

Una nueva orden susurra casi sin despegar los labios, sabedor de que mis oídos están siempre pendientes de sus mandatos

Me incorporo dolorido, colocándome a cuatro patas, sintiendo sus ojos poderosos y aplastantes sobre mí, para comenzar a deshacerme de su ropa con los dientes, justo como él desea que lo haga

La ropa va cayendo al suelo junto a la mía, confundiéndose con ella y la noche oscura, perdiéndose en el suelo sin importar nada

Pronto ya esta de nuevo sobre mí, llenándome de él dolorosamente, pendiente de que ambos disfrutemos, aunque no en la misma medida

Mis roncos gemidos se mezclan con los suyos, suaves y delicados como los de un adolescente, pero los suyos no son deliciosos al oído, sino amedrentadores, como si debajo de esa fachada de inocencia, como si bajo los suspiros placenteros de un amante se encontrase un dragón a punto de despertarse

La cera derretida, la sangre, las lágrimas, el sudor, la saliva y el líquido blancuzco vital para el final de esa escena se mezclan entre gemidos y gritos ahogados

Exhausto se acuesta a mi lado, acompasando su respiración a la mía antes de quedarse dormido, o eso es lo que desea que yo crea

No aguanto mucho tiempo tumbado en esa jaula de telas y calor humano.

Me levanto, enredando mi cuerpo con una de las sábanas manchadas de sangre, y tras ponerme las gafas salgo de nuevo al salón, donde comenzó todo el circo de esa noche

La oscuridad reina en la estancia, excepto por la luz de la luna, que entra por el gran ventanal, iluminando el chelo, aquel instrumento de cuerda que descansa sobre una silla en el centro de la sala

Camino hacia él y lo acaricio con delicadeza antes de sentarme tras él y tomarlo en silencio

Silencio que se rompe en cuanto el arco frota las cuerdas, provocando el llanto del chelo

No se está en silencio

Hay un sonido que reconozco demasiado bien

Se está tocando un instrumento

Son cuerdas frotadas

Un chelo

Suena muy bien

La música, porque eso es lo que está creando, se eleva y se difumina en el aire, muriendo justo antes de que una nueva melodía cobre vida

Las notas, cargadas de tristeza, de soledad, de añoranza y dolor empañan mis oídos, provocándoles un placer extremo... y a la vez terror