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Mentiras

Le odiaba

Le odiaba por muchas razones

Por tratarme como a un esclavo

Por humillarme en innumerables ocasiones

Por recordarme a la familia que había perdido

Por jugar conmigo como si no tuviera sentimientos

Pero por lo que más le odiaba, era por como se comportaba cuando estaba borracho.

Apretó la cadena que aprisionaba mi cuello y tiro de ella con brusquedad, notando en un golpe seco como mi pecho se estrellaba contra el lecho.

Dejé escapar un leve gemido antes de que él me girara y atara el resto de cadenas a una de mis manos, dejando mi lado derecho prácticamente inutilizado:

- ¡HIJO DE PUTA!- le grité mientras intentaba soltarme, a pesar de que sabía que era imposible

Sadiq rió como si acabara de decir la cosa más graciosa del mundo, dejando que notara como su aliento lleno de alcohol se chocaba en mi cara:

- Te equivocas, yo no tengo madre, no tengo familia, no tengo nada

No tenía nada porque no quería

¡Yo estaba dispuesto a ser su hijo! ¡A ser su hermano o lo que él me pidiera!

Todos en aquella casa le querían, algunos más, otros menos… pero de una manera u otra, Sadiq Adnan se había convertido en una figura paternal para todos…

… aunque para algunos era algo más que eso…

Pero yo para él solamente era el gato, un esclavo más, alguien con quien pagar sus enfados y saciar su apetito sexual…

Le odiaba

Llevaba varios días que no podía dormir, miles de pesadillas me atacaban por la noche y era incapaz de conciliar el sueño.

Me despertaba a medianoche bañado en sudor y sin ser capaz de hacer otra cosa que llorar a pleno pulmón, aún aterrado por lo que acababa de soñar.

El turco, a pesar de quejarse y de fingir que estaba enfadado conmigo, de regañarme diciéndome que ya no era un crío como para ponerme así, me dejaba llorar sobre su pecho, y me escuchaba mientras le contaba la pesadilla, y me arrullaba y acunaba hasta que por el cansancio volvía a cerrar mis ojitos.

Pero Sadiq nunca cambiará, y a la tercera noche se hartó y se fue a su harem.

Es normal

Un gran imperio como es él prefiere irse a follar con sus putas antes de estar consolando a un gato temeroso.

Pero eso no quita que duela

Nuevamente, dormido solo en aquella cama tan grande y vacía sin él, las pesadillas se abatieron sobre mí, no iban a parar hasta que me consumieran.

Pero el ruido de unos pasos y de la puerta abrirse las alertó, y me dejaron solo, despertándome con algunos espasmos y un grito ahogado para encontrarme con unos ojos verdes que me miraban a través de una máscara blanca

- Sadiq…- murmuré con los ojos empañados de lágrimas

- Joder… puto gato… ya eres mayorcito como para tener pesadillas, ¿no?

El olor nauseabundo del alcohol me golpeó con fuerza la cara

Estaba borracho

Le odiaba

Y todo sucedió deprisa, demasiado deprisa para que yo fuera del todo consciente de ello.

Yo aún me encontraba temblando de miedo cuando de pronto él estaba encima de mí, intentando que yo le diera un placer que no estaba dispuesto a darle.

Si no quería dormir conmigo, si no quería consolarme, si quería dejarme a la merced de las pesadillas, vale, estaba bien. Gupta, Enis, Tathjana… cualquiera podría ayudarme…

Pero no podía hacerme eso, no podía pretender que me convirtiera de un momento a otro en una puta más y le diera placer hasta que se corriera

No estaba dispuesto a ello

No lo iba a hacer

Y una lucha que conocía tan bien dio comienzo

Las palabras hirientes, los intentos de humillación, los golpes… todo era válido por ambas partes.

Pero por mucho que yo luchara, que me debatiera, que llorara de pura rabia… en cuanto alguna de sus manos tocaba mi piel… yo gemía

Y Sadiq se aprovechaba de ello

Se aprovechaba de mi única debilidad ante él

Le quería

Y por eso le odiaba

Cogió con fuerza mis cadenas y me levantó, acercando nuestros rostros hasta casi rozarse:

- Bésame.- me ordenó

- No

- Bésame he dicho- repitió tirando de nuevo de mis cadenas, consciente de que eso cortaba momentáneamente mi respiración

- ¡NO!

- Sigues sin darte cuenta de tu situación, estúpido gato.- empezó a decir mientras una sonrisa aparecía en sus labios.- Aquí tú no eres nada, me perteneces, eres un mero objeto, y yo tu dueño. Si yo te digo que me beses, me besas.- paró un momento, escudriñando mi mirada.- Bésame

- No

Gruñó por lo bajo, antes de atraerme a él con fuerza y besarme él mismo, mordiendo con furia mis labios, introduciendo bruscamente su lengua en mi boca, arrasando con mi aliento, haciendo caso omiso a mis intentos de alejarle, mis arañazos y las frías lágrimas que escaparon de mis ojos cerrados

Por fin terminó aquella tortura y me empujó contra el lecho sin borrar ni por un momento su sonrisa de triunfo

Ya no tenía miedo de las pesadillas, tenía miedo de él

Sus manos bajaron lentamente hasta mi cuerpo, desnudo desde hacía rato, para poder acariciarlo, disfrutando de cómo mi rostro se contraía y hacia muecas intentando acallar de cualquier modo los gemidos y suspiros que luchaban por salir

- Si te relajas, ambos podemos pasarlo muy bien- murmuró

- Tu sola presencia me… ah… repugna.- fui capaz de decir antes de morderme el labio inferior

- En realidad disfrutas con este juego…

No, yo no disfrutaba cuando me violaba

No, yo no disfrutaba cuando me trataba como a un juguete

No, yo no disfrutaba cuando me utilizaba cuando estaba borracho

No, yo no disfrutaba con nada de aquello

- ¿Por qué acallas tus gemidos? ¿Es que tienes miedo a algo?

- Yo no… hmm… tengo mi… ah… hmm… miedo a… nada

- Claro, si no tienes miedo a nada, déjame oír tus gemidos de niñita ¿O es que tienes miedo a enamorarte de mi?

Abrí los ojos y le escupí a la cara, deseando que como cualquiera de mis gatitos, se alejara de mí, me dejara solo

Pero Sadiq se limpió la saliva como si no pasase nada, antes de volver a bajar hasta mí y volver a besarme con la misma brusquedad anteriormente utilizada

Una de sus manos tenía presa la cadena que me impedía hacer casi cualquier movimiento, y la otra se paseaba libremente por mi piel expuesta, intentando que… ¿me gustara? ¿Qué disfrutara de todo aquello? ¿Qué en algún momento de todos en los que algún gemido lograba escapar le dijera que siguiera? ¿Qué no parase?

No, no iba a permitir que eso pasase

Sin que se lo esperase, mis dientes atraparon con rabia su lengua y la mordieron como si quisieran arrancarla, desprenderla de su húmeda cavidad y comérmela, masticarla y segundos después, que cayera por mi garganta… llenando mi boca de su sangre… y que esta me recorriera por dentro…

Y por lo menos una parte de él me pertenecería siempre…

Gritó dentro de mi boca e intentó zafarse, separarse de mí, cortar ese doloroso beso, pero yo no lo iba a soltar tan fácilmente, si no que, además, apreté más aún mi mordisco, y no paré hasta que un líquido rojizo apareció en su blanda carne y cayó sobre mi lengua

Mientras Sadiq se separaba de mí, saboreé la sangre que descansaba en mi boca. Era dulce, y a la vez amarga, con ese toque de hierro… habría deseado poder beber más…

Abrí los ojos y enfoqué la vista justo en el momento en que Sadiq levantó la mano, dispuesto a cruzarme la cara, pero ese bofetón nunca llegó a mi piel, ya que mi mano fue más rápida, y mis uñas se incrustaron en su cara, dejándole un bonito zarpazo en esta:

- Quien juega con gatos, nunca debe olvidar que estos muerden y arañan.- dije con un leve deje de satisfacción en mi voz

El turco tenía los ojos mucho más cristalinos, y su mirada ya no era de tanta suficiencia como antes, había ganado esa batalla…

O eso creía hasta que Sadiq sonrió

- Ya, pero los gatos nunca deben olvidar que sus dueños saben castigarlos

Su sonrisa se intensificó al notar el miedo que acababa de instalarse en mi cuerpo mientras se levantaba y buscaba algo por entre los pocos muebles que decoraban la estancia

- Te tengo como a un príncipe comparado con como trato a los demás.- iba diciendo.- Te mimo demasiado…

- Y… ¿por qué lo haces?-me aventuré a preguntar

- Porque eres hijo de Helena

La respuesta me pilló desprevenido, la mera mención de mi madre hizo humedecerse mis ojos.

- ¿Te importaba mucho mi madre?- murmuré

- Si, follaba muy bien

- ¡TÚ NUNCA TOCASTE A MI MADRE DE ESA MANERA!- grité enfurecido, notando como varias lágrimas me caían por las mejillas

Mi madre siempre había sido muy liberal respecto al tema del sexo y las relaciones personales, era parte de su cultura y de sus costumbres… pero ella nunca se había acostado con Sadiq, con el bárbaro, su peor enemigo… él… él nunca… con mi madre… ellos… juntos… jamás… ¡NO!

Me levanté de la cama corriendo, dispuesto a matarle con la mano que tenía libre… pero en ese momento Sadiq se giró portando en la mano un látigo de cola corta

Me quedé quieto en el acto, sin atreverme a moverme, viendo como una amplia sonrisa aparecía en sus labios:

- Vaya, que calmado te has quedado, gatito

No me dio tiempo para intentar huir, ya que Sadiq me agarró por la cadena, y descargó el cuero contra mi muslo, riendo por lo bajo ante el grito que di:

- Gritas como una nena

- ¡Cállate!

Me giró con brusquedad antes de que dos latigazos cayeran contra mis nalgas, provocando un leve sollozo:

- No, no, gatito, así no vamos a llegar muy lejos.- dijo mientras me arrastraba hacia la cama antes de lanzarme sobre ella

Su juego continuó, y cualquier intento de escapar de él o de llegar siquiera a herirle, era castigado con un latigazo.

Sus movimientos bruscos, sus besos salvajes, sus bastas caricias, y sus latigazos, cada uno de ellos hacía que lo despreciara aún más, que mi odio incrementase…

Pero una parte de mi no quería que parase

Deseaba que siguiera, que no cambiase nada de su comportamiento, porque a pesar de estarme maltratando, de estarme violando… era suyo, me hacía sentir a cada roce de nuestras pieles que le pertenecía… y al ser de su propiedad… no me abandonaría

Y a parte de odiarle a él, me odié a mi mismo por sentir aquello

No sé en qué momento cedí y dejé que mis gemidos y mis suspiros salieran libremente de mi boca, que comencé a permitirme el disfrutar de sus actos, que cada caricia y beso incitaran a mi cuerpo a pedirle más y más… no sé en qué momento paró la violación y comenzamos a hacer el amor.

- ¿Ves? Te dije que si te relajabas, ambos podríamos pasarlo muy bien

Abrí los ojos y vi a Sadiq sentado sobre la cama, observándome sonriente, sabedor de su victoria

Desde un principio, supe que acabaríamos llegando a este punto, porque siempre era así, porque siempre terminaba cayendo en sus redes

Le odiaba

Le quería

Le quería de verdad

Y por eso le odiaba

Me incorporé como pude y me abracé a él, me abracé a él con fuerza, deseando perderme entre sus brazos

Mi respiración se cortó durante varios segundos cuando Sadiq correspondió a mi abrazo y comenzó a acariciarme con ternura el cabello.

Los latidos de su corazón resonaban con fuerza cerca de mi oído

Oh, Cronos… detén el tiempo

Lentamente me separé de él y le miré a los ojos, unos ojos verdes como campos de pasto en primavera… unos ojos en los que más de una vez he estado muy dispuesto a dejarme matar

- ¿Me quieres?- murmuré sin apartar mi vista de la suya.- Dime que me quieres, dime que significo algo para ti

- Te quiero.- contestó sin dudarlo ni un segundo

Mentira, cada letra pronunciada no era más que una falacia, un engaño, un embuste…

- Mentiroso.- susurré antes de besarle

Sabía que era mentira, que para él no era nada más que un gato sarnoso con el que se divertía, pero en momentos como ese, necesitaba creer que era dueño de su amor.

Sadiq correspondió a ese beso con urgencia, como si quisiese que nos fundiésemos en un mismo ser… cosa que yo también desee

Nos separamos despacio, sin quererlo hacerlo de verdad.

Y entonces, cogió el látigo y lo lanzó lejos de la cama, para después retirarme las cadenas y tirarlas fuera del lecho

Me acarició los brazos con suavidad antes de entregarme su mano, y sin necesidad de decirme nada, lamí con completa entrega sus dedos, ensalivándolos uno tras otro, disfrutando del sabor de su piel, sonriendo en mi fuero interno por sus suaves suspiros

Me giró con delicadeza mientras ambos nos colocábamos en nuestras respectivas posiciones, que tan bien conocíamos, y que, aunque nos costara admitirlo, adorábamos en secreto

Mientras me dilataba, contuve mis suspiros, suspiros que obviamente salieron a la luz en cuanto me penetró con Ankara

Nuestros gemidos eran casi producidos al mismo tiempo, y se estrellaban contra los muebles y paredes de la habitación, y se escapaban por entre los cortinajes para chocar contra la fuente del jardín privado, y se iban volando por la noche para tocarse con la luna, luna que habría sido capaz de bajar si él me lo hubiese pedido.

- Heracles.- murmuró cuando ambos estabamos a punto de llegar a nuestros clímax.- Te quiero

Creo que mi orgasmo llegó mucho antes porque escuché esas palabras cerca de mi oído, esas palabras, que aunque sabía que eran mentira, sonaron sinceras, sonaron llenas de amor…

Aquella noche no tuve pesadillas

Porque la pesadilla apareció al alba

- Joder… mi cabeza…-fueron las primeras palabras que escuché por la mañana

Abrí pesadamente los ojos y vi a Sadiq sentado en el borde de la cama masajeándose la sien con las yemas de los dedos.

- Buenos dí…

- Y encima tengo ahora reunión… mierda.- me cortó sin percatarse siquiera de que ya estaba despierto.- Por Alá, qué dolor de cabeza… no debí beber tanto anoche…

Se levantó y comenzó a recoger su ropa desperdigada por la estancia sin dejar de murmurar maldiciones y recriminarse a si mismo que no debía abusar tanto del alcohol

Sonreí de lado mientras Sadiq se iba vistiendo sin parar de hablar ni un momento, por primera vez agradecí que hubiera bebido, pues gracias a eso él había reconocido su amor

Salí de la cama y me acerqué a él dispuesto a abrazarle, a darle un beso de buenos días, a desearle una buena reunión, pero él me apartó bruscamente, haciendo que casi perdiera el equilibrio y cayera al suelo

- Sadiq, ¿recuerdas lo que me dijiste anoche?-pregunté temeroso de la respuesta

- ¿Lo qué te dije anoche? Si volví aquí y me quedé dormido

Y tras decirme eso salió del cuarto maldiciendo el haber tardado tanto en despertarse pues ahora llegaría tarde

Una lágrima rodó por mi mejilla sin que me diera cuenta de ello

En mi cabeza solo podía resonar una y otra vez las palabras tan anheladas que Sadiq me había regalado aquella noche

Meras mentiras

Ojo turco

Aquella tarde era excesivamente calurosa

El sol reinaba en el cielo con todo su esplendor, bañando con sus rayos cegadores por cualquier lugar por donde pasaba

Ni una nube en el cielo, ni una leve brisa, nada que no fuera ese sofocante calor

Todo aquel circo estaba a punto de comenzar

Me arreglé las ropas una última vez y me dirigí hacia el que sería el campo de batalla.

Mis tropas ya estaban todas preparadas… al igual que las tuyas

Miles de hombres dispuestos a morir por una sola razón, una idea, un sueño que ha liderado a la humanidad durante toda su historia: conseguir la libertad

Theodoros Kolokotronis, uno de mis más fieles comandantes, apareció corriendo, portando mi nueva arma

Una cruz cristiana

Una cruz que me superaba en tamaño, viéndose así a lo lejos entre mis filas

Jamás volvería a luchar con esa cimitarra ni con esa lanza, ambos regalos tuyos. Esta vez, ganaría alzando bien alto aquella cruz, una cruz que significaría la libertad para mi pueblo.

Respiré hondo y me adelanté unos pasos, cosa que tú hiciste también, junto con el traidor del que durante mucho tiempo había considerado mi hermano mayor…

A pesar de la distancia que nos separaba era grande, ambos pudimos vernos a los ojos

Esto ya no podía dar marcha atrás

Esta guerra había llegado a su cúspide, y era la hora de la verdad

O ganabas tú… o yo conseguía la libertad

Levantaste tu arma con soberbia y lanzaste un grito atronador, algo digno del propio demonio

Tus hombres te corearon y salieron corriendo hacia la lucha encarnizada

Nosotros estábamos esperando… ellos se iban acercando… pero debíamos esperar aún más… solo un poco más…

El rugido de cañón a lo lejos congeló a tus tropas

Los barcos de mis aliados, tanto el inglés como el francés, habían comenzado a bombardear tus costas

Busqué tu cara entre la multitud, aquello no te lo esperabas

Ahora el que gritó fui yo, y aprovechando el desconcierto de tus hombres, los míos se abalanzaron contra ellos cargados de ira y furia

Rusia, que también estaba en mi bando, no tardó en encontrar a mi hermano traidor, y blandió su tubería con aterradora alegría antes de comenzar a batirse en duelo Gupta y él.

Mi cruz ya estaba empapada de sangre, sangre que se escurría hasta mis manos y las empapaba, pero no me importaba en absoluto, ya que de mi traje militar, pocas partes en el color blanco original quedaban

Miembros arrancados, vísceras, agonía, tortura, muerte… cada uno de esos olores se iba impregnando en mis fosas nasales como agudos cuchillos, pero no les prestaba atención, mi objetivo no había cambiado desde que comenzó esta guerra, y hoy iba a llevarlo a cabo

Lucharía cara a cara contra ti, y te mataría con mis propias manos

No podía escuchar nada, los gritos de los hombres al morir resonaban en mis oídos con fuerza. Cada vez había más y más cadáveres en el suelo, aquel desierto se estaba convirtiendo en un océano rojo, y los cuerpos eran sus peces.

El tiempo pasaba, y el sol iba avanzando en su larga carrera diaria. La luz se fue tornando anaranjada y rojiza poco a poco, no tardaría demasiado en la luna ocupar su lugar

Cada vez me costaba más poder seguir caminando, mi respiración era dificultosa y el sudor y la sangre salpicada en mi cara me impedía ver bien

Estaba luchando contra uno de los jefes de tu ejercito, cuando una espada atravesó su estómago hasta casi herirme a mí.

Me aparté de un salto hacia atrás, y mientras recobraba el equilibrio, vi como su cuerpo era empujado con fuerza hacia un lado

Tras él, te encontrabas tú con la cimitarra ensangrentada

- Pensaba que solo matabas a mi gente sin razón ninguna.- dije sonriente

- Esperaba matarte a ti de paso

- ¿Sacrificas a tus hombres por algo tan imposible?

- Con tal de darte tu merecido, niñato, mato a quien sea

En nuestros labios se formaron ambas sonrisas macabras, mi objetivo estaba a punto de cumplirse

Te apartaste en el acto cuando dejé caer con fuerza mi cruz sobre ti, e intentaste cortarla en vano, pues el filo de tu arma se quedó incrustado en su lateral, y aprovechando que no podías atacarme, giré con agilidad la madera, dándote de lleno en la cara, partiendo en dos la máscara

- ¿Qué ha sido de tu lanza?- preguntaste recuperando tu espada

- Ha sido quemada- respondí con un tono provocador

- ¿Y la cimitarra?- volviste a inquirir

- Fundida para hacer balas.- dije mordazmente

- Pagarás por tu insolencia, gato sarnoso

- No olvides que los gatos arañan

Hice un barrido con mi arma, tirándote al suelo. Respondiste desde abajo blandiendo tu espada, provocándome un grave corte en la pierna

Ambos nos separamos deprisa, y tras mirarnos unos segundos volvimos a la carga

La sangre se derramaba sin compasión, parecía que nos disponíamos a descuartizarnos poco a poco.

Los huesos rotos que mi cruz había infringido en tu cuerpo te impedían moverte con la misma soltura que antes… pero toda la sangre que había perdido por culpa de tus profundas heridas se notaba en mi mermante agilidad

- Mira a tu alrededor.- dijiste de pronto esquivando un golpe.- Acaba ya con esta pantomima

Pocos hombres quedaban ya de pie luchando, y aunque el sonido de los cañones seguía escuchándose de fondo, los disparos eran cada vez más y más dispersos.

Miles de cuerpos se amontonaban unos sobre otros, como si de una macabra obra de arte se tratase

Lo peor era que la gran mayoría de los cadáveres portaban el uniforme militar griego

- Joder…- murmuré.- Joder…

- Tranquilo, Heracles, si te disculpas ahora, te dejaré volver a entrar a casa sin represalia alguna

Sentí mis ojos humedecerse, pero no de tristeza… aquellas lágrimas eran de pura rabia.

Agarré con fuerza la cruz y enfoqué mi vista sobre tus ojos, verdes como los prados

- Eres un hijo de puta…

- Te equivocas, la puta era la tuya, yo no tengo madre

Grité descargando toda mi furia mientras empuñé con ira aquella gran pieza de madera y fui impactando una serie de golpes en cadena sobre ti.

Ibas retrocediendo poco a poco, sin darte siquiera tiempo a contraatacarme, ya que un nuevo golpe había caído sobre ti

Ya era hora de que pagaras por todas tus torturas, humillaciones, desprecios… ya no ibas a poder conmigo, ya no era aquel gatito sollozante que se abrazaba a ti por la noche, eso murió hace mucho tiempo

- NO.- golpe.- SOY.- golpe.- DE.- golpe.- TU.- golpe.- PROPIEDAD

Una sonrisa se dibujó en tus labios

Bajo mis pies, una gran zanja se abría peligrosamente

Sabías que aquellos comentarios hirientes me encenderían y que comenzaría a pegarte una y otra vez, tu retrocederías, yo te seguiría y… tú esquivarías ese hoyo, yo no repararía en él

Intenté mantener el equilibrio como pude, pero aún así, caí estrepitosamente dentro de él

Escuché tu risa estrellarse dolorosamente contra mis oídos

- No me puedes vencer, lo sabes, eres una mísera nenita jugando con un palito.- te burlaste de mí.- Con eso no puedes ganar al gran maestro

Ahogué un grito y conseguí salir del agujero, pero eso no impidió que me agarraras con fuerza del brazo y tiraras mi arma al suelo

- Ahora por mucho que me pidas perdón, de esta no saldrás, criajo

- Jamás me rebajaría a disculparme ante ti.- y tras decir eso, te escupí a la cara

Años atrás, si me hubieses puesto esa expresión, hubiera comenzado a llorar, pero esta vez no, incluso sonreí con socarronería para ti

La bofetada que me brindaste fue tan fuerte, que su sonido resonó por todo el campo de batalla

Aferraste con rabia mi muñeca derecha, dispuesto a retorcerme el brazo hasta rompérmelo… cuando lo viste

Un ojo turco presidía una pulsera de cuentas azules en mi muñeca

Creo que ninguno de nosotros se esperaba percatarse de ese detalle

Era aún un mocoso con túnica blanca que se quedaba dormido junto a la fuente del jardín privado de tus aposentos cuando un día colocaste esa pulsera en mi muñeca

“Esto es un amuleto muy poderoso” me dijiste con esa voz tan dulce que me solías poner

“¿Y para que sirve?”

“Se llama ojo turco” contestaste

“¿¡Te has arrancado un ojo!?” pregunté, inocente de mí, muy asustado

“No, no, que va… está hecho de cristal, pero su nombre es ese” respondiste lleno de ternura con una sonrisa en tus labios “Y con este ojo, siempre podré vigilarte y cuidarte”

“¿En serio?”

“De verdad”

“¿Aunque estés muy lejos? ¿Aunque estés en la guerra?”

“Sobretodo cuando esté muy lejos y esté en la guerra”

Yo sonreí loco de contento y te regalé un beso, puro y lleno de inocencia, sobre tus labios

Sentí como mis mejillas se teñían de rojo carmesí y varias lágrimas rodaban por mi cara, ese recuerdo estaba destruyendo poco a poco mi fortaleza, y ahora no podía flaquear… ahora no…

Levanté el brazo dispuesto a golpearte, pero cerraste los ojos y con un rápido movimiento de tu espada, hiciste sendos cortes en mis piernas, obligándome a caer de rodillas ante ti

Gritos de júbilo se escucharon a lo lejos, todos ellos provenientes de mi lado del campo, habíamos ganado sobre tus costas

- Que ironía.- dije sonriente.- Voy a morir justo cuando he ganado

Cerré los ojos justo en el instante en que tu cimitarra se levantó sobre mi cabeza dispuesta a darme muerte allí mismo

Miles de escenas de mi infancia acudieron con velocidad a mi mente… y, dolorosamente, en todas aparecías tú

Ya fuesen escenas violentas o cargadas de dulzura, salías en cada una de ellas, sin excepción

La vida era todo un misterio

El hombre que había ocupado todos mis sentimientos y pensamientos, el hombre que me había criado y torturado durante años, el hombre que me arrebató cruelmente mi inocencia, el hombre que siempre estuvo a mi lado… el hombre al que amaba con todas mis fuerzas…

… me iba a matar

Supongo que era un buen final

- Είναι sas… Αγάπη… (Ya sas… agapi…)- no pude evitar susurrar, esperando mi muerte

Pero lo que recibí fue un punzante dolor en el hombro izquierdo, dolor que me arrancó un grito y me obligó a abrir los ojos

Lo primero que me encontré fueron los tuyos, tan oscuros que no los reconocí al principio

En mi memoria siempre eran tan verdes… tan brillantes…

Aquel dolor lacerante se incrementó, y fue cuando vi su procedencia

Tu cimitarra había traspasado de un lado a otro mi hombro

La caliente agua vital empañaba mis sucias ropas y recorría un río escarlata quemándome la piel en su viaje

- Jamás podría matarte, gatito.- murmuraste serio antes de sacar la espada de mi interior

Aquello fue peor que cuando la enterraste en mi carne

Te diste la vuelta y comenzaste a caminar dándome la espalda

Un sollozo fue arrancado dese lo más profundo de mi ser

No me podías abandonar, yo ansiaba la libertad… pero una libertad que pudiera compartir contigo

Nunca me diste otra opción, o permanecer junto a ti a la fuerza, soportando toda clase de aberraciones, o nada

Necesitaba volar…

Pero jamás imagine que me dolería tanto

Cogí la cruz que yacía a mi lado y tras golpear con fuerza tus piernas, caíste al suelo

Te odiaba…

Me levanté como pude y caminé a trompicones hacia ti

Si esta iba a ser el fin de nuestra unión… sería yo quien acabara con esto

Te quería demasiado… por eso te odiaba

Te giré quedándote boca arriba y presioné con fuerza tu garganta con mi cruz

Me era imposible ver la expresión de tu cara, miles de lágrimas bañaban mi rostro y me nublaban la vista

Mejor así, no soportaría mirarte a los ojos:

- Esta… esta es mi independencia… jamás… volveré a ser propiedad de nadie…

Y tras decirte eso, me quité el ojo turco y lo dejé caer sobre tu pecho

Me fui de allí como pude y no volví la vista atrás

Si lo hubiera hecho, no habría sido capaz de alejarme ti

Todo mi pueblo estaba de celebraciones, habíamos conseguido nuestro mayor deseo: la libertad

Aunque las perdidas habían sido muchas, las lágrimas de felicidad inundaban las caras de cada persona de mi, sonaba raro decirlo, país

Supongo que fui el único que no brindó para gritar lleno de gozo que por fin éramos dueños de nuestras propias vidas

Algunas noches, cuando miro mi muñeca vacía, siento el deseo de que ojala me hubieses matado…

… así nunca tendría que haberte abandonado yo a ti