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Clavo

La casa se encontraba en completo silencio, ni el más mínimo ruido osaba turbar aquella tranquilidad tan artificial.

Las cocinas, a pesar de acercarse la hora de la comida, se hallaban quietas.

Nadie se atrevía a respirar más fuerte de lo necesario.

Las órdenes habían sido directas y concisas “Si escucho algo, lo que sea, todos seréis castigados” y después, había desaparecido por el gran pasillo principal del primer piso.

Las horas pasaban, una tras otra, mortecinas y silenciosas, sinuosas, escurriéndose por las paredes mientras el amo se negaba a aparecer y retirar aquel mandato que paralizaba al completo todas las funciones de la casa.

Desabroché el último botón de la camisa y la doblé antes de dejarla sobre la silla:

- Siéntate ahí.

Asentí despacio y me senté en el borde de la cama, notando como cedía ante el peso de Feliks tras sentarse a mi espalda.

Suspiró, un suspiro derrotado.

Me mordí el labio inferior, notando un pequeño flechazo de culpabilidad que atravesaba mi pecho, de un lado al otro, mientras el sonido del trapo al sumergirse en el agua llegaba hasta mis oídos.

No podían permitirse el lujo de seguir esperando. La noche se les echaba encima y las tareas se iban acumulando a una velocidad vertiginosa mientras el tiempo seguía pasando.

Contó hasta diez antes de ponerse de pie, ante la mirada sorprendida de los demás.

No dijo nada, y mientras se arreglaba el uniforme, salió de las dependencias de los criados rumbo a la escalera principal.

El suelo, de madera, estaba cubierto por una acolchada alfombra color granate, que escondía perfectamente mil manchas de sangre que nadie se atrevería a buscar.

Cada paso moría antes de hacer cualquier ruido. Era como caminar por un verde césped, recién cortado, mullido y suave. Era una marea roja que cubría todo el piso bajo antes de perderse en el blanco mármol de las escaleras.

Tomó aire, y consciente del ruido que sus zapatos provocarían, cerró los ojos y subió el pie derecho, dando el primer paso hacia un lugar donde una parte de él suplicaba que no fuese.

Aguanté estoicamente el primer jadeo que luchó por escapar entre mis labios. Pero mi boca cedió ante el dolor que se ahogaba en mi garganta, y cerré los ojos al mismo tiempo que un gemido chocaba contra las paredes… y los oídos de él.

El barreño que descansaba a nuestro lado estaba lleno de un compuesto de agua limpia, caliente, con una hierbas medicinales, especializadas en facilitar la cicatrización.

Escuchaba perfectamente como su respiración era aún más agitada que la mía, y como su mano, hundía el paño en el agua, lo escurría e iba limpiando, lentamente, cada una de las heridas sangrantes que cubrían mi espalda.

La escalera nunca se le había hecho tan interminable, ni se había percatado que el eco de aquella zona resonaba tantísimo.

Su corazón palpitaba con fuerza, y si no fuera porque era físicamente imposible, juraría que el sonido de cada latido se escuchaba incluso más fuerte que sus pisadas.

Izquierda… derecha… arriba… otro más…

Sabía de sobra, que si dejaba de caminar un solo segundo, el terror sería tal que no sería capaz de seguir subiendo.

Su mente se concentró meramente en el ritmo que sus pies iban marcando, olvidándose completamente del ruido monumental que estaba causando o del objetivo que debía cumplir cuando ascendiese al segundo piso.

Las pequeñas lámparas que cubrían todas las paredes se habían encendido hacía unos minutos, y toda la casa se encontraba iluminada, contrastando con la oscuridad absoluta del exterior de la noche nevada.

- Ya está.- susurró, entre dientes, aguantándose unas palabras que no se atrevía a decir.

Odiaba estos momentos, odiaba cada segundo que pasa junto a él. Me odiaba a mí mismo por aquellos momentos que nos obligaba a soportar.

- Gracias.- no dije nada más, no podía decir nada más.

Nos quedamos quietos, sin saber como reaccionar. Sabía que cualquier cosa que dijese o hiciese, le haría daño. Tantísimo daño como el que descansaba ardientemente a mi espalda.

Respiré hondo y me incorporé, recogiendo mi camisa, volviendo a colocármela, mordiéndome la lengua cuando el roce de la tela contra las heridas de los latigazos hizo que mi cuerpo se paralizara durante unos segundos por tal descarga de dolor:

- Escápate.- sabía que no podría callarse tanto tiempo.- No puedes seguir así, vente conmigo y huyamos. ¡Yo te protegeré!

- Sí, como la última vez, ¿verdad?

En cuanto esas palabras salieron a borbotones por mi boca, me arrepentí de haberlas pronunciado.

Debía haber una ventana abierta, ya que una brisa helada se paseaba tranquilamente por todo el primer piso.

El mármol había desaparecido tras el último escalón, y la madera, finamente tallada y pulida, relucía a la luz de las bombillas nuevas, como si estuviese encharcada por un agua cristalina.

Nuevamente, tuvo que tomar aire para reanudar su marcha.

Estaba tan nervioso, que el hecho de tener las manos cayendo inertes a ambos lados de su cuerpo le agobiaba, e inconscientemente, tamborileaba contra sus piernas un ritmo incomprensible que solo su subconsciente podría descifrar.

El viento embraveció, y las contraventanas de la ventana que se encontraba abierta golpearon con fuerza, provocando que el joven se sobresaltara, cesando de respirar durante unos segundos.

Tuvo que obligarse a seguir respirando, intentando tranquilizar a su agitado corazón. No podía dejarlo ahora, no podía echarse hacia atrás.

Tras unos segundos de una tensión de la que ni siquiera era totalmente consciente, su cuerpo respondió a los impulsos, y reanudó los pasos, más rápidos que antes, hacia el siguiente tramo de escaleras.

Acabé de vestirme en silencio, demasiado culpable por las lágrimas que Feliks estaba derramando como para poder decir nada más.

Ajusté mi cinturón y me giré, obligándome a levantar la mirada para encontrarme con el que había sido toda mi vida, llorando en silencio, temblando de pura rabia:

- Debo irme ya.- anuncié, huyendo de su presencia, recogiendo mis cosas y saliendo a paso veloz al pasillo.

- ¡Liet!- le escuché gritar, corriendo tras de mí.

No paré hasta que llegué al vestíbulo, y di un giro sobre mí mismo enfrentándome a aquel rostro empapado, azorado, dolido:

- Quédate conmigo, por favor.

¿Quién podría haberse negado ante aquella suplica? ¿Quién podría haber tenido el corazón tan congelado como para no ceder ante esos ojos llenos de dolor?

- No.

No podía continuar, su corazón latía tan deprisa que sentía como si de un momento a otro se le fuera a salir. Al llegar al segundo piso, se apoyó contra la primera pared que tuvo a su alcance, y cerró los ojos, agotado.

Si aquello no salía como tenía planeado, le mataría. Había desobedecido una orden directa, y eso significaba el castigo máximo.

Miles de torturas diversas ocuparon su mente. Y seguro que a su señor se le ocurrirían mil formas más de hacerle sufrir.

Tragó saliva, humedeciendo su garganta seca a causa de los resuellos que de vez en cuando daba inconscientemente. Si había llegado hasta allí, debía de continuar.

Se separó de la fría pared empapelada y cerró los ojos, mientras caminaba por pura inercia hacia su destino.

La puerta se encontraba entreabierta. No sabía como interpretar aquella señal, pero habiendo llegado hasta allí no podía dudar.

Empujó la madera, provocando un chirrido molesto, antes de adentrarse a su más profundo miedo.

En aquel momento pude escuchar perfectamente como algo dentro de Feliks se rompía. Un pequeño cristal se destruía contra el frío suelo.

Una nueva lágrima surcó sus empapadas mejillas, y noté como mis ojos se humedecían a tal rapidez, que pronto ambos nos encontramos en la misma situación.

Sus hombros temblaban con furia, intentaba mantener una compostura que hacía rato que había perdido. Por mi culpa:

- Tengo que irme ya, si no llegaré tarde.

- Toris, por favor, ya no soy el mismo.- su voz temblaba tanto como su cuerpo.- Soy mucho más fuerte, y si yo solo no puedo, cuento con la ayuda del ingl…

- No puedo dejarle solo.

Mi voz, tajante, cortó de súbito su silencioso llanto:

- ¿No… puedes?

- No quiero dejarle solo.

La habitación se encontraba sumida en las sombras. La única luz era la llama de una gran vela blanca al fondo del cuarto.

Entró y cerró la puerta tras de si, mientras, que notando como su mente se vaciaba de casi cualquier pensamiento, se fue acercando hacia la única figura que se encontraba iluminada en toda aquella estancia.

El hombre, tan alto en la realidad, estaba sentado pegado a la pared hecho un pequeño ovillo. La barbilla descansaba sobre sus rodillas, que mantenía encogidas, dejando las piernas pegadas a su pecho. Y sus manos, nerviosas, jugueteaban con un girasol marchito.

No era más que un niño que teme a la oscuridad.

Ya no podía marcharse. La única oportunidad de abandonar aquella tarea se había esfumado en el momento en el que se adentró en la sala, que escondía acechando tras cada sombra, un monstruo dispuesto a devorarte el alma.

Respiró hondo y le observó de arriba abajo, deteniéndose en sus ojos, normalmente de un azul violeta casi antinatural, que ahora, brillantes y cristalinos cual gotas de lluvia, se veían rojos a causa de la llama de la vela.

Un sollozo desgarrador estalló contra las paredes sin que Feliks pudiera contenerse más:

- Largo de mi casa.

No podía moverme. Era incapaz de dar un solo paso. Quería quedarme a su lado, abrazarle como antaño, acariciar sus cabellos, beber sus lágrimas y besar sus labios.

Pero ahora tenía algo mucho más importante que hacer. Era algo que se había clavado en lo más profundo de mi alma. Era un clavo ardiente, que me desgarraba lentamente, y que no quería arrancarme.

Porque, si tirábamos ese clavo candente, ¿a dónde iría a parar?

- Feliks…

- ¡He dicho que te marches!

Tuve que morderme el labio inferior para aguantarme el sollozo que arañaba con fuera las paredes de mi garganta.

Y sin poder contener las lágrimas que caían a raudales por mi rostro, volviendo borrosa su imagen, me giré y salí a la calle.

Acortó la distancia que aún les separaba y se sentó a su lado.

Ya no tenía miedo, en algún momento, todo ese terror que atenazaba su alma se disipó como el olor de una flor recién cortada cuando su último suspiro de vida vuela junto con su aroma.

Respiró hondo, sin importarle el hacer ruido o no, y apoyó la espalda contra la pared.

La llama danzó frente a sus ojos, calmada hasta ese momento, y que ahora ejecutaba un baile digno de una súcubo en el mismo infierno. Sus colores amarillos y rojos se entremezclaban a cada movimiento y la mecha se consumía a pasos agigantados.

Toris no se sorprendió lo más mínimo, cuando al cabo de unos minutos, Iván apoyó la cabeza en su hombro, dejando que el muerto girasol escurriese entre sus dedos hasta caer al suelo, provocando un sonido sordo, más potente que cualquiera de los pasos que el lituano podría haber dado.

Porque, si tiramos el clavo ardiente que tortura tu alma, ¿a dónde va a parar?

Copo de hielo

Si pudiera matarle, ya lo habría hecho.

Le ataría y le golpearía hasta que muriese, que sus sesos empaparan mis botas y su eterna sonrisa desapareciese entre una masa de carne, huesos y sangre irreconocible.

Abrí los ojos lentamente, y sentí una punzada de dolor que me atravesó el cuerpo. Una descarga eléctrica recorrió mi columna vertebral y me paralizó por completo, desterrando los últimos despojos del sueño anterior.

Me encogí lo poco que el dolor me permitió y cerré los ojos instantáneamente mientras intentaba recuperarme.

Aquella tarde Iván había tenido una reunión que salió mal, y decidió desahogarse conmigo… como siempre. Bajó sonriente hacia mi celda. Era algo que ya conocía de sobra. Para eso estaba allí.

No era un prisionero de guerra, ni siquiera un sirviente. Era su perro.

Pero esta vez, hubo algo diferente. Su sonrisa estaba demasiado ladeada, no canturreaba ninguna nana infantil, no existía esa pequeña inocencia que empapaba su crueldad de una forma casi inverosímil.

Simplemente bajó, y sin mediar palabra alguna, se abalanzó sobre mí. Sus manos inmovilizaron mi cuerpo, y disfrutó de él como quiso tantas veces deseó.

Mordía, arañaba, golpeaba. Yo ni siquiera me resistía, era inútil.

No supe en que momento, la tubería arremetió con tan fuerza en mi cabeza, que todo se tornó negro.

Yo no veía nada, no era capaz si quiera de poder moverme, pero estaba consciente. Aún le notaba sobre mí, escuchaba su respiración entrecortada, el palpitar del corazón contra mi pecho.

Tardó varios segundos en darse cuenta del estado en el que me encontraba, y contra todo pronóstico, cesó en la violación. Se quedó quieto, como analizando la situación.

Y me abrazó.

Levantó mi inerte cuerpo y lo estrechó contra sí, como si me tratase de un gran peluche entre los brazos de un niño pequeño.

No sabía que pensar, no sabía que sentir. Solo notaba el calor que emanaba de él, de cómo su respiración se acompasó a la mía, y sus manos, con una sorprendente ternura, acariciaron mi cabello hasta que quedé dormido.

Cuando aquel dolor tan lacerante me permitió moverme, me giré, reconociendo en el acto el olor de Iván a mi alrededor.

Era un aroma fuerte, embriagador, viril, y al mismo tiempo, dulce como una chocolatina.

Cerré los ojos y disfruté de la sensación de estar en una cama, y no en el frío y húmedo suelo de mi celda. El colchón había sido creado solo para la comodidad perfecta del ruso, teniendo especial cuidado en que cada uno de los muelles que Estonia había tallado en sus tornos se amoldaban perfectamente a la espalda de Iván; los almohadones habían sido rellenados con las plumas más acolchadas y calientes de los gansos de la zona, cuya muerte y desplume fue gracias a las manos del lituano; las sábanas eran aterciopeladas, y junto con la piel de oso que hacía función tanto de decoración como de manta, era imposible no querer perderse en aquella sensación de estar durmiendo sobre una nube.

Pero antes de que pensase siquiera el volver a intentar dormir (si Iván había decidido llevarme a su cama no me iba a quejar ni a cuestionar aquella decisión, era algo demasiado cómodo como para pensar en volver ami calabozo) el sonido de un chelo envolvió al completo el cuarto.

Eran notas lentas, precisas, una tras otra, siguiendo un tempo pausado y melancólico. La gravedad de ellas daba a la melodía un tono oscuro, e incluso levemente aterrador… pero la tristeza con la que estaba tocada dejaba todo aquello en un segundo plano.

Me incorporé, ignorando el latigazo de dolor que arremetió contra mi cuerpo, y mientras notaba como las sábanas se deslizaban sobre mi piel desnuda, observé embelesado al dueño de dicha canción.

Iván estaba desnudo. Su eterna bufanda yacía abandonaba en alguna parte del suelo del dormitorio, y su pálido cuello quedaba expuesto, dejando que las marcadas venas dibujasen contornos violáceos a la luz de la luna que se colaba entre los pesados cortinajes de terciopelo.

Se había sentado sobre el diván que descansaba al fondo del cuarto, y un chelo descansaba entre sus piernas. Era grande, robusto, la madera levemente rojiza denotaba su origen de caoba, y las cuerdas doradas ayudaban a crear un ambiente exótico en aquel instrumento.

Rusia tenía los ojos cerrados, y sus parpados aleteaban mínimamente a cada curvatura que su brazo creaba al mover el arco sobre el chelo.

Sus manos estaban relajadas, y a cada movimiento, parecía como si estuviese sujetando un pequeño copo helado que tuviese miedo de romper. Sus cabellos, sutilmente humedecidos, caían ocultándole parte del rostro, dejando a la vista solo unos cuarteados labios… que tuve las ganas de besar y humedecer yo mismo.

La imagen que presentaba era una verdadera delicia para cualquier espectador.

Él noto que le observaba, y su música de pronto se tornó aún más triste si cabía. Era como si un niño hubiese estallado en llanto en medio de un comedor sin que nadie se hubiese percatado de su dolor hasta aquel momento.

El arco subía y bajaba, y la melodía aceleró los últimos movimientos, rasgando las notas como si se las arrancase a un ser invisible que manipulase el chelo.

No pude aguantarlo más.

Me levanté, sin importarme lo más mínimo el desnudo que presentaba, y caminé hasta quedar a su lado, deleitándome al escuchar como la música fue muriendo lentamente, con una lentitud tan abrumadora, que pude imaginar perfectamente como aquel copo de hielo se derretía entre sus dedos.

Pasaron unos segundos en los que ninguno de los dos se atrevió a romper aquel silencio que se había cernido sobre nosotros. Como su alguien hubiese dejado caer sobre nuestras cabezas un fino velo de seda, y supiéramos que al más mínimo movimiento, la delicada tela cayera al suelo.

Si pudiera matarle, ya lo habría hecho.

Le ataría y le golpearía hasta que muriese, que sus sesos empaparan mis botas y su eterna sonrisa desapareciese entre una masa de carne, huesos y sangre irreconocible.

Me arrodillé sobre el diván, a su vera, y le abracé. Mis brazos rodearon sus hombros, y mis labios volaron hacia aquel cuello siempre cubierto, deleitándome cuando Iván contuvo momentáneamente la respiración durante el beso que deposité en su piel.

Sin moverse demasiado, como si no quisiera molestarme, apoyó el chelo contra el reposabrazos del diván, y dejó escapar un casi inaudible suspiro antes de girarse y perderse en mis ojos.

Había llorado, se le notaba, pero no dije nada, solo me quedé quieto, diciéndole sin palabras que no me iba a marchar, por lo menos no esa noche.

Atrapó mis labios con sus dientes, y los mordisqueó antes de besarme, con una desesperación tan lenta, tan agonizante, como si no se atreviera a darme aquel beso.

Sus brazos rodearon mi cadera y, nuevamente, me estrecharon contra su cuerpo, dejado que sus dedos de chelista recorriesen mi columna vertebral mientras se incorporaba, aguantando mi peso con sus fuertes brazos.

Rodeé su cintura con las piernas, deseando no cortar ese beso nunca, y sin que me diera cuenta, ya nos encontrábamos de nuevo en la cama, bajo la cobija de las sábanas y mantas.

Identificación


Hay pocas imagenes con las que realmente, al verlas, me sienta totalmente identificada...


Tras ver esta, he sonreido y me he llevado las manos a la cara, deseando que estuviesen cubiertas de sangre... sangre de otra persona

Porque si mi moral no me lo impidiese, este dibujo sería una fotografía mía.


Mamá


Mamá... te extraño mucho.

En días como este me siento muy solo sin ti.

Estés donde estés, sabes que te quiero, ¿verdad?

Mamá... te extraño mucho.

Aquí dentro nada malo me puede pasar

Aquí dentro nada malo me puede pasar.

La verdad es que no entiendo como soporto estar todo el tiempo fuera de esta oscuridad tan protectora.

Todo es igual, porque no hay algo que destaque más que otro, todo es igual de oscuro y opaco que el resto.

Porque todo es invisible.

Aquí dentro nada malo me puede pasar.

Los ruidos desaparecen por completo, los olores agobiantes se difuminan en el aire, y solo queda el tacto suave y agradable del pelaje de Kumajiro.

Me hago un ovillito y le abrazo con fuerza. Entierro mi cabeza en su pecho calientito y dejo de ser yo por unos momentos.

Ya no soy “ese”, el de la esquina, el que nadie ve, el que nadie toma en cuenta… ni siquiera su propia familia.

Aquí dentro nada malo me puede pasar.

Y entonces una luz resplandeciente invade mi pequeño lugar seguro, vaciando con crueldad toda la igualdad que empapaba mis poros, devolviéndome bruscamente a la realidad:

- ¿Sigues escondiéndote en el armario, bro?

Como siempre, el “héroe” tenía que venir a “rescatarme”.

- No te importa, Alfred, leave me alone.

Siento como se agacha y se sienta a mi lado, haciendo que la madera del armario cruja bajo nuestros pesos.

Ni siquiera en mi lugar secreto y seguro podía dejarme en paz, dejarme ser a mí el único.

Aún no he separado el rostro de mi osito, así que no logro adivinar cuales son los movimientos de mi hermano, por eso, al notar su mano acariciar mis ondulados cabellos me sobresalto.

Levanto la cabeza corriendo, y cuando logro enfocar la vista a través de mis gafas, me encuentro de pleno con su sonrisa, radiante, agradable, protectora.

Aquel leve gesto me dice todo lo que debo saber.

Él asiente ante mis ojos humedecidos por las lágrimas que nunca llego a derramar.

Me giro, haciendo que mi espalda descanse entre las piernas que ha metido en el mueble y abre para que pueda descansar sobre él. Me abraza con fuerza y cerramos las puertas del armario, volviéndonos a sumir en la más profunda oscuridad.

Aquí dentro nada malo me puede pasar.

Todo es igual, porque no hay algo que destaque más que otro, todo es igual de oscuro y opaco que el resto.

Porque todo es invisible.

Cierro los ojos y disfruto del calor que emana del cuerpo de mi hermano, de sus brazos abrazándome, rodeándome con fuerza, protegiéndome de todo mal.

Y suspiro cuando noto sus labios contra mi cabellera.

Aquí dentro nada malo me puede pasar.

Mein Gott! Piano version

Mentiras

Le odiaba

Le odiaba por muchas razones

Por tratarme como a un esclavo

Por humillarme en innumerables ocasiones

Por recordarme a la familia que había perdido

Por jugar conmigo como si no tuviera sentimientos

Pero por lo que más le odiaba, era por como se comportaba cuando estaba borracho.

Apretó la cadena que aprisionaba mi cuello y tiro de ella con brusquedad, notando en un golpe seco como mi pecho se estrellaba contra el lecho.

Dejé escapar un leve gemido antes de que él me girara y atara el resto de cadenas a una de mis manos, dejando mi lado derecho prácticamente inutilizado:

- ¡HIJO DE PUTA!- le grité mientras intentaba soltarme, a pesar de que sabía que era imposible

Sadiq rió como si acabara de decir la cosa más graciosa del mundo, dejando que notara como su aliento lleno de alcohol se chocaba en mi cara:

- Te equivocas, yo no tengo madre, no tengo familia, no tengo nada

No tenía nada porque no quería

¡Yo estaba dispuesto a ser su hijo! ¡A ser su hermano o lo que él me pidiera!

Todos en aquella casa le querían, algunos más, otros menos… pero de una manera u otra, Sadiq Adnan se había convertido en una figura paternal para todos…

… aunque para algunos era algo más que eso…

Pero yo para él solamente era el gato, un esclavo más, alguien con quien pagar sus enfados y saciar su apetito sexual…

Le odiaba

Llevaba varios días que no podía dormir, miles de pesadillas me atacaban por la noche y era incapaz de conciliar el sueño.

Me despertaba a medianoche bañado en sudor y sin ser capaz de hacer otra cosa que llorar a pleno pulmón, aún aterrado por lo que acababa de soñar.

El turco, a pesar de quejarse y de fingir que estaba enfadado conmigo, de regañarme diciéndome que ya no era un crío como para ponerme así, me dejaba llorar sobre su pecho, y me escuchaba mientras le contaba la pesadilla, y me arrullaba y acunaba hasta que por el cansancio volvía a cerrar mis ojitos.

Pero Sadiq nunca cambiará, y a la tercera noche se hartó y se fue a su harem.

Es normal

Un gran imperio como es él prefiere irse a follar con sus putas antes de estar consolando a un gato temeroso.

Pero eso no quita que duela

Nuevamente, dormido solo en aquella cama tan grande y vacía sin él, las pesadillas se abatieron sobre mí, no iban a parar hasta que me consumieran.

Pero el ruido de unos pasos y de la puerta abrirse las alertó, y me dejaron solo, despertándome con algunos espasmos y un grito ahogado para encontrarme con unos ojos verdes que me miraban a través de una máscara blanca

- Sadiq…- murmuré con los ojos empañados de lágrimas

- Joder… puto gato… ya eres mayorcito como para tener pesadillas, ¿no?

El olor nauseabundo del alcohol me golpeó con fuerza la cara

Estaba borracho

Le odiaba

Y todo sucedió deprisa, demasiado deprisa para que yo fuera del todo consciente de ello.

Yo aún me encontraba temblando de miedo cuando de pronto él estaba encima de mí, intentando que yo le diera un placer que no estaba dispuesto a darle.

Si no quería dormir conmigo, si no quería consolarme, si quería dejarme a la merced de las pesadillas, vale, estaba bien. Gupta, Enis, Tathjana… cualquiera podría ayudarme…

Pero no podía hacerme eso, no podía pretender que me convirtiera de un momento a otro en una puta más y le diera placer hasta que se corriera

No estaba dispuesto a ello

No lo iba a hacer

Y una lucha que conocía tan bien dio comienzo

Las palabras hirientes, los intentos de humillación, los golpes… todo era válido por ambas partes.

Pero por mucho que yo luchara, que me debatiera, que llorara de pura rabia… en cuanto alguna de sus manos tocaba mi piel… yo gemía

Y Sadiq se aprovechaba de ello

Se aprovechaba de mi única debilidad ante él

Le quería

Y por eso le odiaba

Cogió con fuerza mis cadenas y me levantó, acercando nuestros rostros hasta casi rozarse:

- Bésame.- me ordenó

- No

- Bésame he dicho- repitió tirando de nuevo de mis cadenas, consciente de que eso cortaba momentáneamente mi respiración

- ¡NO!

- Sigues sin darte cuenta de tu situación, estúpido gato.- empezó a decir mientras una sonrisa aparecía en sus labios.- Aquí tú no eres nada, me perteneces, eres un mero objeto, y yo tu dueño. Si yo te digo que me beses, me besas.- paró un momento, escudriñando mi mirada.- Bésame

- No

Gruñó por lo bajo, antes de atraerme a él con fuerza y besarme él mismo, mordiendo con furia mis labios, introduciendo bruscamente su lengua en mi boca, arrasando con mi aliento, haciendo caso omiso a mis intentos de alejarle, mis arañazos y las frías lágrimas que escaparon de mis ojos cerrados

Por fin terminó aquella tortura y me empujó contra el lecho sin borrar ni por un momento su sonrisa de triunfo

Ya no tenía miedo de las pesadillas, tenía miedo de él

Sus manos bajaron lentamente hasta mi cuerpo, desnudo desde hacía rato, para poder acariciarlo, disfrutando de cómo mi rostro se contraía y hacia muecas intentando acallar de cualquier modo los gemidos y suspiros que luchaban por salir

- Si te relajas, ambos podemos pasarlo muy bien- murmuró

- Tu sola presencia me… ah… repugna.- fui capaz de decir antes de morderme el labio inferior

- En realidad disfrutas con este juego…

No, yo no disfrutaba cuando me violaba

No, yo no disfrutaba cuando me trataba como a un juguete

No, yo no disfrutaba cuando me utilizaba cuando estaba borracho

No, yo no disfrutaba con nada de aquello

- ¿Por qué acallas tus gemidos? ¿Es que tienes miedo a algo?

- Yo no… hmm… tengo mi… ah… hmm… miedo a… nada

- Claro, si no tienes miedo a nada, déjame oír tus gemidos de niñita ¿O es que tienes miedo a enamorarte de mi?

Abrí los ojos y le escupí a la cara, deseando que como cualquiera de mis gatitos, se alejara de mí, me dejara solo

Pero Sadiq se limpió la saliva como si no pasase nada, antes de volver a bajar hasta mí y volver a besarme con la misma brusquedad anteriormente utilizada

Una de sus manos tenía presa la cadena que me impedía hacer casi cualquier movimiento, y la otra se paseaba libremente por mi piel expuesta, intentando que… ¿me gustara? ¿Qué disfrutara de todo aquello? ¿Qué en algún momento de todos en los que algún gemido lograba escapar le dijera que siguiera? ¿Qué no parase?

No, no iba a permitir que eso pasase

Sin que se lo esperase, mis dientes atraparon con rabia su lengua y la mordieron como si quisieran arrancarla, desprenderla de su húmeda cavidad y comérmela, masticarla y segundos después, que cayera por mi garganta… llenando mi boca de su sangre… y que esta me recorriera por dentro…

Y por lo menos una parte de él me pertenecería siempre…

Gritó dentro de mi boca e intentó zafarse, separarse de mí, cortar ese doloroso beso, pero yo no lo iba a soltar tan fácilmente, si no que, además, apreté más aún mi mordisco, y no paré hasta que un líquido rojizo apareció en su blanda carne y cayó sobre mi lengua

Mientras Sadiq se separaba de mí, saboreé la sangre que descansaba en mi boca. Era dulce, y a la vez amarga, con ese toque de hierro… habría deseado poder beber más…

Abrí los ojos y enfoqué la vista justo en el momento en que Sadiq levantó la mano, dispuesto a cruzarme la cara, pero ese bofetón nunca llegó a mi piel, ya que mi mano fue más rápida, y mis uñas se incrustaron en su cara, dejándole un bonito zarpazo en esta:

- Quien juega con gatos, nunca debe olvidar que estos muerden y arañan.- dije con un leve deje de satisfacción en mi voz

El turco tenía los ojos mucho más cristalinos, y su mirada ya no era de tanta suficiencia como antes, había ganado esa batalla…

O eso creía hasta que Sadiq sonrió

- Ya, pero los gatos nunca deben olvidar que sus dueños saben castigarlos

Su sonrisa se intensificó al notar el miedo que acababa de instalarse en mi cuerpo mientras se levantaba y buscaba algo por entre los pocos muebles que decoraban la estancia

- Te tengo como a un príncipe comparado con como trato a los demás.- iba diciendo.- Te mimo demasiado…

- Y… ¿por qué lo haces?-me aventuré a preguntar

- Porque eres hijo de Helena

La respuesta me pilló desprevenido, la mera mención de mi madre hizo humedecerse mis ojos.

- ¿Te importaba mucho mi madre?- murmuré

- Si, follaba muy bien

- ¡TÚ NUNCA TOCASTE A MI MADRE DE ESA MANERA!- grité enfurecido, notando como varias lágrimas me caían por las mejillas

Mi madre siempre había sido muy liberal respecto al tema del sexo y las relaciones personales, era parte de su cultura y de sus costumbres… pero ella nunca se había acostado con Sadiq, con el bárbaro, su peor enemigo… él… él nunca… con mi madre… ellos… juntos… jamás… ¡NO!

Me levanté de la cama corriendo, dispuesto a matarle con la mano que tenía libre… pero en ese momento Sadiq se giró portando en la mano un látigo de cola corta

Me quedé quieto en el acto, sin atreverme a moverme, viendo como una amplia sonrisa aparecía en sus labios:

- Vaya, que calmado te has quedado, gatito

No me dio tiempo para intentar huir, ya que Sadiq me agarró por la cadena, y descargó el cuero contra mi muslo, riendo por lo bajo ante el grito que di:

- Gritas como una nena

- ¡Cállate!

Me giró con brusquedad antes de que dos latigazos cayeran contra mis nalgas, provocando un leve sollozo:

- No, no, gatito, así no vamos a llegar muy lejos.- dijo mientras me arrastraba hacia la cama antes de lanzarme sobre ella

Su juego continuó, y cualquier intento de escapar de él o de llegar siquiera a herirle, era castigado con un latigazo.

Sus movimientos bruscos, sus besos salvajes, sus bastas caricias, y sus latigazos, cada uno de ellos hacía que lo despreciara aún más, que mi odio incrementase…

Pero una parte de mi no quería que parase

Deseaba que siguiera, que no cambiase nada de su comportamiento, porque a pesar de estarme maltratando, de estarme violando… era suyo, me hacía sentir a cada roce de nuestras pieles que le pertenecía… y al ser de su propiedad… no me abandonaría

Y a parte de odiarle a él, me odié a mi mismo por sentir aquello

No sé en qué momento cedí y dejé que mis gemidos y mis suspiros salieran libremente de mi boca, que comencé a permitirme el disfrutar de sus actos, que cada caricia y beso incitaran a mi cuerpo a pedirle más y más… no sé en qué momento paró la violación y comenzamos a hacer el amor.

- ¿Ves? Te dije que si te relajabas, ambos podríamos pasarlo muy bien

Abrí los ojos y vi a Sadiq sentado sobre la cama, observándome sonriente, sabedor de su victoria

Desde un principio, supe que acabaríamos llegando a este punto, porque siempre era así, porque siempre terminaba cayendo en sus redes

Le odiaba

Le quería

Le quería de verdad

Y por eso le odiaba

Me incorporé como pude y me abracé a él, me abracé a él con fuerza, deseando perderme entre sus brazos

Mi respiración se cortó durante varios segundos cuando Sadiq correspondió a mi abrazo y comenzó a acariciarme con ternura el cabello.

Los latidos de su corazón resonaban con fuerza cerca de mi oído

Oh, Cronos… detén el tiempo

Lentamente me separé de él y le miré a los ojos, unos ojos verdes como campos de pasto en primavera… unos ojos en los que más de una vez he estado muy dispuesto a dejarme matar

- ¿Me quieres?- murmuré sin apartar mi vista de la suya.- Dime que me quieres, dime que significo algo para ti

- Te quiero.- contestó sin dudarlo ni un segundo

Mentira, cada letra pronunciada no era más que una falacia, un engaño, un embuste…

- Mentiroso.- susurré antes de besarle

Sabía que era mentira, que para él no era nada más que un gato sarnoso con el que se divertía, pero en momentos como ese, necesitaba creer que era dueño de su amor.

Sadiq correspondió a ese beso con urgencia, como si quisiese que nos fundiésemos en un mismo ser… cosa que yo también desee

Nos separamos despacio, sin quererlo hacerlo de verdad.

Y entonces, cogió el látigo y lo lanzó lejos de la cama, para después retirarme las cadenas y tirarlas fuera del lecho

Me acarició los brazos con suavidad antes de entregarme su mano, y sin necesidad de decirme nada, lamí con completa entrega sus dedos, ensalivándolos uno tras otro, disfrutando del sabor de su piel, sonriendo en mi fuero interno por sus suaves suspiros

Me giró con delicadeza mientras ambos nos colocábamos en nuestras respectivas posiciones, que tan bien conocíamos, y que, aunque nos costara admitirlo, adorábamos en secreto

Mientras me dilataba, contuve mis suspiros, suspiros que obviamente salieron a la luz en cuanto me penetró con Ankara

Nuestros gemidos eran casi producidos al mismo tiempo, y se estrellaban contra los muebles y paredes de la habitación, y se escapaban por entre los cortinajes para chocar contra la fuente del jardín privado, y se iban volando por la noche para tocarse con la luna, luna que habría sido capaz de bajar si él me lo hubiese pedido.

- Heracles.- murmuró cuando ambos estabamos a punto de llegar a nuestros clímax.- Te quiero

Creo que mi orgasmo llegó mucho antes porque escuché esas palabras cerca de mi oído, esas palabras, que aunque sabía que eran mentira, sonaron sinceras, sonaron llenas de amor…

Aquella noche no tuve pesadillas

Porque la pesadilla apareció al alba

- Joder… mi cabeza…-fueron las primeras palabras que escuché por la mañana

Abrí pesadamente los ojos y vi a Sadiq sentado en el borde de la cama masajeándose la sien con las yemas de los dedos.

- Buenos dí…

- Y encima tengo ahora reunión… mierda.- me cortó sin percatarse siquiera de que ya estaba despierto.- Por Alá, qué dolor de cabeza… no debí beber tanto anoche…

Se levantó y comenzó a recoger su ropa desperdigada por la estancia sin dejar de murmurar maldiciones y recriminarse a si mismo que no debía abusar tanto del alcohol

Sonreí de lado mientras Sadiq se iba vistiendo sin parar de hablar ni un momento, por primera vez agradecí que hubiera bebido, pues gracias a eso él había reconocido su amor

Salí de la cama y me acerqué a él dispuesto a abrazarle, a darle un beso de buenos días, a desearle una buena reunión, pero él me apartó bruscamente, haciendo que casi perdiera el equilibrio y cayera al suelo

- Sadiq, ¿recuerdas lo que me dijiste anoche?-pregunté temeroso de la respuesta

- ¿Lo qué te dije anoche? Si volví aquí y me quedé dormido

Y tras decirme eso salió del cuarto maldiciendo el haber tardado tanto en despertarse pues ahora llegaría tarde

Una lágrima rodó por mi mejilla sin que me diera cuenta de ello

En mi cabeza solo podía resonar una y otra vez las palabras tan anheladas que Sadiq me había regalado aquella noche

Meras mentiras

I'll make a man out of you *love*

Jejejeje.... Matt al habla... siendo el orgulloso Romano y autor de los "Pichún" de los videos... XDDD



Ojo turco

Aquella tarde era excesivamente calurosa

El sol reinaba en el cielo con todo su esplendor, bañando con sus rayos cegadores por cualquier lugar por donde pasaba

Ni una nube en el cielo, ni una leve brisa, nada que no fuera ese sofocante calor

Todo aquel circo estaba a punto de comenzar

Me arreglé las ropas una última vez y me dirigí hacia el que sería el campo de batalla.

Mis tropas ya estaban todas preparadas… al igual que las tuyas

Miles de hombres dispuestos a morir por una sola razón, una idea, un sueño que ha liderado a la humanidad durante toda su historia: conseguir la libertad

Theodoros Kolokotronis, uno de mis más fieles comandantes, apareció corriendo, portando mi nueva arma

Una cruz cristiana

Una cruz que me superaba en tamaño, viéndose así a lo lejos entre mis filas

Jamás volvería a luchar con esa cimitarra ni con esa lanza, ambos regalos tuyos. Esta vez, ganaría alzando bien alto aquella cruz, una cruz que significaría la libertad para mi pueblo.

Respiré hondo y me adelanté unos pasos, cosa que tú hiciste también, junto con el traidor del que durante mucho tiempo había considerado mi hermano mayor…

A pesar de la distancia que nos separaba era grande, ambos pudimos vernos a los ojos

Esto ya no podía dar marcha atrás

Esta guerra había llegado a su cúspide, y era la hora de la verdad

O ganabas tú… o yo conseguía la libertad

Levantaste tu arma con soberbia y lanzaste un grito atronador, algo digno del propio demonio

Tus hombres te corearon y salieron corriendo hacia la lucha encarnizada

Nosotros estábamos esperando… ellos se iban acercando… pero debíamos esperar aún más… solo un poco más…

El rugido de cañón a lo lejos congeló a tus tropas

Los barcos de mis aliados, tanto el inglés como el francés, habían comenzado a bombardear tus costas

Busqué tu cara entre la multitud, aquello no te lo esperabas

Ahora el que gritó fui yo, y aprovechando el desconcierto de tus hombres, los míos se abalanzaron contra ellos cargados de ira y furia

Rusia, que también estaba en mi bando, no tardó en encontrar a mi hermano traidor, y blandió su tubería con aterradora alegría antes de comenzar a batirse en duelo Gupta y él.

Mi cruz ya estaba empapada de sangre, sangre que se escurría hasta mis manos y las empapaba, pero no me importaba en absoluto, ya que de mi traje militar, pocas partes en el color blanco original quedaban

Miembros arrancados, vísceras, agonía, tortura, muerte… cada uno de esos olores se iba impregnando en mis fosas nasales como agudos cuchillos, pero no les prestaba atención, mi objetivo no había cambiado desde que comenzó esta guerra, y hoy iba a llevarlo a cabo

Lucharía cara a cara contra ti, y te mataría con mis propias manos

No podía escuchar nada, los gritos de los hombres al morir resonaban en mis oídos con fuerza. Cada vez había más y más cadáveres en el suelo, aquel desierto se estaba convirtiendo en un océano rojo, y los cuerpos eran sus peces.

El tiempo pasaba, y el sol iba avanzando en su larga carrera diaria. La luz se fue tornando anaranjada y rojiza poco a poco, no tardaría demasiado en la luna ocupar su lugar

Cada vez me costaba más poder seguir caminando, mi respiración era dificultosa y el sudor y la sangre salpicada en mi cara me impedía ver bien

Estaba luchando contra uno de los jefes de tu ejercito, cuando una espada atravesó su estómago hasta casi herirme a mí.

Me aparté de un salto hacia atrás, y mientras recobraba el equilibrio, vi como su cuerpo era empujado con fuerza hacia un lado

Tras él, te encontrabas tú con la cimitarra ensangrentada

- Pensaba que solo matabas a mi gente sin razón ninguna.- dije sonriente

- Esperaba matarte a ti de paso

- ¿Sacrificas a tus hombres por algo tan imposible?

- Con tal de darte tu merecido, niñato, mato a quien sea

En nuestros labios se formaron ambas sonrisas macabras, mi objetivo estaba a punto de cumplirse

Te apartaste en el acto cuando dejé caer con fuerza mi cruz sobre ti, e intentaste cortarla en vano, pues el filo de tu arma se quedó incrustado en su lateral, y aprovechando que no podías atacarme, giré con agilidad la madera, dándote de lleno en la cara, partiendo en dos la máscara

- ¿Qué ha sido de tu lanza?- preguntaste recuperando tu espada

- Ha sido quemada- respondí con un tono provocador

- ¿Y la cimitarra?- volviste a inquirir

- Fundida para hacer balas.- dije mordazmente

- Pagarás por tu insolencia, gato sarnoso

- No olvides que los gatos arañan

Hice un barrido con mi arma, tirándote al suelo. Respondiste desde abajo blandiendo tu espada, provocándome un grave corte en la pierna

Ambos nos separamos deprisa, y tras mirarnos unos segundos volvimos a la carga

La sangre se derramaba sin compasión, parecía que nos disponíamos a descuartizarnos poco a poco.

Los huesos rotos que mi cruz había infringido en tu cuerpo te impedían moverte con la misma soltura que antes… pero toda la sangre que había perdido por culpa de tus profundas heridas se notaba en mi mermante agilidad

- Mira a tu alrededor.- dijiste de pronto esquivando un golpe.- Acaba ya con esta pantomima

Pocos hombres quedaban ya de pie luchando, y aunque el sonido de los cañones seguía escuchándose de fondo, los disparos eran cada vez más y más dispersos.

Miles de cuerpos se amontonaban unos sobre otros, como si de una macabra obra de arte se tratase

Lo peor era que la gran mayoría de los cadáveres portaban el uniforme militar griego

- Joder…- murmuré.- Joder…

- Tranquilo, Heracles, si te disculpas ahora, te dejaré volver a entrar a casa sin represalia alguna

Sentí mis ojos humedecerse, pero no de tristeza… aquellas lágrimas eran de pura rabia.

Agarré con fuerza la cruz y enfoqué mi vista sobre tus ojos, verdes como los prados

- Eres un hijo de puta…

- Te equivocas, la puta era la tuya, yo no tengo madre

Grité descargando toda mi furia mientras empuñé con ira aquella gran pieza de madera y fui impactando una serie de golpes en cadena sobre ti.

Ibas retrocediendo poco a poco, sin darte siquiera tiempo a contraatacarme, ya que un nuevo golpe había caído sobre ti

Ya era hora de que pagaras por todas tus torturas, humillaciones, desprecios… ya no ibas a poder conmigo, ya no era aquel gatito sollozante que se abrazaba a ti por la noche, eso murió hace mucho tiempo

- NO.- golpe.- SOY.- golpe.- DE.- golpe.- TU.- golpe.- PROPIEDAD

Una sonrisa se dibujó en tus labios

Bajo mis pies, una gran zanja se abría peligrosamente

Sabías que aquellos comentarios hirientes me encenderían y que comenzaría a pegarte una y otra vez, tu retrocederías, yo te seguiría y… tú esquivarías ese hoyo, yo no repararía en él

Intenté mantener el equilibrio como pude, pero aún así, caí estrepitosamente dentro de él

Escuché tu risa estrellarse dolorosamente contra mis oídos

- No me puedes vencer, lo sabes, eres una mísera nenita jugando con un palito.- te burlaste de mí.- Con eso no puedes ganar al gran maestro

Ahogué un grito y conseguí salir del agujero, pero eso no impidió que me agarraras con fuerza del brazo y tiraras mi arma al suelo

- Ahora por mucho que me pidas perdón, de esta no saldrás, criajo

- Jamás me rebajaría a disculparme ante ti.- y tras decir eso, te escupí a la cara

Años atrás, si me hubieses puesto esa expresión, hubiera comenzado a llorar, pero esta vez no, incluso sonreí con socarronería para ti

La bofetada que me brindaste fue tan fuerte, que su sonido resonó por todo el campo de batalla

Aferraste con rabia mi muñeca derecha, dispuesto a retorcerme el brazo hasta rompérmelo… cuando lo viste

Un ojo turco presidía una pulsera de cuentas azules en mi muñeca

Creo que ninguno de nosotros se esperaba percatarse de ese detalle

Era aún un mocoso con túnica blanca que se quedaba dormido junto a la fuente del jardín privado de tus aposentos cuando un día colocaste esa pulsera en mi muñeca

“Esto es un amuleto muy poderoso” me dijiste con esa voz tan dulce que me solías poner

“¿Y para que sirve?”

“Se llama ojo turco” contestaste

“¿¡Te has arrancado un ojo!?” pregunté, inocente de mí, muy asustado

“No, no, que va… está hecho de cristal, pero su nombre es ese” respondiste lleno de ternura con una sonrisa en tus labios “Y con este ojo, siempre podré vigilarte y cuidarte”

“¿En serio?”

“De verdad”

“¿Aunque estés muy lejos? ¿Aunque estés en la guerra?”

“Sobretodo cuando esté muy lejos y esté en la guerra”

Yo sonreí loco de contento y te regalé un beso, puro y lleno de inocencia, sobre tus labios

Sentí como mis mejillas se teñían de rojo carmesí y varias lágrimas rodaban por mi cara, ese recuerdo estaba destruyendo poco a poco mi fortaleza, y ahora no podía flaquear… ahora no…

Levanté el brazo dispuesto a golpearte, pero cerraste los ojos y con un rápido movimiento de tu espada, hiciste sendos cortes en mis piernas, obligándome a caer de rodillas ante ti

Gritos de júbilo se escucharon a lo lejos, todos ellos provenientes de mi lado del campo, habíamos ganado sobre tus costas

- Que ironía.- dije sonriente.- Voy a morir justo cuando he ganado

Cerré los ojos justo en el instante en que tu cimitarra se levantó sobre mi cabeza dispuesta a darme muerte allí mismo

Miles de escenas de mi infancia acudieron con velocidad a mi mente… y, dolorosamente, en todas aparecías tú

Ya fuesen escenas violentas o cargadas de dulzura, salías en cada una de ellas, sin excepción

La vida era todo un misterio

El hombre que había ocupado todos mis sentimientos y pensamientos, el hombre que me había criado y torturado durante años, el hombre que me arrebató cruelmente mi inocencia, el hombre que siempre estuvo a mi lado… el hombre al que amaba con todas mis fuerzas…

… me iba a matar

Supongo que era un buen final

- Είναι sas… Αγάπη… (Ya sas… agapi…)- no pude evitar susurrar, esperando mi muerte

Pero lo que recibí fue un punzante dolor en el hombro izquierdo, dolor que me arrancó un grito y me obligó a abrir los ojos

Lo primero que me encontré fueron los tuyos, tan oscuros que no los reconocí al principio

En mi memoria siempre eran tan verdes… tan brillantes…

Aquel dolor lacerante se incrementó, y fue cuando vi su procedencia

Tu cimitarra había traspasado de un lado a otro mi hombro

La caliente agua vital empañaba mis sucias ropas y recorría un río escarlata quemándome la piel en su viaje

- Jamás podría matarte, gatito.- murmuraste serio antes de sacar la espada de mi interior

Aquello fue peor que cuando la enterraste en mi carne

Te diste la vuelta y comenzaste a caminar dándome la espalda

Un sollozo fue arrancado dese lo más profundo de mi ser

No me podías abandonar, yo ansiaba la libertad… pero una libertad que pudiera compartir contigo

Nunca me diste otra opción, o permanecer junto a ti a la fuerza, soportando toda clase de aberraciones, o nada

Necesitaba volar…

Pero jamás imagine que me dolería tanto

Cogí la cruz que yacía a mi lado y tras golpear con fuerza tus piernas, caíste al suelo

Te odiaba…

Me levanté como pude y caminé a trompicones hacia ti

Si esta iba a ser el fin de nuestra unión… sería yo quien acabara con esto

Te quería demasiado… por eso te odiaba

Te giré quedándote boca arriba y presioné con fuerza tu garganta con mi cruz

Me era imposible ver la expresión de tu cara, miles de lágrimas bañaban mi rostro y me nublaban la vista

Mejor así, no soportaría mirarte a los ojos:

- Esta… esta es mi independencia… jamás… volveré a ser propiedad de nadie…

Y tras decirte eso, me quité el ojo turco y lo dejé caer sobre tu pecho

Me fui de allí como pude y no volví la vista atrás

Si lo hubiera hecho, no habría sido capaz de alejarme ti

Todo mi pueblo estaba de celebraciones, habíamos conseguido nuestro mayor deseo: la libertad

Aunque las perdidas habían sido muchas, las lágrimas de felicidad inundaban las caras de cada persona de mi, sonaba raro decirlo, país

Supongo que fui el único que no brindó para gritar lleno de gozo que por fin éramos dueños de nuestras propias vidas

Algunas noches, cuando miro mi muñeca vacía, siento el deseo de que ojala me hubieses matado…

… así nunca tendría que haberte abandonado yo a ti

Vocecita interior

- ¡Tranquilo! ¡El gran Ore-sama se va y ya no te molesta más!- y tras dar este grito, cerré la puerta de un portazo y me marché de allí.

Estúpido niñato… ¡cómo si él lo supiera todo! ¡Ja!

Me encogí bajo la roja sudadera y dí una patada a una lata de coca-cola que descansaba en medio de la calle.

Al meter las manos en los bolsillos, me di cuenta de que estaba mi mp3.

¡Qué AWESOME soy! Me salgo sin nada y en mi sudadera aparece mi mp3… ¡qué haría el mundo sin mí!

Vivir mucho más tranquilo…

- ¡El mundo no puede existir sin el maravilloso Ore-sama!- grité acallando a esa estúpida vocecita interior…

Bueno, y acallando también a toda la gente que tenía a mi alrededor, ya que con el grito que di, todo el mundo en la calle guardó silencio para mirarme.

Pero eso era normal… ¡soy el ser más perfecto del mundo! Así que, no es de extrañar que la gente me mire

Pues soy guapo

Masculino

Atractivo

Genialoso

Sexy

¡AWESOME!

No pude evitarlo y comencé a reírme a carcajada limpia, volviendo a captar la atención de toda la calle.

Serás todo lo awesome que quieras, pero estás solo…

La risa se me cortó de golpe y me quedé mirando hacia delante sin saber muy bien que hacer…

Estúpida vocecita… ¡Cállate!

Me embutí los cascos en las orejas y puse la música al máximo, así no oiría nada.

¡Porque no me hacía falta escuchar a nadie ni a nada!

Ya no sería un país, ni una nación, ni siquiera un territorio… ¡pero sin mí, ninguno de esos idiotas sería nada!

¡Yo fui el magnífico Reino de Prussia! ¡El maravilloso territorio que todos deseaban y YO defendí con uñas y dientes!

¿Dónde estarían ahora Austria y Elizabeta? ¿Eh? De no haber sido por MI MARAVILLOSA Y EXCEPCIONAL INTERVENCIÓN, esos dos JAMÁS habrían sido nada… ¡Nada!

¿Y el francés? ¿Y Toño? ¡Ja! Seríamos mucho Bad Friends Trio juntos pero YO siempre fui el mejor de los tres.

Más diestro con la espada

Más astuto en las batallas

Más conquistador con las mujeres

¡Ore-sama siempre fue el rey del Bad Friends Trio!

La música golpeaba con fuerza mis oídos. El sonido de las guitarras, los bajos, las baterías… todo
se mezclaba dentro de mi cabeza con fuerza y brutalidad. Cualquiera podría haber dicho que la música estaba demasiado alta, que me iba a dar dolor de cabeza… ¡pero eso era que no conocían al maravilloso Ore-sama!

Comencé a jugar, sin dejar de caminar ni por un momento, como si quien estuviera tocando aquellas canciones fuese yo. Tocaba todos los instrumentos que sonaban, y cantaba a voz en grito las letras, y me movía como si estuviese encima de un escenario, y me reía de cómo la gente de apartaba de mi cuando me veían.

¡Era total y absolutamente AWESOME!

Y entonces… la batería de mi mp3 se acabó, y la música cesó

Refunfuñé un poco y tuve que guardarme al aparato en el bolsillo, momento en el que me di cuenta de que…

Estaba perdido

No tenía ni la más remota idea de donde coño me encontraba, no me sonaba nada de lo que veía a mi alrededor

Un escalofrío recorrió mi espalda y suspiré dándome un golpe en la frente con la mano… debería de haber prestado más atención por donde iba.

¿Ves? No solo estás perdido aquí en la calle, si no también en tu vida, porque estás solo, porque no tienes a nadie…

- ¡Mentira!

No había nadie en la calle para que me mirase, pero seguro que la gente que estaba dentro de sus casas me habían escuchado, porque grité con toda la fuerza que pude.

Todo eso era mentira, porque yo no estaba solo.

Yo decía ore-sama porque Kiku me había dicho que eso significaba "el grandioso yo" ¡y eso era exactamente lo que era!

Yo decía lo de awesome porque Alfred dijo que era la mejor palabra que me describía ¡y por supuesto que era cierto!

Yo nunca estaba solo, siempre podía ir a casa de Roderich si me daba la gana, o llamar a Elisabeta
si me aburría, o ir a picar un rato al ruso (aunque eso solía durar poco, ya que prefería tenerle lejos)

¡Y ni siquiera vivía solo!

Vivía junto a…

Vives junto a la persona a la que has cansado tanto que ya no te soporta… idiota…

Ludwig

Estúpido niñato…

.-.-.-.-.-.-.

- ¡Gilbert! ¡¿Podrías hacerme el GRANDISIMO favor de apartarte y dejarme de una vez en paz?- exclamó Ludwig

- ¡Pero si el gran Ore-sama te está ayudando!

- ¡No! ¡No lo estás haciendo! ¡Me estás molestando!

- ¡Desagradecido!

Mi hermano menor se giró se golpe y me amenazó con el martillo con el que estaba arreglando una de las estanterías de la casa:

- No digas ni una palabra más.- dijo con lentitud.- Me tienes más que harto… cállate o te juro que este martillo acaba incrustado en tu cabeza

Al principio no supe que decir, tragué saliva y me quedé mirando al alemán sin creerme aún en lo que acababa de decirme. Entonces le cogí por el cuello de la camisa y le bajé de la escalera antes de arrebatarle el martillo:

- Deja de comportarte como un niñato y trátame con respeto

- El que se está comportando como un niñato eres tú… exactamente igual que el italiano…

- ¡¿Te importaría dejar de compararme cada dos por tres con ese come-pasta descerebrado?

- ¡Pero si los dos sois igual de cargantes!- exclamó soltándose de mi agarre.- ¡Me sacáis de quicio!

No me paré a pensar y le di un empujón contra la pared antes de acercarme lo más que pude a él, haciendo que notase mi aliento contra su cara, intentando imponerme:

- Eres un desagradecido, solamente te estoy ayudando ha arreglar una cosa, así que cállate y deja que me encargue de esto

Me giré sin darle tiempo a responderme y comencé a subirme a la escalera para poder arreglar la balda rota. Era un trabajo fácil, así que no me llevaría mucho tiempo, cambiar la madera, asegurarla y se acabó.

- No me da la gana callarme, así que baja de allí y permíteme que arregle las cosas que se rompen en MI casa

Resoplé y fingí no haberle escuchado, solamente estaba haciendo una pequeña rabieta a su estilo, en verdad seguía siendo como cuando era pequeño…

- ¡Gilbert!- seguí sin hacerle caso.- ¡Gilbert, no me ignores! ¡Esta es mi casa y lo arreglo yo!

- ¡Nuestra casa! ¡Yo también vivo aquí!- le grité girándome para mirarle

- Una cosa es que te deje vivir conmigo porque no me queda más remedio, y otra es que te apropies de casa ajena

Eso había sido un golpe bajo

Bajé de la escalera y dejé caer el martillo estrepitosamente al suelo, sin
importarme lo más mínimo el ruido, encarando al rubio:

- ¿Cómo que porque no te queda más remedio? Soy tu hermano mayor y mi deber es cuidarte y protegert…

- ¡Ya no soy un niño!

Aquella respuesta me impresionó, no estaba preparado para ella

- Ludwig…

- Perdiste tu oportunidad de cuidarme y protegerme cuando te marchaste. Yo ya he crecido y no necesito tu ayuda. Ya no soy un niño. Ya no soy TU niño.- comenzó a decir tranquilamente, como si fuera la cosa más normal del mundo.- Te permito vivir conmigo porque no tienes a donde ir, y porque a pesar de todo sigues siendo mi hermano mayor. Y aunque a veces me molestes tanto que tenga ganas de matarte, te quie…

- ¡Tranquilo! ¡El gran Ore-sama se va y ya no te molesta más!- y tras dar este grito, me encaminé a grandes zancadas hacia la puerta, y cuando cogí mi sudadera, cerré la puerta de un portazo y me marché de allí.
.-.-.-.-.-.-.

No sé como me las ingenio, pero siempre acabo fastidiando a las personas a las que más quiero… seguramente es que no pueden soportar la envidia de estar cerca de alguien tan AWESOME, tan increíble como yo…

Si fueras tan awesome como te crees, no estarías solo

… tan increíblemente idiota como yo

Soy un metepatas, un estorbo que siempre la acaba cagando

Soy una molestia, nadie me soporta…

Seguramente todos se alegraron de que dejara de ser un país, así se libraban de una vez de mí y podían disfrutar de mi territorio…

¡Pero me daba igual!

¡Yo no necesito a nadie!

¡SOY EL GRANDIOSO PRUSSIA!

Comencé a reírme como hacía siempre, dejando que mis pulmones de llenaran y vaciaran de aire y mi risa inundara mi garganta y saliera a borbotones por mi boca

Pero esta vez, en vez de que me consolara, de que me sintiera mejor…

Me dio miedo

Me hizo sentirme muy vacío

Me aterraba la soledad

Empecé a correr sin saber muy bien porqué, huyendo de algo que no existía

Huyendo de ti mismo… pero eso es imposible…

Al cabo de un rato mis piernas comenzaron a fallar, las sentía entumecidas y me costaba mantener el ritmo, al igual que me costaba ya respirar.

Pero debía de seguir corriendo

Entonces, tropecé con mis propios pies, y sin darme tiempo siquiera a poner las manos, caí al suelo, chocando mi boca contra la acera dolorosamente.

Noté el sabor de la sangre y de la suciedad de la calle en mis labios… era asqueroso
Igual de asqueroso que tú

Me incorporé como pude, y tras quedarme sentado en el suelo me examiné en busca de daños… solamente un pequeño raspón en la barbilla y no era grave, no me había hecho casi nada.

Y comencé a llorar

Al principio solamente noté como me caían algunas lágrimas, pero poco a poco permití que los sollozos llenaran mi pecho, y al cabo de un rato estaba llorando fuertemente, tanto, que a cada sollozo mi cuerpo temblaba notablemente, como si me dieran descargas eléctricas

- ¿Prussia?

Levanté la mirada, y tras enfocar bien, vi como Francia se acercaba a mí a paso rápido

Joder, ¿por qué tenía que encontrarme con él justamente ahora?

Me limpié corriendo la cara con el dorso de la mano y saqué el mp3 del bolsillo

- Ey.- dije a modo de saludo cuando llegó hasta mí

- ¿Pero qué haces tirado en medio de la calle?- vio la heridita que tenía en la barbilla y sonrió de lado.- ¿Te has caído?

- No, que va… es que se me ha caído el mp3 y me he agachado a recogerlo

- Ajá, claro, mon ami

- Por supuesto…

Francis siempre me descubría cuando no decía la verdad, era imposible mentirle sin que se diera cuenta enseguida.

Me guardé el aparato en el bolsillo, e iba a levantarme cuando el rubio se acuclilló frente a mí y me sonrió con ternura:

- Me parece que has llorado

- ¡No he llorado!- exclamé enseguida, haciendo que se notara más evidente que era mentira

- Tienes ojitos de haber llorado.- dijo con aquella voz tan dulce y suave, como si hablara con un niño pequeño, sin perder ni por un momento esa sonrisa tan tranquilizadora

- Bueno… es que…

- ¡Gilbert! ¡Gilbert, estás ahí!

Era imposible no reconocer la voz del autor de esos gritos.

Antonio corrió hacia nosotros, y en cuanto llegó me dio un capón:

- ¡Eh! ¡Idiota, cuidado con lo que haces!- exclamé.- ¿Y ahora por qué me pegas?

- ¡Estábamos muy preocupados por ti! ¡No teníamos ni idea de donde estabas!

- ¿Qué?

El español me cogió de uno de los brazos y me levantó sin delicadeza ninguna antes de abrazarme.

No entendía nada de lo que estaba pasando, ¿cómo que estaban preocupados por mi? No era raro que me encontrara con ellos por la calle pero, ¿es que me estaban buscando?

- Toño… ¿por qué estabais preocupados por mí?- me aventuré a preguntar

- Pues porque no te encontrábamos en ningún lado.- dijo mirándome a los ojos sin cortar el abrazo

- Ludwig nos llamó al ver que no volvías a casa.- explicó el francés.- No te habías llevado el móvil, así que no te localizábamos en ningún lado, nos has tenido toda la tarde buscándote

Fue en ese momento cuando me percaté de lo tarde que era. Yo me había ido de casa antes del mediodía, y la luz de la tarde anunciaba que no tardaría mucho tiempo en ocultarse el sol

Un día entero huyendo, cobarde… y encima has tenido a todos preocupados por ti… te parecerá bonito…

- ¡Prussia está aquí!- gritó de pronto España, dejándome sordo, y se separó de mi, corriendo un poco hacia delante.- ¡Le hemos encontrado! ¡Gilbert está aquí!

Y entonces vi como un grupillo de gente caminaba hacia nosotros.

Austria, Elizabeta, Iván, Natasha (que estaba abrazada al brazo de su hermano posesivamente), Lituania, Suiza…

Y Ludwig…

- Estábamos muy preocupados por ti, no vuelvas a desaparecer así como así.- me dijo Francis

Había sido un completo idiota, había dado la razón a la estúpida voz que sonaba en mi cabeza… me merecía lo peor.

Toño se dio la vuelta cuando escuchó el sollozo que dí antes de taparme la cara con las manos y dar rienda suelta a mi llanto

- Pero Gilbert…

- No te preocupes, no le pasa nada.- dijo el rubio

Me sentía muy culpable, les había preocupado a todos por una estúpida rabieta…

- Lo… lo sien… siento mucho…- logré decir antes de que Francis me abrazara

- Lo sabemos, tranquilo

Oculté mi rostro en la curvatura del cuello del francés mientras le abrazaba con fuerza sin dejar de llorar y permití que me consolara en silencio.

Poco a poco fui notando nuevas manos que también intentaban consolarme.

Las afeminadas manos de Roderich me acariciaron la espalda

Las finas manos de Hungría tomaron una de las mías

Las grandes manos de España acariciaron mis cabellos

Nadie dijo nada, y dejaron que me desahogara a gusto, que me tomara mi tiempo, que me
tranquilizara.

Porque les importas mucho, y les da igual esperar con tal de que tú te sientas bien

Me quedaban unos leves espasmos por el llanto, pero ya era capaz de respirar con normalidad y ya no rodaban miles de lágrimas por mis mejillas, así que dejé que Francis me separara de él lentamente y me sonriera:

- Mon chérie… ¿mejor?

Asentí despacio, haciendo que su sonrisa se intensificara antes de besarme en ambos ojos y dejar caer un leve beso sobre mis labios

- Menos mal que has dejado de llorar, pensábamos que te ibas a deshidratar- dijo Elizabeta, provocando la risa de todos

Incluida la mía

Me giré despacio y no pude evitar ruborizarme al verles las caras a todos… menudo espectáculo les acababa de ofrecer.

Pero ese pensamiento abandonó mi mente rápidamente cuando Ludwig dio un paso al frente y nos miramos a los ojos…

- Ludwig… yo…

- ¡Perdóname!- exclamó antes de abrazarme con fuerza

- Pero…

- No debí ser tan duro contigo… yo… sé que solo querías ayudarme y no debí decir nada de eso… tú no me molestas en casa… me gusta que vivamos juntos…

Sonreí de oreja a oreja, me apostaba una mano a que tenía los ojos llorosos… vaya par de hermanos estamos hechos…

- No pasa nada, West.- dije correspondiendo a su abrazo.- Perdóname tú también a mí, no fui nada maduro, debí haberte escuchado…

- Me dais asco.- obviamente, Bielorusia tuvo que fastidiar el momento.- Dejaros de mariconadas y vayamos a un bar a beber algo

- ¡Señorita Natasha!- intentó controlarla Toris (ya que el gallina de Iván ni se le ocurrió abrir la boca)

- Tú calla. Además, invita Vash

- ¡Y un cuerno! ¡No tengo otra cosa mejor que hacer!

- ¡El gran Ore-sama se apunta a que el suizo invite a cerveza!- exclamé soltando a
mi hermano

- ¡Yo también me apunto!- dijo España levantando sus manos

- ¡Vino para todos, mon amis!

- ¡Y cerveza!- gritó Elizabeta

- Vodka habrá, ¿verdad?- preguntó Iván

- ¡Qué yo no invito a nadie a nada!

- Creo que hay un bar muy tranquilo cerca de aquí, con un piano muy bonito y…

- Por favor, cariño… ni se te ocurra ponerte a tocar nada en medio de un bar.- dijo Elizabeta mientras todos comenzábamos a caminar

- ¡Que yo no voy a invitar!

- Vash… tranquilízate, pagaremos entre todos…- intentó calmarle Ludwig

- No, el suizo invita.- puntualizó Natasha

- Pero señorita Natasha…

- ¡Que no! ¡Yo no invito y se acabó!

Solté una de mis particulares risas, y esta vez no me dio miedo, me gustó, así que me volví a reir mientras pasaba el brazo por encima de los hombros de España y el otro agarraba la cintura del francés:

- Toñete, Fran… a mi eso de terminar el día en un bar me parece genial

- ¡Es la mejor forma de terminar un día!

- Por supuesto, mon amis, es perfecto

- ¡Sobretodo si el suizo invita!- exclamé para que Vash me oyera

- ¡Que no voy a invitar!

Su respuesta fue coreada por las risas del Bad Friends Trio

He cambiado con Hetalia



Desde que somos pequeños siempre nos han intentado inculcar que la historia de la humanidad es muy importante, ya que es nuestro pasado.

Sin ella, nosotros no nos encontraríamos aquí, ni siquiera existiríamos

Y como si fuese una muestra de honor, nos obligan a estudiarla y a memorizarla desde nuestros primeros años de escolarización

Al principio solo son datos generales, fáciles de aprender, como el autor de La Odisea que es Homero, o el descubrimiento de América en 1492

De pronto nos obligan a aprendernos datos mucho más exactos y complicados, como el nacimiento de Shakespeare el 26 de abril de 1564 o el nombre del inventor de la imprenta que es Johannes Gutenberg

En cuanto nos lo hemos memorizado todo, nos embuten miles de datos de fechas y nombres tan enrevesados que acabamos por odiar la historia, porque todo ese exceso de información nos abrume y nos acaba aburriendo de tal manera, que simplemente, nos deshacemos de ella

Nosotros preferimos sentarnos frente al ordenador a ver una serie, o escuchar música, hablar con nuestros amigos… hacer cosas que no impliquen tener que sentarse serio y aprenderse de memoria cosas que, pensamos, no nos sirven para nada actualmente

¿De qué nos va a servir saber quien fue el general que mandó lanzar la bomba atómica en Japón? ¿O quien era el rey con el que luchaba Juana de Arco?

La cultura general está bien, por supuesto, pero hay algunas cosas que ya no se van a repetir y no es necesario que nos aprendamos fechas exactas…

Por otro lado está la política, que junto con la historia, nos aburre. Aún somos demasiado jóvenes como para que nos interese eso, ya habrá tiempo de madurar y de preocuparnos de cosas como esas

¿Y cuando sabremos que estamos preparados para afrontar esa responsabilidad?

Un día como cualquier otro vemos que en la web donde nos descargamos animes hay una serie nueva; o viendo videos en el youtube encontramos uno sobre una serie que no conocemos; o revisando el DA nos topamos con una pareja de rubios portando banderas; o simplemente una amiga nos llama ilusionadísima pidiéndonos que nos veamos un anime

Cada experiencia es diferente, pero todas poseen la misma palabra

Hetalia

Cuando conocemos el significado del título nos quedamos un poco traspuestos. Una cosa es llamarse como un ingrediente del ramén y otra muy distinta es insultar literalmente a un país.

Pero lo que más nos sorprende es que los capítulos no duran ni 5 minutos y el manga son puras tiras cómicas

Eso solo puede ser una serie chorra que no va a llegar muy lejos, pero aún así, nos descargamos el primer episodio, total, 4 minutos de video no ocupan tanto.

Cuando nos hemos dado cuenta, ya llevamos 10 capítulos vistos y estamos muertos de risa sobre el teclado del ordenador. Y lo peor de todo, es que al día siguiente en clase empezamos a tararear el ending.

De acuerdo, la serie tiene enganche, asi que en una semana ya nos hemos terminado de leer y de ver todo cuanto hay traducido

La carpeta de Hetalia en nuestro escritorio ha engordado más en dos días que la de Naruto en cuatro meses, por no hablar que la canción que más se escucha en nuestro cuarto es el Marukaite
“Estás estudiando mucho últimamente, así me gusta, estoy orgullosa de ti”

Esa frase de tu madre durante la cena te resulta extraña, realmente no has estado estudiando, pero sientes la necesidad de saber más sobre el yanqui de las hamburguesas y el come patatas

Los nombres de Francia, Rusia y China adquieren un significado totalmente distinto para ti, ya que eres incapaz de ver una rosa, una tubería o un panda sin ponerte a señalarlo riéndote como un loco

Cuando vas por la calle y escuchas el nombre de Arturo, sonríes como un pánfilo imaginándote que quien conteste tendrá unas cejas horribles y que a las 5 saldrá corriendo para irse a tomar el té

Si tu madre te manda a hacer la compra, le pides un poco más dinero para poder comprar tomates, y durante el camino de regreso a casa te la pasas cantando el Bouno Tomato

Las clases de historia y geografía se vuelven una tortura para ti, no porque te disgusten, en absoluto, es porque te pasas la mitad del tiempo copiando como un poseso y la otra conteniéndote las risas

Esta nueva serie es genial, jamás te has reído tanto y mucho menos aprendido todos los nombres de los personajes tan rápido, y no tardas nada en recomendársela a todos tus amigos

Te descargas la última tira traducida y comienzas a leerla entusiasmado, cuando a mitad de esta te das cuenta que ya no puedes ver.

Estás llorando

Eso si que no lo habías planeado, viendo Hetalia nunca te había pasado… pero un nuevo sentimiento crece dentro de ti

Lo que estás viendo no son simples dibujos animados, son hechos reales.

Todo lo que sucede en cada capítulo ha sucedido de verdad

Cuando alguno de ellos llora, en su momento, miles de personas también lo hicieron, porque lo que está sufriendo el personaje, lo sufrió su país entero

Cada error de calculo no solo le hizo un rasguño a un país, si no que mató a toda su gente, causó a veces unos daños irreparables que muchísima gente tuvo que pagar

Ahora ya no ves Hetalia con los mismos ojos, ya no es una simple serie con la que te ríes después de las clases, es algo que te está cambiando

De pronto te sorprendes viendo la noticias con tu padre antes de cenar; recogiendo todos los periódicos gratuitos del metro y leyéndote, en vez de las tiras cómicas, las noticias internacionales; dejas de pensar en el fútbol como un deporte idiota y te sientes con ganas de animar a los equipos de todos los países; no hay ni una sola palabra del profesor de Historia que no hayas escrito en tu cuaderno, e ilustrado con el dibujo de su respectivo país; sintonizas en la radio, no Kiss FM, si no un programa sobre economía y política…

De la noche a la mañana te has vuelto patriótico

Ahora te interesa todo lo que te rodea, tu país, tu continente, los gobiernos que en ellos ahí, la historia antes acontecida… todo cobra un nuevo significado para ti

Ya no estás memorizando fechas y nombres que ni te vienen ni te van.

Estás informándote sobre como le va a Yekaterina con sus deudas, si a Alfred se le han vuelto a cruzar los cables con tanta hamburguesa y quiere otra guerra, si Heracles ya ha recibido una ayuda para poder repoblar sus bosques, si Gupta ha vuelto a tener otro atentado, si Matthew ganó el último partido de hockey, si Yao sigue con su proyecto de descontaminar los ríos de su país…

Ya no son meros territorios lejos de ti que no has visitado nunca, son personas

Son gentes con sentimientos, con experiencias, con historias como la tuya.

Ellos también se han reído, han llorado, se han sentido traicionados, han conocido el miedo y la soledad, han sido abrazados y han besado… ellos también han vivido

Con el nuevo curso escolar dejas a todos anonadados cuando te oyen pronunciar algunas palabras en alemán y en ruso, e incluso te atreves a escribir tu nombre en chino, pero es que si vas a rolear como Hungría o Italia quieres conocer un poco sus idiomas

Tu lista de contactos ha crecido de una manera impresionante, ya que gracias a los livejournal y los foros de rol sobre Hetalia has conocido a gente de todo el mundo.

¿Quién te iba a decir que una de tus mejores amigas iba a ser de Polonia? ¿O de Argentina? ¿O de Dinamarca?

No eres una persona totalmente formada, aún no has tenido tiempo de hacer grandes cosas y poder decir que tu nombre será recordado cuando te mueras, pero eres alguien a quien le interesa saber que está pasando en el mundo y te mueres de ganas de poder cambiar las cosas que no te gustan; los idiomas no son un impedimento para poder conocer a gente y mucho menos entablar una relación con ellas; los prejuicios no son algo que forme parte de tu persona…

¿Quién te iba a decir que ibas a madurar un poquito viendo una serie llamada Hetalia?

Te amo

Querido hermano:

Te amo

No tires esta carta, por lo menos no hasta que la hayas acabado de leerla. Después, puedes hacer lo que quieras con esta hoja

Te amo y no miento

Cada vez que te veo siento como mi corazón late con más y más fuerza, y me golpea el pecho, y me duele…

Cada vez que te veo siento como el mundo se nubla y se vuelve invisible, mientras lo único que queda eres tú, y me ciegas…

Te amo, te amo tanto que me vuelvo loca

Es verte y perder la cordura

Porque te necesito, porque necesito que me llenes de ti.

Te amo de tal manera, que me olvido de mi misma

Intento enamorarte, intento que me mires, que te fijes en mí

Da igual como lo haga. Dulcemente, con ternura, sensualmente, o por la fuerza, todos mis intentos son inútiles

Te amo y es imposible que deje de hacerlo

Y tú solamente intentas librarte de mí, de hacerme desaparecer de cualquier manera, que simplemente no exista

¡Pero yo te amo!

Entonces me vuelvo loca y dejo de ser yo misma

Te persigo hasta el fin del mundo si hace falta, no dejaré que te escapes de mi lado, porque tienes que ser mío, porque solo yo te amo más que ninguna persona que te diga que te quiere, te amo más que nadie

Porque tu amor es lo único que me mantiene viva

Y tú te diviertes haciéndome daño

Evitándome, y luego yendo con ellos por la calle…

Pero, ¿qué tienen ellos que no tenga yo?

¿Por qué con ellos ríes y no te alejas?

¡¿Por qué ellos pueden tenerte y no yo?!

Te amo, te amo desde que tengo uso de razón

He estado a tu lado desde siempre, te conozco mejor que nadie, sé que si me dieras una oportunidad, podría apoyarte y darte todo lo que necesitas

Porque yo por ti soy capaz de hacer locuras

Porque estoy loca de tu amor

En ocasiones, el dolor de tu desprecio es tan grande, tan potente y devastador, que debo plasmarlo en mi cuerpo, porque si lo dejo solo en mi interior, no soportaría una noche más

La sangre empapa mis manos, mis brazos, mi cuerpo… y me imagino que el líquido caliente es tu esencia, y así el dolor remite…

Las lágrimas surcan mi rostro… y me imagino que el agua salada es tu saliva que escapa de la comisura de tu boca al besarme, y así consigo conciliar el sueño…

Te amo, y te suplico que tú también me ames

Ámame, no te pido nada más

Porque sin ti, el mundo carece de sentido

Porque sin ti, no tengo ninguna razón para seguir viva

Te amo

Natasha