Una suave brisa hacía que el aroma a pastelería recorriese la calle entera, provocando que más de un transeúnte acabase entrando en la cafetería de la fachada verde claro de aquel barrio parisino.
Era una tarde bastante cálida de principios de otoño, y el sol anaranjado que reinaba en aquel cielo despejado hacía posible el hecho de poder pasear tranquilamente sin abrigo, o el tomarse un café en cualquier terraza disponible.
La camarera, una joven de no más de diecinueve años a lo sumo, colocó en su bandeja un café vienes, dos tés negros con leche, y un chocolate con nata, acompañando todo con un platito repleto de galletas de mantequilla. A pesar de su juventud, el hecho de poder salir a la terraza que tenían frente la entrada principal del café portando la bandeja llena con una sola mano, y con la libre poder colocarse bien el delantal, revelaba sus años de experiencia en el sector:
- Espero que todo sea de su agrado.- dijo con una sonrisa mientras colocaba las tazas y las galletas en la mesa.- Si necesitan algo más, no duden en llamarme.
- Lo tendremos en cuenta, muchísimas gracias.- contestó Deneb amablemente, ya que era la única de los cuatro que hablaba fluidamente el francés.
Tras ver como la camarera se dirigía de nuevo dentro del local, regresó su mirada hacia sus acompañantes, sonriendo con ternura al ver como Regulus ya había aderezado con azúcar las tazas de ambos.
Dejó que su mano encontrase la de su marido bajo la mesa y entrelazó sus dedos, agradeciéndole aquel gesto tan insignificante en silencio:
- Bien, Anil, Arcturus ya nos había comentado que trabajabas como parte del profesorado en Hogwarts, pero me gustaría saber qué clases impartes.- preguntó el joven (aunque solo en apariencia) Black, clavando su cálida mirada en la muchacha que estaba sentado frente a él.
- Este será mi segundo año como profesora de Runas Antiguas.
- Vaya.- comentó Deneb, interrumpiendo el trayecto de su café a los labios.- Perdóname si me equivoco, pero creía que Hydra nos había dicho que ibas a optar como profesora de Historia de la Magia.
- Así es, mere, pero el único puesto vacante en el colegio era el de Runas. Parece ser que el fantasmagórico Binns seguirá con su puesto. Además, como ya pudimos comprobar con mis notas del curso anterior, es una grandísima profesora en esa materia.- dijo Wally con una gran sonrisa de oreja a oreja, abrazándose distraídamente al brazo de la interpelada.
- No lo he puesto en duda en ningún momento.- se defendió Deneb, compartiendo sonrisa con su hija, antes de volver a Anil.- No sabía que habías sido la profesora de Wally.
- Bueno, fue así como nos conocimos, ya que yo me gradué dos años antes de que ella entrase en el colegio.
- Cierto, disculpa mi torpeza, a veces se me olvida completamente que eres de la misma edad que los mellizos. El tiempo es tan diferente para nosotros…- dijo Deneb antes de reírse en bajito por la pequeña broma que solo los miembros de aquella rama de la familia Black entenderían.
Y que esperaban que Anil formase pronto parte de ella, ya que la reunión se estaba realizando justo por esa razón.
Anil Thomas había sido compañera de curso, y amiga, de Hydra y Arcturus Black durante su estancia en Hogwarts. Tras su graduación, estudió duramente para poder licenciarse como profesora de Historia y Runas, y a sus veintitrés había conseguido una plaza en el mismo colegio en el que estudió sus siete años de formación como bruja.
Fue allí, durante la primera clase que impartió a los alumnos de Hufflepuff y Ravenclaw de quinto, donde conoció a la hermana pequeña de sus dos amigos Black: Wallburga Aurore. La pequeña Wally duró muy poco siendo solo una alumna más.
Poco después de las vacaciones de primavera, Anil y ella comenzaron un romance en secreto, no por miedo a las represalias de que una profesora y una alumna estuviesen juntas, si no por la reacción que el hermano mayor de Wally, Eridani, pudiese tener. Asi que esperaron hasta la graduación de este, coincidiendo con el término de las clases, para hacer oficial su compromiso.
Y ahora, meses más tarde, a escasas semanas de que ambas tuvieran que regresar a Hogwarts para un nuevo curso escolar, Anil había viajado hasta París (ya que aún era pronto como para mostrarle Nunca Jamás) para conocer formalmente a los padres de su pareja, los que esperaba que en un futuro fuesen sus suegros.
La tarde continuó avanzando, y antes de que la primera farola se encendiese, ambas parejas se despidieron, dejando que la más reciente disfrutase de las últimas horas de luz en la terraza.
Deneb se abrazó del brazo de Regulus, y apoyó la cabeza en su hombro mientras paseaban tranquilamente, disfrutando de su mera compañía rumbo a la taberna del barrio mágico de París, donde volverían a Nunca Jamás gracias a los polvos Flú:
- Me parece perfecta.- dijo Deneb, rompiendo el silencio a las tres calles.
- No sé que me esperaba, realmente.- confesó Regulus.- Creo que la idea de que le sacase tantos años me había dejado en shock y no sabía ni qué me iba a encontrar.
- ¿No te sorprendió más el hecho de que fuese una mujer?
- Creo que Eridani ya nos tiene curados de espantos.- murmuró, provocando la risa de su mujer.- Pero a pesar de todo, de que no sabía ni que esperar de todo esto, ha sobrepasado todas mis expectativas.
- Es decir, que coincides conmigo, ¿no?
- Exacto, ma vie, Anil es perfecta para nuestra Wally.
Deneb se abrazó aún más a Regulus y volvieron a sumirse en un silencio cómodo hasta que llegaron a su destino.
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Mortífagos
La hora de la cena se aproximaba, y los pasillos del colegio cada vez estaban más y más vacíos.
Un aire invernal recorría el interior de los muros de piedra, y los pocos alumnos que aún no habían ido acercándose al gran comedor se apelotonaban unos a otros para poder protegerse del frío de noviembre.
Albus abrazó con fuerza el gran volumen de astronomía y se encogió un poco sobre sí mismo. Se había manchado la túnica en pociones cuando su caldero había decidido empezar a hervir sin aviso alguno. Así que por mucho que quisiera, el jersey no le protegía de las temperaturas de aquellas horas.
Echó un poquito de vaho en las manos mientras caminaba con la vista pegada al suelo. Sus pensamientos iban recorriendo mentalmente todos los lugares donde podría estar su hermano James, al que pensaba pedirle prestado un jersey o algo para ponerse durante la cena.
Pero su camino no duró mucho tiempo, ya que no se fijó, y al girar en una esquina se chocó bruscamente contra dos estudiantes que estaban jugando con una bola de cristal.
Bola de cristal que acabó hecha añicos en el suelo.
Albus la miró estupefacto y notó como las mejillas adquirían un color granate muy vivo:
- Lo siento… no iba mirando por donde andaba…- comenzó a balbucear sin atreverse a mirarles a la cara.
- Ya, pues deberías, ¿sabes?- la contestación seca de uno de ellos no ayudó a que el joven Potter pudiese despegar sus ojos del suelo.
- Lo sé… no volverá a suceder.
- Lo que faltaba.- la voz ya no solo era dolida por la pérdida del frágil objeto, era una voz enfadada.- ¿Sabes lo importante que era esa pelota para mí?
- Lo siento muchísimo. La pagaré, te doy mi palabra.
- ¿Y te crees que me vale la palabra de un slytherin?
Tras eso no pudo mantener la mirada baja mucho más. Sus ojos se posaron en los dos alumnos de Gryffindor que le cerraban el pasillo, acorralándole contra la pared:
- Ya he dicho que lo siento, y además pagaré lo que haga falta.
- Y nosotros te hemos dicho que no nos fiamos de ti.
- Cierto, seguro que ha sido hecho a posta.
- Los slytherin siempre estáis fastidiando. Os creéis los amos del mundo y no es así.
- ¡Solo me he chocado! ¡¿Vale?! ¡¿Yo que iba a saber que teníais algo tan frágil en las manos?!- aquellas acusaciones se estaban pasando de castaño oscuro.
Uno de los adolescentes empujó al joven, haciendo que trastabillara y el libro que sostenía entre las manos cayese al suelo. En el último momento logró mantener el equilibrio, y caminó varios pasos hacia atrás, volviendo a aparecer en el pasillo por el que había venido:
- No nos levantes la voz, slytherin, no eres más que nosotros.
- Pues entonces dejadme en paz.
- ¿Te atreves a darnos órdenes?- el más alto se acercó peligrosamente a Albus.- Más te vale darte cuenta de que en esta época ser de Slytherin no te da derecho a creerte mejor que nadie.
- Hombre, mejor que vosotros no es difícil.- intervino una tercera voz.
Albus se giró bruscamente, ahogando un gemido reconfortante entre sus labios al encontrarse de cara con Scorpius.
Este le sonrió levemente antes de colocarse a su lado, mirando desafiante a los otros dos:
- Ya ha dicho que la pagará, así que recoged los cristales y dejarle en paz.- su voz no admitía replica alguna.
- Vaya, un Malfoy… De este si que no nos podemos librar.
Los dos gryffindor se rieron por lo bajo ante el comentario:
- ¿Y con eso quieres decir que…?- si Scorpius ya estaba enfadado, ahora estaba furioso.
- ¿Te crees que la palabra del hijo de un mortífago vale mucho?
El rubio apretó los puños con fuerza, y su rostro se volvió completamente pálido, haciendo que el color rosado de sus labios resaltara casi antinaturalmente:
- No te atrevas a nombrar a mi padre así.
- ¿A tu padre no? Pero a tu abuelo sí, ¿no? Porque total, ambos eran de la misma escoria.
Scorpius levantó el puño e impactó en la barbilla del otro chico, tirándole al suelo, haciendo que el ruido del cuerpo al caer resonara por todo el pasillo. Por no hablar de los cristales que se clavó en las manos:
- ¡Cabrón!-gritó su amigo, agachándose a su lado.- Os vais a enterar, mortífagos de mierda.
Esta vez, a Malfoy no le dio tiempo a poder hacer nada, ya que el puñetazo no fue dirigido hacia él, si no contra Albus, haciendo que se chocara contra la pared más cercana:
- ¡Cobarde! ¡Él no te había hecho nada!- bramó Scorpius lanzándose contra él, pero el otro adolescente se levantó, agarrándole de ambos brazos, impidiendo que le golpeara.
Ambos gryffindor sonrieron, mirando como el rubio se retorcía. No es que fueran unos chicos violentos normalmente, simplemente que no iban a permitir que dos slytherin les trataran así.
El joven que había golpeado a Potter levantó el puño, iba a dejarle un ojo morado, un bonito recuerdo para que el niñato supiera que con un alumno de Gryffindor jamás debía meterse.
Pero ese golpe jamás llegó al rostro de Scorpius.
Una patada en la cabeza lanzó al adolescente varios metros de donde se encontraba.
La autora de esta, una joven ravenclaw de oscuros cabellos cortos, acabó de pie justo en el mismo lugar donde había estado su víctima. Sonrió y se colocó bien la falda antes de mirar al otro gryffindor:
- ¿Es que vuestros padres no os han dicho nunca que no hay que meterse con gente más pequeña que vosotros?
No le dio tiempo a contestar, si es que se le había pasado por la cabeza el hacerlo, ya que una mano agarró con fuerza sus cabellos, tirando de él hacia atrás, provocando que soltara a Scorpius antes de colocar un cristal contra su desnudo cuello:
- Y menos meteros con un… ¿cómo decís vosotros? Ah… sí… mortífago.- dijo una voz masculina a su oído.
La chica sonrió, y abrió la boca para contestar, pero el joven se había levantado y corría hacia ella para golpearla. La ravenclaw empujó a Malfoy, apartándole de la pelea, y descargó con fuerza un puñetazo contra su agresor.
Scorpius corrió al lado de Albus, que miraba estupefacto como la pelea entre los cuatro adolescentes comenzaba encarnizadamente. Aún no entendía muy bien que era lo que había pasado, ni lo que estaba sucediendo en ese mismo instante. Momentos antes había sido atacado injustamente por un chico, y ahora veía como el mismo estaba siendo sepultado contra el suelo bajo los puñetazos de un joven de cabellos revueltos que le llegaban hasta la mitad de la espalda:
- Albus.- la voz de su compañero le volvió a la realidad, perdiéndose en sus claros ojos.- ¿Estás bien? Déjame verte el labio.
El pelinegro asintió, sin poner resistencia alguna, notando por primera vez el corte que le recorría el labio inferior, empapando su barbilla y cuello de caliente sangre. En otras circunstancias ya se habría puesto a llorar (no es que tuviera el umbral del dolor muy alto que digamos), pero la pelea le había dejado totalmente absorto, y dejaba que Scorpius le limpiara la herida con el puño de su camisa sin dejar escapar un solo quejido.
Seguramente solo pasaron escasos minutos, pero para los dos alumnos de Slytherin se les hicieron eternos. Cuando ambos ravenclaw se separaron de los otros dos, que corrían asustados por el pasillo, a Scorpius se le hacía que habían pasado milenios desde el incidente de su amigo:
- De verdad, y encima irán con el cuento de que somos unos violentos a cualquier profesor ¡Mamones!- exclamó la joven con el puño en alto antes de girarse a los dos pequeños que seguían sentados contra la pared de piedra.- Vaya, Albus, el corte de tu labio se ve muy feo, será mejor que avisemos a tu hermano y vayáis a enfermería.
El Potter la miró desconcertado mientras se levantaba con la ayuda del rubio:
- Lo siento, ¿pero nos conocemos?
- Era imposible que un Black no conociese a un Potter.- esta vez, la contestación vino de parte de su otro salvador, cuyos cabellos se encontraban ahora anudados en una coleta contra su nuca.
- ¡Ya decía yo que me sonabais!- dijo de pronto Scorpius.- Sois los hijos de Regulus y Deneb, ¿verdad?
- Teniendo en cuenta de que somos familia, la verdad es que me sorprende que no te hayas dado cuenta antes, lumbreras.- la chica se inclinó sobre su hermano.- ¿Ves? Esto es lo que pasa con la rama de la familia rubia.
- Oye, que te he oído.
- Eso pretendía.
- ¿Los medio franceses sois siempre tan graciosos?
- Uy, solemos serlo más, créeme.
Mientras la joven Black y Scorpius “discutían”, el muchacho de largos cabellos se acercó hasta Albus, tendiéndole un blanco pañuelo de seda:
- Gracias.- fue capaz de murmurar mientras lo aceptaba, notando de nuevo sus mejillas coloradas.
- Tranquilo. Mi nombre es Arcturus, y el de mi hermana es Hydra, por si no nos recordabas.
- Me resulta un poco embarazoso ese hecho, perdonarme.
- No te disculpes, por mi parte no es que me guste mucho llamar la atención. Ya por la de Hydra…
La interpelada abrió la boca para contestar, seguramente para defenderse, pero en ese momento otra voz al otro lado del pasillo hizo que los cuatro se girasen:
- ¡Albus! ¡¿Estás bien?!- James corría hacia ellos con la palabra preocupación pintada en el rostro.
- Mira, un trabajo que nos ahorramos.- murmuró Hydra.
- Nosotros nos vamos, cualquier cosa que necesitéis, ambos, llamadnos.- y tras esa extraña despedida, los hermanos se marcharon cogidos de la mano.
Cuando el otro Potter llegó a su lado, abrazó con fuerza a su hermano, incluso antes de que Scorpius le advirtiese de que tuviese cuidado con la herida del labio del menor. Pero Albus ni siquiera abrió la boca, sus ojos se perdían en la esquina del fondo del pasillo, donde Arcturus e Hydra habían desaparecido segundos antes.
Un aire invernal recorría el interior de los muros de piedra, y los pocos alumnos que aún no habían ido acercándose al gran comedor se apelotonaban unos a otros para poder protegerse del frío de noviembre.
Albus abrazó con fuerza el gran volumen de astronomía y se encogió un poco sobre sí mismo. Se había manchado la túnica en pociones cuando su caldero había decidido empezar a hervir sin aviso alguno. Así que por mucho que quisiera, el jersey no le protegía de las temperaturas de aquellas horas.
Echó un poquito de vaho en las manos mientras caminaba con la vista pegada al suelo. Sus pensamientos iban recorriendo mentalmente todos los lugares donde podría estar su hermano James, al que pensaba pedirle prestado un jersey o algo para ponerse durante la cena.
Pero su camino no duró mucho tiempo, ya que no se fijó, y al girar en una esquina se chocó bruscamente contra dos estudiantes que estaban jugando con una bola de cristal.
Bola de cristal que acabó hecha añicos en el suelo.
Albus la miró estupefacto y notó como las mejillas adquirían un color granate muy vivo:
- Lo siento… no iba mirando por donde andaba…- comenzó a balbucear sin atreverse a mirarles a la cara.
- Ya, pues deberías, ¿sabes?- la contestación seca de uno de ellos no ayudó a que el joven Potter pudiese despegar sus ojos del suelo.
- Lo sé… no volverá a suceder.
- Lo que faltaba.- la voz ya no solo era dolida por la pérdida del frágil objeto, era una voz enfadada.- ¿Sabes lo importante que era esa pelota para mí?
- Lo siento muchísimo. La pagaré, te doy mi palabra.
- ¿Y te crees que me vale la palabra de un slytherin?
Tras eso no pudo mantener la mirada baja mucho más. Sus ojos se posaron en los dos alumnos de Gryffindor que le cerraban el pasillo, acorralándole contra la pared:
- Ya he dicho que lo siento, y además pagaré lo que haga falta.
- Y nosotros te hemos dicho que no nos fiamos de ti.
- Cierto, seguro que ha sido hecho a posta.
- Los slytherin siempre estáis fastidiando. Os creéis los amos del mundo y no es así.
- ¡Solo me he chocado! ¡¿Vale?! ¡¿Yo que iba a saber que teníais algo tan frágil en las manos?!- aquellas acusaciones se estaban pasando de castaño oscuro.
Uno de los adolescentes empujó al joven, haciendo que trastabillara y el libro que sostenía entre las manos cayese al suelo. En el último momento logró mantener el equilibrio, y caminó varios pasos hacia atrás, volviendo a aparecer en el pasillo por el que había venido:
- No nos levantes la voz, slytherin, no eres más que nosotros.
- Pues entonces dejadme en paz.
- ¿Te atreves a darnos órdenes?- el más alto se acercó peligrosamente a Albus.- Más te vale darte cuenta de que en esta época ser de Slytherin no te da derecho a creerte mejor que nadie.
- Hombre, mejor que vosotros no es difícil.- intervino una tercera voz.
Albus se giró bruscamente, ahogando un gemido reconfortante entre sus labios al encontrarse de cara con Scorpius.
Este le sonrió levemente antes de colocarse a su lado, mirando desafiante a los otros dos:
- Ya ha dicho que la pagará, así que recoged los cristales y dejarle en paz.- su voz no admitía replica alguna.
- Vaya, un Malfoy… De este si que no nos podemos librar.
Los dos gryffindor se rieron por lo bajo ante el comentario:
- ¿Y con eso quieres decir que…?- si Scorpius ya estaba enfadado, ahora estaba furioso.
- ¿Te crees que la palabra del hijo de un mortífago vale mucho?
El rubio apretó los puños con fuerza, y su rostro se volvió completamente pálido, haciendo que el color rosado de sus labios resaltara casi antinaturalmente:
- No te atrevas a nombrar a mi padre así.
- ¿A tu padre no? Pero a tu abuelo sí, ¿no? Porque total, ambos eran de la misma escoria.
Scorpius levantó el puño e impactó en la barbilla del otro chico, tirándole al suelo, haciendo que el ruido del cuerpo al caer resonara por todo el pasillo. Por no hablar de los cristales que se clavó en las manos:
- ¡Cabrón!-gritó su amigo, agachándose a su lado.- Os vais a enterar, mortífagos de mierda.
Esta vez, a Malfoy no le dio tiempo a poder hacer nada, ya que el puñetazo no fue dirigido hacia él, si no contra Albus, haciendo que se chocara contra la pared más cercana:
- ¡Cobarde! ¡Él no te había hecho nada!- bramó Scorpius lanzándose contra él, pero el otro adolescente se levantó, agarrándole de ambos brazos, impidiendo que le golpeara.
Ambos gryffindor sonrieron, mirando como el rubio se retorcía. No es que fueran unos chicos violentos normalmente, simplemente que no iban a permitir que dos slytherin les trataran así.
El joven que había golpeado a Potter levantó el puño, iba a dejarle un ojo morado, un bonito recuerdo para que el niñato supiera que con un alumno de Gryffindor jamás debía meterse.
Pero ese golpe jamás llegó al rostro de Scorpius.
Una patada en la cabeza lanzó al adolescente varios metros de donde se encontraba.
La autora de esta, una joven ravenclaw de oscuros cabellos cortos, acabó de pie justo en el mismo lugar donde había estado su víctima. Sonrió y se colocó bien la falda antes de mirar al otro gryffindor:
- ¿Es que vuestros padres no os han dicho nunca que no hay que meterse con gente más pequeña que vosotros?
No le dio tiempo a contestar, si es que se le había pasado por la cabeza el hacerlo, ya que una mano agarró con fuerza sus cabellos, tirando de él hacia atrás, provocando que soltara a Scorpius antes de colocar un cristal contra su desnudo cuello:
- Y menos meteros con un… ¿cómo decís vosotros? Ah… sí… mortífago.- dijo una voz masculina a su oído.
La chica sonrió, y abrió la boca para contestar, pero el joven se había levantado y corría hacia ella para golpearla. La ravenclaw empujó a Malfoy, apartándole de la pelea, y descargó con fuerza un puñetazo contra su agresor.
Scorpius corrió al lado de Albus, que miraba estupefacto como la pelea entre los cuatro adolescentes comenzaba encarnizadamente. Aún no entendía muy bien que era lo que había pasado, ni lo que estaba sucediendo en ese mismo instante. Momentos antes había sido atacado injustamente por un chico, y ahora veía como el mismo estaba siendo sepultado contra el suelo bajo los puñetazos de un joven de cabellos revueltos que le llegaban hasta la mitad de la espalda:
- Albus.- la voz de su compañero le volvió a la realidad, perdiéndose en sus claros ojos.- ¿Estás bien? Déjame verte el labio.
El pelinegro asintió, sin poner resistencia alguna, notando por primera vez el corte que le recorría el labio inferior, empapando su barbilla y cuello de caliente sangre. En otras circunstancias ya se habría puesto a llorar (no es que tuviera el umbral del dolor muy alto que digamos), pero la pelea le había dejado totalmente absorto, y dejaba que Scorpius le limpiara la herida con el puño de su camisa sin dejar escapar un solo quejido.
Seguramente solo pasaron escasos minutos, pero para los dos alumnos de Slytherin se les hicieron eternos. Cuando ambos ravenclaw se separaron de los otros dos, que corrían asustados por el pasillo, a Scorpius se le hacía que habían pasado milenios desde el incidente de su amigo:
- De verdad, y encima irán con el cuento de que somos unos violentos a cualquier profesor ¡Mamones!- exclamó la joven con el puño en alto antes de girarse a los dos pequeños que seguían sentados contra la pared de piedra.- Vaya, Albus, el corte de tu labio se ve muy feo, será mejor que avisemos a tu hermano y vayáis a enfermería.
El Potter la miró desconcertado mientras se levantaba con la ayuda del rubio:
- Lo siento, ¿pero nos conocemos?
- Era imposible que un Black no conociese a un Potter.- esta vez, la contestación vino de parte de su otro salvador, cuyos cabellos se encontraban ahora anudados en una coleta contra su nuca.
- ¡Ya decía yo que me sonabais!- dijo de pronto Scorpius.- Sois los hijos de Regulus y Deneb, ¿verdad?
- Teniendo en cuenta de que somos familia, la verdad es que me sorprende que no te hayas dado cuenta antes, lumbreras.- la chica se inclinó sobre su hermano.- ¿Ves? Esto es lo que pasa con la rama de la familia rubia.
- Oye, que te he oído.
- Eso pretendía.
- ¿Los medio franceses sois siempre tan graciosos?
- Uy, solemos serlo más, créeme.
Mientras la joven Black y Scorpius “discutían”, el muchacho de largos cabellos se acercó hasta Albus, tendiéndole un blanco pañuelo de seda:
- Gracias.- fue capaz de murmurar mientras lo aceptaba, notando de nuevo sus mejillas coloradas.
- Tranquilo. Mi nombre es Arcturus, y el de mi hermana es Hydra, por si no nos recordabas.
- Me resulta un poco embarazoso ese hecho, perdonarme.
- No te disculpes, por mi parte no es que me guste mucho llamar la atención. Ya por la de Hydra…
La interpelada abrió la boca para contestar, seguramente para defenderse, pero en ese momento otra voz al otro lado del pasillo hizo que los cuatro se girasen:
- ¡Albus! ¡¿Estás bien?!- James corría hacia ellos con la palabra preocupación pintada en el rostro.
- Mira, un trabajo que nos ahorramos.- murmuró Hydra.
- Nosotros nos vamos, cualquier cosa que necesitéis, ambos, llamadnos.- y tras esa extraña despedida, los hermanos se marcharon cogidos de la mano.
Cuando el otro Potter llegó a su lado, abrazó con fuerza a su hermano, incluso antes de que Scorpius le advirtiese de que tuviese cuidado con la herida del labio del menor. Pero Albus ni siquiera abrió la boca, sus ojos se perdían en la esquina del fondo del pasillo, donde Arcturus e Hydra habían desaparecido segundos antes.
Casa
Las primeras navidades fueron las peores.
Cuando llegué a la estación, mi madre se acercó a darme un abrazo, seco y frío… papá solo me revolvió los cabellos, y tras depositarme un beso en la frente, recogió mi baúl.
No decían nada, aseguraban que no importaba que estuviese en Slytherin, que era una casa como otra cualquiera y que seguían sintiéndose orgullosos de mí.
Yo sabía que no era así, me demostraban día tras día que les había decepcionado.
Pero nada de eso fue comparado a la reunión anual de los Weasley. Durante el Solsticio de Diciembre, la familia al completo se reúne en la Madriguera, y se celebra todo el día y toda la noche.
Solo mis primos Louis y Fred parecían no preocuparse en absoluto sobre la elección que el Sombrero Seleccionador había elegido para mí.
El regreso a Hogwarts fue para mí como si me estuvieran llevando a la cárcel.
Notaba que si todo lo que estaba pasándo fuera culpa mía. Que había ido a Slytherin en vez de Gryffindor por alguna cosa malvada que había hecho en el pasado. Que todo eso que sentía me lo había buscado yo solito.
Yo era malvado y me merecía estar donde estaba.
Cuando estuve de nuevo en la cama de los dormitorios de Slytherin, me eché a llorar. No entendía nada de lo que sucedía, y lo único que notaba era constantemente ese desespero y culpabilidad en mi pecho.
No aguanté mucho rato arropado bajo esas suaves y cálidas mantas. Sentía que me agobiaba.
Así que me puse la bata y las zapatillas y bajé a la sala común.
Gracias a Merlín que estaba vacía. Me hice un ovillito sobre el sofá de cuero negro que descansaba frente a la chimenea, a esas horas apagada, y lloré aún más alto de lo que había hecho en la habitación:
- Eres un llorica.
Aquella voz a mi espalda me sobresaltó, y del susto caí al suelo:
- Y encima torpe.
Me puse corriendo las gafas y cuando logré enfocar la vista, me sonrojé al ver quien me estaba hablando.
No lo entendía aún, pero Scorpius Malfoy imponía demasiado, tanto, que cuando estaba cerca de él el nerviosismo me impedía hablar con claridad y acababa tartamudeando:
- ¿Qué haces aquí?- logré preguntar mientras me levantaba.
- Es que tus lloriqueos no me dejaban dormir, y pensé en bajar a la sala… pero que casualidad que tus pucheritos de bebé también estén aquí.
Bajé la mirada azorado, y una nueva lágrima se deslizó por mi mejilla sonrojada:
- Lo siento…
Él solo suspiró antes de dejarse caer estrepitosamente sobre el sofá. Era raro, pero a pesar de comportarse con la naturalidad con que uno se comportaría en su casa, siempre parecía que estaba elegante, hiciese lo que hiciese.
Como un príncipe.
- Y, ¿se puede saber a que viene tanto lloriqueo?
- Me vas a pegar si te lo digo.
- Ni que fuera un maltratador.
- A veces lo pareces.
- Mira, no te pases.
- Lo siento.
- ¿Pero me lo cuentas o no?
- Es que me darás un capón fijo…
- Mira, enano, o me lo cuentas o te pego.
- ¡Eso se llama abuso!- exclamé mientras me sentaba a su lado, secándome las lágrimas y colocándome bien las gafas.
- Será lo que sea, pero cuéntamelo de una vez.
- Es… sobre….- murmuré mientras subía las piernas y las abrazaba, enterrando mi rostro entre ellas.- El estar… en esta… casa…
- Vamos, que no quieres estar en Slytherin.- sentenció.
Yo negué débilmente, y me puse a llorar otra vez. No aguantaba esa presión constante. Notaba como si todos los ojos me mirasen y me señalaran acusatoriamente:
- ¿Y no quieres estar aquí por…?
- Todos dicen que es la peor casa…
- ¿Y quienes son todos?
- … mi familia.
- Pues tu familia es estúpida.
Levanté la vista empañada corriendo, quedándome totalmente sorprendido ante tal acusación:
- Esto es Hogwarts, la escuela de magia más importante del mundo. ¿Qué más da en que casa estés?- mientras hablaba se iba acercando más a mí.- Es decir, tienes el privilegio de estar aquí. No solo eso, además tienes unas notas altísimas, y por si fuera poco, te encuentras en la casa que tiene la sala común más bonita de todas.- levantó una mano, y tras quitarme las gafas, me secó las lágrimas con la manga de su pijama.
Yo cerré los ojos, calmado, concentrándome en su voz. Las cosas que decía no eran tan descabelladas:
- Pero siento que les he decepcionado.
- Pues demuéstrales que no es así, que vales mucho. Lucha con todas tus fuerzas y deja a todos boquiabiertos cuando consigas que Slytherin sea la ganadora de la Copa de la Casa.
Nuevamente me puso las gafas y pude volver a mirarle a los ojos. Eran tan profundos… y totalmente sinceros.
No pude evitar sonrojarme, tenía tantísima razón que me sentía estúpido a su lado:
- Enséñales de qué material estás hecho, y no te dejes nunca vencer.
Suspiré, y asentí, notando como esa angustia que había sentido desde el primer día de clases se iba evaporando poco a poco. Scorpius me miraba sonriente y revolvió mis cabellos, como si hubiera bajado con el propósito de calmarme y lo hubiese conseguido:
- Malfoy…
- Dime.
- ¿Te importa pasar la noche aquí conmigo?
- Eres un bebé, ¿lo sabías?
- Lo sien… ¡ay!- no pude terminar mi disculpa ya que Scorpius me dio un fuerte capón en la nuca.- ¿Y ahora que he hecho?
- Deja de pedirme perdón por todo.- y tras decir eso, se tumbó en el sofá cómodamente.- Además, solo he dicho que eres un bebé, no que no me vaya a quedar contigo.
Y sonrió. Era la sonrisa más bonita que había visto nunca. Amplia, reluciente, y muy cálida.
Cuando llegué a la estación, mi madre se acercó a darme un abrazo, seco y frío… papá solo me revolvió los cabellos, y tras depositarme un beso en la frente, recogió mi baúl.
No decían nada, aseguraban que no importaba que estuviese en Slytherin, que era una casa como otra cualquiera y que seguían sintiéndose orgullosos de mí.
Yo sabía que no era así, me demostraban día tras día que les había decepcionado.
Pero nada de eso fue comparado a la reunión anual de los Weasley. Durante el Solsticio de Diciembre, la familia al completo se reúne en la Madriguera, y se celebra todo el día y toda la noche.
Solo mis primos Louis y Fred parecían no preocuparse en absoluto sobre la elección que el Sombrero Seleccionador había elegido para mí.
El regreso a Hogwarts fue para mí como si me estuvieran llevando a la cárcel.
Notaba que si todo lo que estaba pasándo fuera culpa mía. Que había ido a Slytherin en vez de Gryffindor por alguna cosa malvada que había hecho en el pasado. Que todo eso que sentía me lo había buscado yo solito.
Yo era malvado y me merecía estar donde estaba.
Cuando estuve de nuevo en la cama de los dormitorios de Slytherin, me eché a llorar. No entendía nada de lo que sucedía, y lo único que notaba era constantemente ese desespero y culpabilidad en mi pecho.
No aguanté mucho rato arropado bajo esas suaves y cálidas mantas. Sentía que me agobiaba.
Así que me puse la bata y las zapatillas y bajé a la sala común.
Gracias a Merlín que estaba vacía. Me hice un ovillito sobre el sofá de cuero negro que descansaba frente a la chimenea, a esas horas apagada, y lloré aún más alto de lo que había hecho en la habitación:
- Eres un llorica.
Aquella voz a mi espalda me sobresaltó, y del susto caí al suelo:
- Y encima torpe.
Me puse corriendo las gafas y cuando logré enfocar la vista, me sonrojé al ver quien me estaba hablando.
No lo entendía aún, pero Scorpius Malfoy imponía demasiado, tanto, que cuando estaba cerca de él el nerviosismo me impedía hablar con claridad y acababa tartamudeando:
- ¿Qué haces aquí?- logré preguntar mientras me levantaba.
- Es que tus lloriqueos no me dejaban dormir, y pensé en bajar a la sala… pero que casualidad que tus pucheritos de bebé también estén aquí.
Bajé la mirada azorado, y una nueva lágrima se deslizó por mi mejilla sonrojada:
- Lo siento…
Él solo suspiró antes de dejarse caer estrepitosamente sobre el sofá. Era raro, pero a pesar de comportarse con la naturalidad con que uno se comportaría en su casa, siempre parecía que estaba elegante, hiciese lo que hiciese.
Como un príncipe.
- Y, ¿se puede saber a que viene tanto lloriqueo?
- Me vas a pegar si te lo digo.
- Ni que fuera un maltratador.
- A veces lo pareces.
- Mira, no te pases.
- Lo siento.
- ¿Pero me lo cuentas o no?
- Es que me darás un capón fijo…
- Mira, enano, o me lo cuentas o te pego.
- ¡Eso se llama abuso!- exclamé mientras me sentaba a su lado, secándome las lágrimas y colocándome bien las gafas.
- Será lo que sea, pero cuéntamelo de una vez.
- Es… sobre….- murmuré mientras subía las piernas y las abrazaba, enterrando mi rostro entre ellas.- El estar… en esta… casa…
- Vamos, que no quieres estar en Slytherin.- sentenció.
Yo negué débilmente, y me puse a llorar otra vez. No aguantaba esa presión constante. Notaba como si todos los ojos me mirasen y me señalaran acusatoriamente:
- ¿Y no quieres estar aquí por…?
- Todos dicen que es la peor casa…
- ¿Y quienes son todos?
- … mi familia.
- Pues tu familia es estúpida.
Levanté la vista empañada corriendo, quedándome totalmente sorprendido ante tal acusación:
- Esto es Hogwarts, la escuela de magia más importante del mundo. ¿Qué más da en que casa estés?- mientras hablaba se iba acercando más a mí.- Es decir, tienes el privilegio de estar aquí. No solo eso, además tienes unas notas altísimas, y por si fuera poco, te encuentras en la casa que tiene la sala común más bonita de todas.- levantó una mano, y tras quitarme las gafas, me secó las lágrimas con la manga de su pijama.
Yo cerré los ojos, calmado, concentrándome en su voz. Las cosas que decía no eran tan descabelladas:
- Pero siento que les he decepcionado.
- Pues demuéstrales que no es así, que vales mucho. Lucha con todas tus fuerzas y deja a todos boquiabiertos cuando consigas que Slytherin sea la ganadora de la Copa de la Casa.
Nuevamente me puso las gafas y pude volver a mirarle a los ojos. Eran tan profundos… y totalmente sinceros.
No pude evitar sonrojarme, tenía tantísima razón que me sentía estúpido a su lado:
- Enséñales de qué material estás hecho, y no te dejes nunca vencer.
Suspiré, y asentí, notando como esa angustia que había sentido desde el primer día de clases se iba evaporando poco a poco. Scorpius me miraba sonriente y revolvió mis cabellos, como si hubiera bajado con el propósito de calmarme y lo hubiese conseguido:
- Malfoy…
- Dime.
- ¿Te importa pasar la noche aquí conmigo?
- Eres un bebé, ¿lo sabías?
- Lo sien… ¡ay!- no pude terminar mi disculpa ya que Scorpius me dio un fuerte capón en la nuca.- ¿Y ahora que he hecho?
- Deja de pedirme perdón por todo.- y tras decir eso, se tumbó en el sofá cómodamente.- Además, solo he dicho que eres un bebé, no que no me vaya a quedar contigo.
Y sonrió. Era la sonrisa más bonita que había visto nunca. Amplia, reluciente, y muy cálida.
Next Generation
Este es un pequeño post que varia gente me ha pedido ya.
Y no es otro que escribir a la tercera generación de Harry Potter.
Asi que, como soy una gran persona XDDD No solo pondré a los nenes, si no también los matrimonios de donde salieron los retoños jaja (y matrimonios que no tuvieron hijos)
Ronald Billius Weasley and Hermione Jean GrangerRose Weasley 2002 - Ravenclaw
Hugo Weasley 2002 - Gryffindor
William Arthur Weasley and Fleur Delacour
Remus John Lupin and Nymphadora Tonks
George Weasley and Angelina Johnson
Draco Malfoy and Astoria Greengrass
Percival Ignatius Weasley and Audrey Abston
Luna Lovegood and Rolf Scamander
Regulus Arcturus Black and Deneb Black
Neville Longbottom and Hanna Abbott
Seamus John Finnigan and Lavender Laura Brown
Dean Thomas and Parvati Patil
Padma Patil and Alicia Marina Spinnet
Lee Jordan and Katherine Bell
Y no es otro que escribir a la tercera generación de Harry Potter.
Asi que, como soy una gran persona XDDD No solo pondré a los nenes, si no también los matrimonios de donde salieron los retoños jaja (y matrimonios que no tuvieron hijos)
Harry James Potter and Ginevra Molly Weasley
- James Sirius Potter 2000 - Gryffindor
- Albus Severus Potter 2002 - Slytherin
- Lilly Luna Potter 2003 - Gryffindor
Ronald Billius Weasley and Hermione Jean Granger
William Arthur Weasley and Fleur Delacour
- Victoire Weasley 1997 - Beauxbatons
- Dominique Weasley 1999 - Ravenclaw
- Louis Weasley 2000 - Ravenclaw
Remus John Lupin and Nymphadora Tonks
- Theodore Remus Lupin 1997 - Hufflepuff
George Weasley and Angelina Johnson
- Frederich II Weasley 2001 - Gryffindor
- Roxanne Weasley 2003 - Hufflepuff
Draco Malfoy and Astoria Greengrass
- Scorpius Hyperion Malfoy 2002 - Slytherin
Percival Ignatius Weasley and Audrey Abston
- Molly Weasley 1999 - Gryffindor
- Lucy Weasley 2001 - Gryffindor
Luna Lovegood and Rolf Scamander
- Lorcan Scamander 2007 - Ravenclaw
- Lysander Scamander 2007 - Ravenclaw
Regulus Arcturus Black and Deneb Black
- Sirius Arcturus Black 1999 - Ravenclaw
- Hydra Berenice Black 1999 - Ravenclaw
- Eridani Lycoris Black 2004 - Slytherin
- Wallburga Aurore Black 2007 - Hufflepuff
Neville Longbottom and Hanna Abbott
Seamus John Finnigan and Lavender Laura Brown
- Ana Lavender Finnigan 2001 - Hufflepuff
Dean Thomas and Parvati Patil
- Anil Thomas 1999 - Ravenclaw
- Chandrak Thomas 2003 - Gryffindor
Padma Patil and Alicia Marina Spinnet
Lee Jordan and Katherine Bell
- Christine Jordan 2000 - Hufflepuff
- Gloria Jordan 2001 - Gryffindor
- Robert Jordan 2003 - Gryffindor
En francés
Esa era la oportunidad perfecta.
No debía dejarla escapar, pasase lo que pasase. Llevaba todo el día planeándolo, y de esa noche no iba a pasar.
Respiró hondo y puso su potencial lo más fuerte que pudo. Ninguna persona podría resistirse a eso.
Se atusó el cabello, la noche anterior se lo había rizado, y miles de bucles dorados caían por sus hombros. Llevaba un sujetador de encaje turquesa, que realzaba sus (aún faltos de desarrollarse) pechos. Una camiseta de rejilla cubría su torso, mientras sus piernas vestían unas mallas de leopardo celestes. Las botas militares calzaban sus pies. El maquillaje oscuro…
Nada podía fallar.
Arcturus salía de la biblioteca, SIN COMPAÑÍA, y caminaba distraído hacia el patio central. Dominique caminó decidida hacia él, portando la sonrisa más seductora que sus labios fueron capaces de dibujar:
- Arcturus…- siseó el nombre
Este levantó la vista, encontrándose con los lujuriosos ojos de la medio francesa, y sonrió con tranquilidad:
- Ah, hola, Dominique.
Esa voz estaba carente de cualquier emoción, pero eso no haría que la Weasley desistiese ni de desilusionara, en absoluto:
- Arctie… ¿tienes un momento? Desearía poder comentarte unas cosillas…
- Claro, lo que necesites.
Perfecto.
Y como si de una pantera se tratase, se lanzó sobre el joven Black, empujándolo con fuerza contra la pared, colocándose estratégicamente. La rodilla en su entrepierna, los pechos pegados a su cuerpo, el cabello rozándole la piel, las manos cortándole cualquier acceso de huída… y los labios sobre su oído:
- Touche-moi jusqu'à que je me perds entre tes mains.- empezó a susurrar.- J'adore sentir ta peau… Je te vais a remplir de bisous… Tes caresses me tuent… ta bouche est comme du chocolat et j´aime du chocolate… tu est l´homme plus sexy pour moi… j´aime quand tu est avec moi... c´esexcistant… J'aime tes lèvres quand ils se rougissent…
La respiración de Dominique estaba muy acelerada, y sentía como el corazón le latía con tanta fuerza que parecía que se le iba a salir. Lo había conseguido, no había marcha atrás.
Dejó escapar una risita seductora y se separó lo suficiente como para poder ver el rostro de Arcturus… que se encontraba, inexplicablemente, sereno:
- Arcturus… ¿no tienes nada que decir?- aquello sí que no entraba en su plan.
- Bueno, Dominique, verás. Sé que mi madre es francesa, y a veces habla en francés en casa, pero de la familia, el único que sabe ese idioma, es mi hermano Eridani.
- Así que, no has entendido nada de lo que te he dicho, ¿no?
- No.
En ese mismo momento, antes de que Dominique pudiera si quiera reaccionar, unas estruendosas carcajadas interrumpieron a ambos jóvenes en su conversación.
Y estas no procedían de otro lugar que de la garganta de Hydra Black, que estaba apoyada contra la puerta de la biblioteca, agarrándose el estómago, presa de un ataque de risa.
Dominique notó como su rostro adquiría mucho calor de golpe, sabedora de que el tono que presentaría sería el de un tomate maduro:
- Bueno, rubita.- dijo Hydra cuando se calmó, provocando que Dominique se apartara corriendo de Arcturus.- Si ya has acabado, me llevo a mi hermano a cenar. Vámonos, Arctie
Y sin esperar una sola respuesta de parte de ninguno, echó a caminar con una sonrisa triunfante en el rostro:
- Siento no haberte sido de ayuda. Nos vemos.
El joven le dedicó una sonrisa culpable y caminó deprisa para cogerse de la mano con su melliza, dejando a Dominique avergonzada en medio del desierto pasillo.
No debía dejarla escapar, pasase lo que pasase. Llevaba todo el día planeándolo, y de esa noche no iba a pasar.
Respiró hondo y puso su potencial lo más fuerte que pudo. Ninguna persona podría resistirse a eso.
Se atusó el cabello, la noche anterior se lo había rizado, y miles de bucles dorados caían por sus hombros. Llevaba un sujetador de encaje turquesa, que realzaba sus (aún faltos de desarrollarse) pechos. Una camiseta de rejilla cubría su torso, mientras sus piernas vestían unas mallas de leopardo celestes. Las botas militares calzaban sus pies. El maquillaje oscuro…
Nada podía fallar.
Arcturus salía de la biblioteca, SIN COMPAÑÍA, y caminaba distraído hacia el patio central. Dominique caminó decidida hacia él, portando la sonrisa más seductora que sus labios fueron capaces de dibujar:
- Arcturus…- siseó el nombre
Este levantó la vista, encontrándose con los lujuriosos ojos de la medio francesa, y sonrió con tranquilidad:
- Ah, hola, Dominique.
Esa voz estaba carente de cualquier emoción, pero eso no haría que la Weasley desistiese ni de desilusionara, en absoluto:
- Arctie… ¿tienes un momento? Desearía poder comentarte unas cosillas…
- Claro, lo que necesites.
Perfecto.
Y como si de una pantera se tratase, se lanzó sobre el joven Black, empujándolo con fuerza contra la pared, colocándose estratégicamente. La rodilla en su entrepierna, los pechos pegados a su cuerpo, el cabello rozándole la piel, las manos cortándole cualquier acceso de huída… y los labios sobre su oído:
- Touche-moi jusqu'à que je me perds entre tes mains.- empezó a susurrar.- J'adore sentir ta peau… Je te vais a remplir de bisous… Tes caresses me tuent… ta bouche est comme du chocolat et j´aime du chocolate… tu est l´homme plus sexy pour moi… j´aime quand tu est avec moi... c´esexcistant… J'aime tes lèvres quand ils se rougissent…
La respiración de Dominique estaba muy acelerada, y sentía como el corazón le latía con tanta fuerza que parecía que se le iba a salir. Lo había conseguido, no había marcha atrás.
Dejó escapar una risita seductora y se separó lo suficiente como para poder ver el rostro de Arcturus… que se encontraba, inexplicablemente, sereno:
- Arcturus… ¿no tienes nada que decir?- aquello sí que no entraba en su plan.
- Bueno, Dominique, verás. Sé que mi madre es francesa, y a veces habla en francés en casa, pero de la familia, el único que sabe ese idioma, es mi hermano Eridani.
- Así que, no has entendido nada de lo que te he dicho, ¿no?
- No.
En ese mismo momento, antes de que Dominique pudiera si quiera reaccionar, unas estruendosas carcajadas interrumpieron a ambos jóvenes en su conversación.
Y estas no procedían de otro lugar que de la garganta de Hydra Black, que estaba apoyada contra la puerta de la biblioteca, agarrándose el estómago, presa de un ataque de risa.
Dominique notó como su rostro adquiría mucho calor de golpe, sabedora de que el tono que presentaría sería el de un tomate maduro:
- Bueno, rubita.- dijo Hydra cuando se calmó, provocando que Dominique se apartara corriendo de Arcturus.- Si ya has acabado, me llevo a mi hermano a cenar. Vámonos, Arctie
Y sin esperar una sola respuesta de parte de ninguno, echó a caminar con una sonrisa triunfante en el rostro:
- Siento no haberte sido de ayuda. Nos vemos.
El joven le dedicó una sonrisa culpable y caminó deprisa para cogerse de la mano con su melliza, dejando a Dominique avergonzada en medio del desierto pasillo.
Saludos
INTENTO NÚMERO 1: Macho
- Vamos, no puede ser tan difícil
- Sabes de sobra que lo es
- Pero eres un Weasley
- Y no un Weasley cualquiera
- ¡Ese es el espíritu!
- Repasemos el plan
- Es una chica bastante dura, un poco basta… una marimacho. Le gustará que la trates como a un macho
- Es un plan infalible
- Se acerca. ¡Mucha suerte!
- Gracias, tío
Hydra entra en el gran comedor de la mano de su hermano mellizo. Esta mañana ha decidido que una palestina muggle sería lo más apropiado para decorar su cabeza.
Fred se levanta de la mesa de Gryffindor y se acerca hasta ella, y cuando Arcturus se adelanta un poco, aprovecha y se coloca a su lado:
- Ey, tío, ¿qué pasa?
La joven Black se gira y le pega un puñetazo en la mandíbula, lanzándole contra una de las mesas:
- ¿¡Quién te crees que soy, gilipollas!? ¡Soy una chica, estúpido Gryffindor!
Fred solo es capaz de ver como se aleja ofendidísima, abrazándose con fuerza al brazo de su hermano, mientras él se limpia con el dorso de la mano la sangre que comienza a salir de su labio partido.
- Pues va a ser que no era tan buena idea
- Habrá que intentarlo de nuevo
INTENTO NÚMERO 2: Señorita
- Vamos, no puede ser tan difícil.
- Sabes de sobra que lo es
- Pero eres un Weasley
- Y no un Weasley cualquiera
- ¡Ese es el espíritu!
- Repasemos el plan
- Es una chica bastante dulce, un poco pija… una verdadera señorita. Le gustará que la trates con todo el respeto que merece una dama
- Es un plan infalible
- Se acerca. ¡Mucha suerte!
- Gracias, tío
Hydra entra en el gran comedor de la mano de su hermano mellizo. Esta mañana ha decidido que una gorra de baseball sería lo más apropiado para decorar su cabeza.
Fred se levanta de la mesa de Gryffindor y se acerca hasta ella, y cuando Arcturus se adelanta un poco, aprovecha y se coloca a su lado:
- Buenos días, señorita Hydra Berenice
La joven Black se gira y le pega un puñetazo en la mandíbula, lanzándole contra una de las mesas:
- ¿¡Quién te crees que soy, gilipollas!? ¡Tengo más cojones que tú, estúpido Gryffindor!
Fred solo es capaz de ver como se aleja ofendidísima, abrazándose con fuerza al brazo de su hermano, mientras él se limpia con el dorso de la mano la sangre que comienza a salir de su labio partido.
- Pues va a ser que no era tan buena idea
- Habrá que intentarlo de nuevo
INTENTO NÚMERO 3: Amigos
- Vamos, no puede ser tan difícil.
- Sabes de sobra que lo es
- Pero eres un Weasley
- Y no un Weasley cualquiera
- ¡Ese es el espíritu!
- Repasemos el plan
- Es una chica bastante simpática, un poco exagerada… una amiga de toda la vida. Le gustará que la trates con confianza y sinceridad
- Es un plan infalible
- Se acerca. ¡Mucha suerte!
- Gracias, tío
Hydra entra en el gran comedor de la mano de su hermano mellizo. Esta mañana ha decidido que un sombrero de copa sería lo más apropiado para decorar su cabeza.
Fred se levanta de la mesa de Gryffindor y se acerca hasta ella, y cuando Arcturus se adelanta un poco, aprovecha y se coloca a su lado:
- ¡Hola, Hydra! ¿Te apetece que desayunemos juntos?
La joven Black se gira y le pega un puñetazo en la mandíbula, lanzándole contra una de las mesas:
- ¿¡Quién te crees que soy, gilipollas!? ¡Soy Hydra Berenice Black, estúpido Gryffindor!
Fred solo es capaz de ver como se aleja ofendidísima, abrazándose con fuerza al brazo de su hermano, mientras él se limpia con el dorso de la mano la sangre que comienza a salir de su labio partido.
- Pues va a ser que no era tan buena idea
- Habrá que intentarlo de nuevo
INTENTO NÚMERO 4: Ignorarla
- Vamos, no puede ser tan difícil.
- Sabes de sobra que lo es
- Pero eres un Weasley
- Y no un Weasley cualquiera
- ¡Ese es el espíritu!
- Repasemos el plan
- Tras haberlo intentado todo, queda claro que es una chica que dará el primer paso… lo mejor es ignorarla, y que sea ella quien nos salude
- Es un plan infalible
- Se acerca. ¡Mucha suerte!
- Gracias, tío
Hydra entra en el gran comedor de la mano de su hermano mellizo. Esta mañana ha decidido que una diadema con orejitas de gato sería lo más apropiado para decorar su cabeza.
Fred sigue desayunando tranquilamente en la mesa de Gryffindor, sin importarle lo más mínimo si Arcturus se adelanta e Hydra aprovecha para colocarse detrás de él.
- Fred
El joven Weasley se gira, para recibir un puñetazo en la mandíbula, tirándole al suelo:
- ¿¡Quién te has creído que eres, gilipollas!? ¡Debes saludarme, estúpido Gryffindor!
Fred solo es capaz de ver como se aleja ofendidísima, abrazándose con fuerza al brazo de su hermano, mientras él se limpia con el dorso de la mano la sangre que comienza a salir de su labio partido.
- Era una buenísima idea, al final te ha saludado
- Lo sé. Tío, somos geniales
- Sep…
- Habrá que repetirlo más veces
- Vamos, no puede ser tan difícil
- Sabes de sobra que lo es
- Pero eres un Weasley
- Y no un Weasley cualquiera
- ¡Ese es el espíritu!
- Repasemos el plan
- Es una chica bastante dura, un poco basta… una marimacho. Le gustará que la trates como a un macho
- Es un plan infalible
- Se acerca. ¡Mucha suerte!
- Gracias, tío
Hydra entra en el gran comedor de la mano de su hermano mellizo. Esta mañana ha decidido que una palestina muggle sería lo más apropiado para decorar su cabeza.
Fred se levanta de la mesa de Gryffindor y se acerca hasta ella, y cuando Arcturus se adelanta un poco, aprovecha y se coloca a su lado:
- Ey, tío, ¿qué pasa?
La joven Black se gira y le pega un puñetazo en la mandíbula, lanzándole contra una de las mesas:
- ¿¡Quién te crees que soy, gilipollas!? ¡Soy una chica, estúpido Gryffindor!
Fred solo es capaz de ver como se aleja ofendidísima, abrazándose con fuerza al brazo de su hermano, mientras él se limpia con el dorso de la mano la sangre que comienza a salir de su labio partido.
- Pues va a ser que no era tan buena idea
- Habrá que intentarlo de nuevo
INTENTO NÚMERO 2: Señorita
- Vamos, no puede ser tan difícil.
- Sabes de sobra que lo es
- Pero eres un Weasley
- Y no un Weasley cualquiera
- ¡Ese es el espíritu!
- Repasemos el plan
- Es una chica bastante dulce, un poco pija… una verdadera señorita. Le gustará que la trates con todo el respeto que merece una dama
- Es un plan infalible
- Se acerca. ¡Mucha suerte!
- Gracias, tío
Hydra entra en el gran comedor de la mano de su hermano mellizo. Esta mañana ha decidido que una gorra de baseball sería lo más apropiado para decorar su cabeza.
Fred se levanta de la mesa de Gryffindor y se acerca hasta ella, y cuando Arcturus se adelanta un poco, aprovecha y se coloca a su lado:
- Buenos días, señorita Hydra Berenice
La joven Black se gira y le pega un puñetazo en la mandíbula, lanzándole contra una de las mesas:
- ¿¡Quién te crees que soy, gilipollas!? ¡Tengo más cojones que tú, estúpido Gryffindor!
Fred solo es capaz de ver como se aleja ofendidísima, abrazándose con fuerza al brazo de su hermano, mientras él se limpia con el dorso de la mano la sangre que comienza a salir de su labio partido.
- Pues va a ser que no era tan buena idea
- Habrá que intentarlo de nuevo
INTENTO NÚMERO 3: Amigos
- Vamos, no puede ser tan difícil.
- Sabes de sobra que lo es
- Pero eres un Weasley
- Y no un Weasley cualquiera
- ¡Ese es el espíritu!
- Repasemos el plan
- Es una chica bastante simpática, un poco exagerada… una amiga de toda la vida. Le gustará que la trates con confianza y sinceridad
- Es un plan infalible
- Se acerca. ¡Mucha suerte!
- Gracias, tío
Hydra entra en el gran comedor de la mano de su hermano mellizo. Esta mañana ha decidido que un sombrero de copa sería lo más apropiado para decorar su cabeza.
Fred se levanta de la mesa de Gryffindor y se acerca hasta ella, y cuando Arcturus se adelanta un poco, aprovecha y se coloca a su lado:
- ¡Hola, Hydra! ¿Te apetece que desayunemos juntos?
La joven Black se gira y le pega un puñetazo en la mandíbula, lanzándole contra una de las mesas:
- ¿¡Quién te crees que soy, gilipollas!? ¡Soy Hydra Berenice Black, estúpido Gryffindor!
Fred solo es capaz de ver como se aleja ofendidísima, abrazándose con fuerza al brazo de su hermano, mientras él se limpia con el dorso de la mano la sangre que comienza a salir de su labio partido.
- Pues va a ser que no era tan buena idea
- Habrá que intentarlo de nuevo
INTENTO NÚMERO 4: Ignorarla
- Vamos, no puede ser tan difícil.
- Sabes de sobra que lo es
- Pero eres un Weasley
- Y no un Weasley cualquiera
- ¡Ese es el espíritu!
- Repasemos el plan
- Tras haberlo intentado todo, queda claro que es una chica que dará el primer paso… lo mejor es ignorarla, y que sea ella quien nos salude
- Es un plan infalible
- Se acerca. ¡Mucha suerte!
- Gracias, tío
Hydra entra en el gran comedor de la mano de su hermano mellizo. Esta mañana ha decidido que una diadema con orejitas de gato sería lo más apropiado para decorar su cabeza.
Fred sigue desayunando tranquilamente en la mesa de Gryffindor, sin importarle lo más mínimo si Arcturus se adelanta e Hydra aprovecha para colocarse detrás de él.
- Fred
El joven Weasley se gira, para recibir un puñetazo en la mandíbula, tirándole al suelo:
- ¿¡Quién te has creído que eres, gilipollas!? ¡Debes saludarme, estúpido Gryffindor!
Fred solo es capaz de ver como se aleja ofendidísima, abrazándose con fuerza al brazo de su hermano, mientras él se limpia con el dorso de la mano la sangre que comienza a salir de su labio partido.
- Era una buenísima idea, al final te ha saludado
- Lo sé. Tío, somos geniales
- Sep…
- Habrá que repetirlo más veces
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